Una ley para circular en bicicleta

Por Gerardo Blanco@GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

Tal vez pocos se enteraron porque no se trató de una noticia de grandes titulares en los medios, pero esta semana la Asamblea Nacional aprobó en primera discusión el proyecto de Ley para la Promoción del Ciclismo Urbano. Se trata de un primer paso para iniciar la transformación cultural profunda en la concepción y planificación de las urbes que se vincula de manera directa con el uso de las calles y avenidas, concebidas de manera excluyente para la circulación del tránsito automotor; el combate a la huella de carbono que deja el transporte de combustible; el ahorro energético; y el uso de la bicicleta como un medio verde para movilizarnos.

La movilidad en bicicleta no es un retroceso sino un avance enorme en la calidad de vida de los ciudadanos, como ha quedado demostrado en las naciones del mundo, con Holanda a la cabeza, que han hecho del ciclismo urbano una forma de vida con miles de personas pedaleando a diario para ir a sus trabajos, escuelas, universidades o comprar en los comercios.

El ejemplo y las lecciones que ofrece Holanda sobre el ciclismo urbano pueden servir para comprender las ventajas del uso de la bicicleta en las ciudades. Hasta la década de los setenta, las calles de Ámsterdam o Rotterdam estaban repletas de automóviles, pero el aumento de las muertes de ciclistas por arrollamientos impulsó un cambio cultural en la relación entre los ciudadanos, el automóvil y los espacios urbanos.

Desde entonces la bicicleta se convirtió en el principal medio de transporte en ese país, al punto que hay más bicicletas (22,1 millones) que habitantes (17 millones). De acuerdo a la Unesco, los niños más felices del mundo viven en Holanda, y mucho tiene que ver con la libertad para movilizarse en bicicleta con total libertad y sin miedo a ser atropellados. La mayoría va de su casa a la escuela pedaleando, sin la compañía de sus padres que dejaron de ser sus choferes.

El cambio en Holanda comenzó con la aprobación de leyes para reducir la velocidad de los carros en las calles. Sancionaron a los conductores de vehículos, sobre los que recae legalmente 50% de la responsabilidad en caso de accidentes con los ciclistas, razón por la cual son más prudentes.

Ofrecieron facilidades e incentivos económicos para que los ciudadanos llegaran a sus trabajos sobre dos ruedas. Dedicaron recursos para la construcción, refacción y modernización de vías exclusivas para la circulación de los ciclistas, y facilitaron estacionamientos públicos y gratuitos para las bicicletas.

El proyecto de Ley de Ciclismo Urbano aprobado por la Asamblea ahora debe ser objeto de discusión pública. Hay que convocar a los ciclistas para que den sus aportes; incorporar a los urbanistas, arquitectos e ingenieros para repensar nuestras ciudades en función de la movilidad más pausada de los pedalistas; y a todos los alcaldes para que se apropien de este instrumento legal, pues deben ser ellos los primeros defensores del uso de la bicicleta en sus gobiernos locales.

ÉPALE 417