Una feria con broche dorado

Los últimos días de la 13a Feria del Libro de Caracas proclamaron la felicidad a toda costa, imponiendo la alegría militante frente a cualquier tipo de adversidad, incluyendo el choreo

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano • Fotografía Michael Mata • @realmonto / Jacobo Mendez

—Causa, pendiente que hay un gordito que dejó un bolso pagando.

—Marico, lo tengo visteao. Si se achanta lo tumbo.

—Dale que el bicho se paró y la vía está libre.

—Voy pa’ esa.

—Mamaguevvvvv ¿tas seguro que este fue el que se ganó un premio?

—Así escuché. ¿Qué pasó? ¿No lleva vida?

—Este guebón lo que está es pegao. Una canilla mordida, una Gaceta Hípica, media de ron, eso fue lo que le saqué del morral.

—Verga loco ¿y no llevaba lucas?

—Qué lucas va a llevá ese maldito: ¡20 bolos en la cartera!, el carnet de la Patria, el carnet del PSUV, qué remardito.

—Maldito loco.

—Ni un libro causa, ni un cuaderno de rayas. ¿Y estos tipos son los que ganan premios de yo no sé qué coño?

—Yo te dije que nos fuéramos de Los Caobos. Los escritores siempre andan pelando bola.

—Lo que provoca es devolverle el bolso y zamparle unas manos.

—Bueno, ya está fichao. Pendiente pero pa’ metele.

 

Son los prolegómenos de un factible diálogo entre malandros después de cometer, el sábado pasado, el primer hurto del que se tenga registro en plena Feria del Libro de Caracas en sus trece ediciones, justo en el momento en que el autor iba leyendo su texto. Un episodio aislado y anecdótico, que movió la actitud solidaria de los fotógrafos y amigos y una breve depresión del escritor en cuestión, quien atenazado por el triunfo de la maldad en plena orgía de la felicidad literaria, y consciente del mal rato que habrían de pasar los choros frente al escaso botín luego de su incursión hamponil, se retiró sin celebrar como dios manda la recepción del premio de literatura Stefania Mosca y la publicación en digital de su libro La pandemia no puede con el amor, del cual leyó algunos pasajes con honesta emoción en el preciso instante en que le extraían el morral de pobre que depositó con descuido a sus espaldas.

Andrea Quiñones Rubio desde las alturas de la sensualidad

La felicidad, no obstante, es asunto de poetas y locos por patrimonio natural. Luis Piña, artesano imprescindible del centro de la ciudad, se alió con Frank Soteldo, Juancho Domínguez, Neguel Machado, José Leonardo Riera Bravo, Alejandro Indriago (Tuki Ilustrado), Roger Herrera, Félix Gerardi, Reinaldo Iturriza, Ximena Benítez, Mariú Colomine, Humberto Márquez, Consuelo Laya, Gustavo Mérida, Amaranta, y muchos otros y otras que entraban y salían de escena para celebrar el libro y la lectura con la pasión bohemia de los que bordean Los Caobos y cualquier círculo artístico y literario de Caracas, queriendo reproducir en el Caribe las estampas románticas de los bardos del Renacimiento.

La poeta y productora musical Andrea Quiñones Rubio presentó con fondo de chelo en vivo su obra erótico-feminista Fantasmas de la piel y otros besos, encaramada en una tarima donde reinó con aires de seductora durante una de las pocas tardes en las que no llovió en el centro de Caracas, una operación inscrita en los milagros del Inameh ya que durante los ocho días que duró la feria, parece que un dios confuso decidió vaciar los cielos para que la gente se arrejuntara debajo de los quioscos libreros y las salas de eventos especiales, lo que hacía creer que en cada presentación no cabía un alma de amantes de la literatura.

La Fundación para la Comunicación Ccs presentó cuatro nuevos títulos de su biblioteca digital

Con Nathan Ramírez no pasó lo mismo: la solidaridad fue axiomática, la admiración y la espontaneidad sirvieron para concentrar a un nutrido grupo de seguidores entre fotógrafos, periodistas, cronistas, familiares y allegados que se acercaron a la presentación de su poemario Cartas a Helena, con ilustraciones del maestro Soteldo, una ocasión dorada para concentrar en ese territorio, antigua frontera entre Caracas y el resto del mundo, la armonía destemplada de los demiurgos de una ciudad más viva que nunca, aunque algunos pretendan imponer la narrativa contraria.

La pandemia no puede con el amor, una presentación amenizada por el hampa

Cuatro libros y una pasión

La fiesta no estaría completa sin un episodio casi olímpico: la presentación en la sala César Rengifo de cuatro títulos de la librería digital de la Fundación para la Comunicación Popular Ccs: Voces Ccs, Romance de bolero y ron de Humberto Márquez, Citas con la actualidad y La Pandemia no puede con el amor de Marlon Zambrano (el gordito del morral) el sábado 20, un día antes de cerrar la feria. Fue un evento acompasado y abarrotado que lideró Mercedes Chacín, como jefa y editora, y el poeta Gabriel Jiménez Emán como padrino invitado, quienes dialogaron en una amena tarde caraqueña y regaron pétalos blancos y rojos sobre las copias en cartón de las portadas de los libros digitales, mientras el choro obtenía el bolsito con la mala maña de la calle y la indulgencia desprevenida de ese montón de amantes de la literatura, seducidos por la voz guapachosa de Kike Gavilán quien cerró con broche de oro cantando a capela.

El cierre dorado fue musical

La feria del libro, además de la oferta editorial del estado venezolana y sus instituciones, fue la ocasión para que los libreros alternativos demostraran su músculo y el enorme esfuerzo que hacen, en la mayoría de los casos, para adquirir títulos y ofrecer entre los lectores a pesar de las complicaciones económicas que aún subsisten en el país, lo que obliga a travesías dentro y fuera de la geografía nacional para hacer esas adquisiciones, además del consabido trapicheo de libros de segunda y hasta de tercera mano.

Nathan Ramírez presentó poemario y entregó premio

La dimensión festiva de la feria no solo se vio circunscrita a los amantes del libro, la escritura y la lectura. Una camada de muchachos, muchachas y etcétera irrumpió como la tribu osada que es, y se paseó con su “multisexualidad” y “aestheticismo” para proclamar su causa en favor del movimiento otaku, manga y afines.

La alegría en torno al libro y la lectura se apoderó por ocho días de Caracas. Foto Hely Saúl González

La ciudad salió triunfante. Los gestos de la esperanza, el optimismo y la creatividad por la que se mueve la mayoría de la gente salieron a relucir con una excusa más, de las muchas que se inventa Caracas para atisbar futuro ante las adversidades. Una ardua labor que encuentra alianza entre las instituciones y el pueblo hecho calle, libros, chanceo y chalequeo.

ÉPALE CCS N°475