Vacunados contra la desidia

La comunidad del 23 de enero picó adelante y saltó de la queja a la iniciativa de lanzar una jornada de vacunación popular a su gente

                                  Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                   Fotografía Alexis Deniz@denizfotografia

Este tiempo de pandemia ha desatado los sentimientos más ocultos que yacen en el inconsciente colectivo. Por un lado, los países más ricos del planeta han llegado a un nivel en el que cuentan con la cantidad suficiente de vacunas para vacunar al mundo entero por dos veces seguidas. Por el otro, vemos que en los países más pobres la inmunización escasea, a pesar de que el primer mundo está superdotado con las vacunas provenientes de las aparentemente mejores casas farmacéuticas del mundo.

Llegando a Venezuela, la pandemia, como todo lo demás se sigue definiendo sobre la base del termómetro político. Así, escuálidos trafican vacunas mientras el resto aguarda por la consabida cita.

El 23 de enero siempre ha sido una parroquia de avanzada. Desde su creación, su gente ha llevado adelante la bandera libertaria de la humanidad, batallando para dignificar al pueblo y para que los derechos humanos sean una regla y no una excepción.

Aún hoy en día, en que el respeto a la vida está un poco más normalizado gracias a la Revolución, esta parroquia sigue dictando cátedra de organización social. No solo suelen ser los más avanzados en cuanto a liderazgo comunal, sino que en estos tiempos de pandemia y terror decidieron tomar la iniciativa de impulsar una serie de jornadas populares de vacunación que constituyen una medida revolucionaria y vanguardista.

La propia comunidad decidió hacer el enlace con las instituciones de salud y convocaron a los vecinos que supieran inyectar y los que pudieran prestar sillas para los pacientes. Así, han ido paulatinamente inmunizando a su gente en una jornada en la que la alegría ha sido la clave con la que el pueblo echó mano de su creatividad y se está salvando con hechos concretos.

Para conocer un poco más de esta experiencia tan inspiradora, consultamos a un residente de la comunidad y al fotógrafo Alexis Deniz.

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Comunidad alegre

Werner Jesús Gamarra es posproductor en Conciencia TV y bailarín en el colectivo Aguacero de Colores. Con mucho entusiasmo nos compartió su experiencia: “En la parroquia donde vivo, se han desarrollado los operativos, y la gente está muy contenta. El único tema es la espera de la vacuna Sputnik, que no ha llegado. En la misma comunidad, las personas que tienen experiencia inyectando se ofrecieron para vacunar. Igualmente en cuanto a la logística: para organizar la cola, que fuera lo más humano posible”.

“En cuanto al tipo de información que se da, veo que paran la camioneta y anuncian de viva voz ‘Haremos hoy la jornada, es sin cita. La haremos hasta equis hora’. La gente se muestra muy receptiva”.

Lo menos que puedo hacer es aportar. Construir y no quejarme.

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“Como todo, cuando empezó, habían ciertas trabas, pero se fueron aliviando con la experiencia. Al principio había muchas colas, pero luego se ha venido mejorando muchísimo. Todo ha sido desde la práctica del aprender haciendo”.

La comunidad se ha prestado para trabajo voluntario

“Por mi parte, yo me iba a vacunar en el 23, pero me llegó el mensaje, y me fui al Cardiológico Infantil en Montalbán. Me vacuné con la China. Pero en mi comunidad hay una organización colectiva que está garantizando que haya fluidez. Hacen los anuncios por megáfono, van por las calles y está abierto. Ha evolucionado tanto, que ya es sin cita. Incluso gente de otras parroquias se han llegado: Caricuao, San Martín, y se les ha dado la bienvenida igual”.

“Gente de la comunidad voluntariamente se ha dispuesto a retribuir este súper beneficio que nos están dando: están quienes inyectan, llevan agua, acomodan las sillas. No puede ser que el estado sea el único que ofrezca respuestas”.

