Una mansión en el cerro

Por María Alejandra Martín • @maylaroja / Ilustración Erasmo Sánchez

Nuestra ciudad se inició con cuatro calles y nos sorprende que aun en la actualidad nos alimentemos como caraqueños de sus inspiradoras estructuras arquitectónicas. Para quien estudia de forma aficionada o formal la historia parroquial de Caracas, serán muchos las estructuras y edificaciones que son referentes arquitectónicos de la ciudad. Algunos son el resultado de planes de urbanización de la capital, como el Plan Rotival, el Plan Monumental de Caracas y La Gran Misión Vivienda Venezuela. Estos permitieron el acceso a la vivienda y a la urbanidad de un sector de la población. Sin embargo, sigue existiendo en los alrededores de nuestro valle una mayoría de casas que son construidas como por arte de magia y no necesariamente en condiciones riesgosas. Estructuradas con materiales adecuados, cuentan con acceso a servicios y acabados que nada tienen que envidiarle a quien vive en un apartamento en pleno centro.

Y es que detrás de toda la planificación formal que las instituciones diseñan para el abordaje de su política pública, el gremio profesional de obreros y albañiles en nuestro país ha logrado construir centenares de casas habitables, bonitas y funcionales. Lo que contradice el pensar de que cualquier casa de barrio, es un rancho. El barrio se diseña a sí mismo y a quienes lo viven, en cada acuerdo que se hace entre las familias y la comunidad para construir en la platabanda; en el barrio conviven experimentados maestros de obra que sondean la técnica, del valle y de la propia diversidad en cuanto a suelo y relieve que emana del Waraira Repano.

Ya a principios del siglo XX se hablaba de la rápida expansión de las ciudades latinoamericanas y de las migraciones internas (familias campesinas y familias indigenas ancestrales) hacia la capital por la búsqueda de satisfacción de los medios de vida. Dentro de la diversidad institucional e individual de modelos de planificación urbana encontramos diseños de complejos planes habitacionales, teorías y técnicas de construcción tomadas del exterior, y un gremio que sigue viviendo y creando urbanidad con su técnica y los conocimientos que tiene a la mano.

Pensar en cada casa de un cerro es pensar en la condición de vivienda del caraqueño, que en cualquier puerta hay un hogar. Es entender la desigualdad ante un derecho humano. La casa es el reflejo de la situación familiar.

Caracas es tan rebelde, inclusiva y diversa como el que se construye su mansión en el cerro. La deuda social es aún con la mayoría de un pueblo que sueña con tener su hogar, que sueña en construir o en tener acceso formal a políticas públicas de Estado que le permitan acceder a un techo.

ÉPALE CCS N°476

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