Vidal Cisneros: A imagen de Fruto Vivas

Vidal Cisneros, arquitecto de la historia venezolana comprometido con la transformación social

Por María Alejandra Martín / Fotografía Bernardo Suárez • @bsuarezfoto

Del movimiento de arquitectos comprometidos con el decir-haciendo, entrevistamos a Vidal Cisneros, egresado de la UCV y líder estudiantil de la organización Unidad 11 . Vidal, con Fruto Vivas, diseñó y lideró experiencias de saberes e intercambios comunitarios donde el liderazgo estudiantil fijó hitos por la transformación de la tradicional escuela de arquitectura; nutrió un movimiento intelectual y artístico enfocado en la formación para servir al pueblo. Esta entrevista es sobre Cisneros y la influencia tridimensional de Fruto Vivas.

—Breve descripción del entrevistado.
—Estoy en la Comisión de Comunas de la Asamblea Nacional como miembro de la subcomisión de formación en valores, la cual se encarga de generar los instrumentos administrativos para generar formación integral e integrada para las comunidades, junto a MINCOMUNAS, el INCES, MINCYTT. Soy también arquitecto graduado en la Universidad Central de Venezuela, formado bajo un concepto de Fruto Vivas que es: la formación para servir al pueblo, una premisa fundamental. La motivación de un hombre para hacer pensar a los hombres.

—¿Qué le llevó a la arquitectura?
—A mí me gustaba la física, la matemática y el dibujo. Un día me dijeron que tenía muchas cualidades de arquitecto, me decidí y me inscribí en arquitectura, por los años de la renovación universitaria en 1972. Comencé en un entorno bastante hostil, porque toda la universidad era izquierdosa, menos nuestra facultad. Éramos aislados de toda la universidad, esa inquietud motivó que se generaran distintos grupos dentro de la universidad, que fueron generando una tendencia de arquitectos progresistas.Todo esto nos movió a fundar una unidad docente.

—¿Cómo era la Unidad 11?
—Generó una apertura distinta en el campo académico, tomamos un área que estaba abandonada y la construimos entre estudiantes y profesores, que nos juntamos con la misión y centro vital de servir al pueblo. Esto como premisa cambiaba mucho la perspectiva de la escuela que originalmente estaba orientada a servir a quien tuviera los recursos económicos para pagar el oficio.

Nos llevó a recorrer toda Venezuela y a que se transformara la dinámica de la universidad trabajando y aprendiendo puertas afuera, estuvimos con comunidades indígenas, en el sector rural de la montañita de Caracas, en sectores de la autopista Panamericana, en Barinas. Encuentros con metodologías e intercambio de saberes de lo más moderno de la educación en ese momento. Aprender haciendo contacto directo con la problemática de los habitantes que tenían el conflicto, respetando la vinculación directa de los sujetos con el entorno. Nadie creía en la facultad de arquitectura, cuestionaban que estuviese enfocada en formar arquitectos, contradiciendo la realidad ya que dentro de nuestras experiencias todo esto se regía por metodologías y parámetros de la arquitectura. Tenías que saber proyectar, diseñar, y plantear todo una lógica para hacer el espacio, habitable. Para esos años llegó Fruto.

—¿Cómo fueron sus primeros acercamientos con Fruto Vivas?
—Un ser clandestino extraño, estaba catalogado como un guerrillero y con toda la razón. Era un referente para hacer algo distinto ante el cambio de paradigmas de las estructuras del sistema económico ya que se la pasaba viajando por el mundo.

Escribió Managua y Hanoi: Tiempo de Reflexión. Allí habla de las viviendas, del problema social, de cómo se organizaban los pueblos. Para ese momento la escuela de arquitectura organizó una exposición sobre Vietnam en 1975, era impensado hacer un homenaje a un país tan lejano para los estudiantes de la época. Fue reconocida por los vietnamitas a través de un boletín. Allí quizás, los primeros contactos con Fruto y la fundación de la Unidad 11. Había diez unidades educativas en la escuela de arquitectura y nosotros construimos la once.

—Experiencias comunitarias con el maestro Fruto Vivas
—Los estudiantes de arquitectura de la Unidad 11, nos sumamos al apoyo de las comunidades del norte de la capital como las parroquias San José, La Pastora, Lídice y Simón Rodríguez, con el fin de evitar los planes de urbanización después de Carlos Andrés Pérez, que pretendían abarcar esos espacios con urbanizaciones, oponiéndonos al borrado de la cualidad patrimonial de las casas que habitaban esos sectores.

—Anécdotas de Fruto Vivas y su sentido de coherencia con la vida.
—Llegamos a Nicaragua en los primeros meses de la revolución sandinista, conseguimos que la UCV avalara los estudios que íbamos a cursar en Nicaragua y que Nicaragua los estudios de venezolanos en un convenio binacional. Fruto no debe destacar solo por sus edificios hermosos, sino también por su ser coherente y su percepción del mundo.

Fruto llegaba al hotel con un bolso pequeñito. Yo salgo de viaje y llevo siete pares de medias, él llevaba tres. Usaba la que necesitaba y en la noche las lavaba, al día siguiente usaba otra y así. Un sistema de coherencia con la vida.

—¿Que relación tenía Fruto con Caracas?
—Fruto era la política positiva, aquella que te permite llegar a avanzar. No hay que destruir todo lo que existe para construir, y si te dan una opinión que no te parezca, trata de buscarle el lado positivo a esa opinión, para llegar a acuerdo.

Estamos construyendo una ciudad sobre otra, a punta de porrazos y real y no respetamos ni siquiera los espacios patrimoniales. Aquellos espacios que contienen una esencia de lo que fuimos y de lo que somos hoy.

—Las maravillas de Fruto Vivas.
—Fruto organizó equipos de gente para la lucha en Venezuela contra la desigualdad. Es la coherencia de un ser humano con su verbo y su acción. Su última obra además de la Flor de Venezuela, es el homenaje al presidente Chávez, obra impactante e icónica en donde hace gala de ser un arquitecto desde su nacimiento.

Siendo estudiante ganó el premio como mejor diseño del Club Táchira, sin embargo, tuvo que traer el arquitecto Torroja de España, para validar su trabajo.

Fruto siempre tenía que crear. Generalmente para los estudiantes las entregas eran traumáticas. Él llegaba con un papelógrafo y preguntaba: ¿cuál es el tema?, y hacía sus trazos, dibujaba todo lo que había que hacer. Una demostración de suficiencia profesional. Era un arquitecto de nacimiento, de niño construyó una capilla, una casa llamada Sinfonía, su casa, el Tarantín que parecía un palomar. Un concepto innovador de la arquitectura. Fruto no hizo una ciudad completa, pero hizo cosas muy importantes. Un dibujante excelso. Sus creaciones son reflejo de la ciudad.

ÉPALE CCS N°476