“Para uno muchas veces es muy fácil: es la crítica sin construcción. Pero cuando vemos el despliegue, los esfuerzos que se hacen, los inconvenientes que pueden tener para la compra de las vacunas, entonces dices ‘lo menos que puedo hacer es aportar. Construir y no quejarme’. Hay que tener ese grado de humanidad, porque es complejo. Hay que dar mil vueltas para comprar las vacunas, para que lleguen al brazo de uno. Queda el aporte”.

“La comunidad está muy animada. Esperan pacientemente y con ánimo. Hay quienes no quieren vacunarse, pero estaba claro de que yo iba a vacunarme. Tengo 55 años y soy una persona sana. En casa todos estamos ya vacunados”.

“Con todo y todo, el bloqueo y todas estas cosas, yo creo que lo estamos logrando. Es muy fácil siempre ver lo malo. Y cuando detienes el caballo y evalúas, dentro de todas las cosas malas, suceden cosas maravillosas”.

“Demos gracias a Dios y a todas las fuerzas cósmicas por la vida. Recordemos que vinimos a vivir y a ser felices, a vivir bien, tranquilos, en paz”.

Han vacunado hasta 1300 personas diarias y tienen previsto cubrir a gran parte de la parroquia

Vacunación Casa por Casa

Alexis Deniz es reportero gráfico de nuestra revista Épale CCS y ha venido registrando fotográficamente esta experiencia inédita. Alexis nos ofreció su testimonio de primera mano como testigo presencial de estos operativos.

“La experiencia ha sido muy buena. Empezó alrededor de cuatro meses en la cancha de Monte Piedad arriba, entre los bloques uno y dos. Ahí colocaron el primer puesto de vacunación en el 23 de enero. Inicialmente atendían a la gente cercana a ese sector: Monte Piedad, bloque 1, bloque 2, 3, 4 hasta el 7. Pero como empezó como el único centro de vacunación, toda la gente del 23 acudía en masa a vacunarse. Hubo días en los que vacunaron hasta 1.300 personas, sobre todo los primeros días. Después fue bajando la tasa, porque abrieron otro centro en la zona F, en el CDI del 23 de enero”.

“Me llamó mucho la atención el servicio que ofrecen casa por casa. Atienden a personas de la 3a edad o con cuadros complejos de salud o movilidad reducida. Las vacunadoras van a la casa. Son jornadas muy bonitas porque la gene queda muy contenta, muy agradecida, sobre todo quienes no pueden salir de sus casas. Es una labor muy linda y gratificante. Los responsables de salud de cada consejo comunal están involucrados con esta iniciativa”.

Esta es una muestra de que si estás organizado, el sistema funciona.

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“En otros centros la vacunación ya es masiva, porque es un hecho que ya los CDI y los consultorios populares de la gran Caracas tienen disponibilidad de vacunas, pero en el caso de las jornadas en el 23 de enero, empezaron a llegarse personas de Los Magallanes de Catia, Ciudad Caribia, la carretera vieja Caracas-La Guaira en Blandín, para que fueran a vacunarse desde allí. Muchos de ellos coordinaron con el CDI de la Zona F”.

“Yo no sé si en otras partes de Venezuela están haciendo lo mismo, pero no he escuchado testimonios al respecto. Esta es una iniciativa genial. Eso tiene que ver mucho con los comités de salud de los consejos comunales. Los responsables de eso son los que van al sitio y llevan sus casos organizados en lista”.

“Esta es una muestra de que si estás organizado, el sistema funciona. Que te lleven las vacunas a tu casa sabiendo la patología, y que no puedas moverte, es una cosa maravillosa”.

La atención casa por casa es un logro inédito y valorado por el pueblo

Poder popular

En un momento en que muchas personas han caído presa de la desesperación por ser vacunadas, mientras el gobierno bolivariano habilita los centros de salud para las vacunaciones masivas, la parroquia del 23 de enero sacó la carta bajo la manga de la organización popular. Con disciplina militante y amor se han erigido en una referencia obligada de la instrucción que diera nuestro comandante Hugo Chávez de hacer del pueblo gobierno. Ojalá otras comunidades sigan esta iniciativa inédita y se vacunen de la apatía para que hagan vivo el poder popular.

Actualmente hay dos centros de vacunación en el 23 de Enero

ÉPALE 431