Volver al lugar de los afectos

En búsqueda de sueños, amores y aspiraciones, habitantes de diversos pueblos del mundo llegaron en oleadas migratorias a suelo venezolano; el siglo XXI de la misma manera, por montañas y costas vio partir hombres y mujeres nacidas en estas tierras. Cambiaron su ciudadanía por la condición de migrantes y hoy algunos están de regreso

Por Ketsy Medina Sifontes / Fotografías Ketsy Medina Sifontes y Archivo

En este momento, en Venezuela, me atrevería decir, no existe una familia en la que al menos uno de sus integrantes haya decidido cruzar una frontera. De 2014 a la fecha, personas solas, en pareja o en compañía de sus familiares (en la que se incluyen mascotas), decidieron probar suerte en otras tierras.

Algunas cifras publicadas por la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela, activada por solicitud del Secretario General de Organización de las Naciones Unidas (ONU), a la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), hablan de más de cuatro millones (4.810.443 específicamente) de migrantes venezolanos y venezolanas que han sido reportadas por los Gobiernos receptores, sólo de los países de Latinoamérica y el Caribe.

Esta plataforma, conformada por 41 organizaciones participantes, incluidas 17 agencias de la ONU, 15 ONG, cinco donantes, dos instituciones financieras internacionales y el Movimiento Internacional de la Cruz Roja, se articulan bajo el plan denominado Respuesta a Venezolanos (R4V), el cual cuenta con el financiamiento de 1.350 millones de dólares.

No existe una familia en la que al menos uno de sus integrantes haya decido cruzar una frontera

Solicitud de la condición de refugiado y permiso de residencia y de estancia regular concedidos, son las variables principales que refleja R4V para reportar sus números; en su página y reportes generados presenta, discriminando por país, incluso la cantidad de personas en condición irregular, es decir, aquéllas que no han realizado ninguno de los trámites señalados al comienzo.

Si vemos los números de Colombia por ejemplo, nos encontraremos que para finales de 2019, de 1.630.903 migrantes de nacionalidad venezolana, sólo 0,3% solicitaron formalmente su condición de refugiados, 39% cuenta ya con un permiso de residencia o estancia regular y 60% se mantiene en situación de irregularidad en relación a su documentación (superaron el tiempo de permanencia o ingresaron sin autorización).

Siguiendo el trabajo de R4V, en el cual se estima que 861.665 migrantes de nacionalidad venezolana se encuentran en territorio peruano, resaltan según datos suministrados por su gobierno, que 68% cuenta con permiso de residencia y estancia regular, mientras que 45% ha solicitado su condición de refugiado. Al sumar los números nos encontramos con una diferencia de 14% que nos hace pensar en que algunas de estos datos tienen un pelón.

Chalecos con financiamiento internacional

Razones para irse

Conocer los números es importante, pero saber de dónde vienen, brindando el mayor detalle de los mismos, es necesario. Recientemente la emigración venezolana se hizo masiva, y mediática, eso ha sido lo sorpresivo, pues siempre ha existido. Basta con recordar la fuga de cerebros de la que tanto se hablaba, que señalaba más la “mala inversión” de un gobierno, que gastaba recursos en educación gratuita y becas de profesionalización, que en la ida de sus congéneres.

En este contexto, las y los recién graduados se iban del país, algunos captados por compañías, empresas, corporaciones extranjeras, otros a continuar estudiando, otros a probar suerte. Pero, no fueron sólo ellos, también lo intentaron personas adultas, entre ellas mi padre que trabajó como ilegal en distintas fábricas de Montreal, para ver si lograba una mejor vida para nuestra familia.

Es cierto que las condiciones han cambiado y nuestras realidades económicas y políticas también, el forcejeo de la geopolítica actual repercutió en la cotidianidad de la gente y acostumbrados a la subsistencia de una economía de puerto, con una alimentación basada en lo empaquetado y en lo importado, sumándose el bloqueo y las sanciones al país, generadoras de interminables y sufridas colas, desabastecimiento, falta de medicinas, entre otros, fue la olla de presión que estalló en salidas por tierra desde el Táchira, Bolívar y Amazonas, de un número importante de personas.

Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, Maiquetía

El amor tiene lo suyo

Mar, trabajadora social cuenta sobre su experiencia de migrante

Marián Machado, trabajadora social de la Universidad Central de Venezuela (UCV), nos contó: “Pasé por Colombia, Ecuador, estuve viviendo unos meses en Trujillo, Perú; hasta que finalmente me residencié alrededor de un año en la ciudad de Lima. Yo me fui porque estaba enamorada, suena cursi, pero en realidad así fue. Tenía una relación de pareja y ella decidió irse a vivir a otro país y yo decidí acompañarla, no fue algo en lo que medité y pienso que por deseo propio no lo hubiese hecho, pero en ese momento me movió el amor romántico”.

Las organizaciones y los Estados tienen intereses que cuidar, el manejo de la información de los datos da cuenta de ello; es por eso quizás que el amor no es considerado en las estadísticas de la ONU, pero sí el índice de personas solicitando la condición de refugiado en Colombia, aun cuando éste no supere el 1%, la imagen que  busca posicionarse es la del caos o la del manejo adecuado de la situación.

Xenofobia: ¿Migrante o turista?

Marián o Mar, como prefiere ser llamada dice que “la xenofobia hace uso del imaginario de la pertenencia, que se vincula al lugar en el que nacen las personas, donde se reafirma que unos son de un lugar, por lo tanto quien viene de afuera, es un otro que no pertenece allí”, destaca que “la xenofobia va de la mano del tipo de sociedad que vivimos, una sociedad capitalista, heteropatriarcal, que apuesta al binarismo, a la división; bajo esta forma de relacionarse, se  olvida el trasfondo humano que nos une”.

Hablando de su recorrido que le llevó hasta Lima, añadió: “Es cierto que pertenecer a un lugar, implica reconocer la carga cultural que poseemos, pero esto no debería significar que la diferencia nos divida, más bien debe invitarnos a nutrirnos de ella. Pienso, que la xenofobia es odio, quizás también sea temor; odio y temor a la diferencia, y esto nos hace perder la oportunidad de conocer y disfrutar de la diversidad (de personas, de comidas, de paisajes)”.

Pertenecer a un lugar  implica reconocer la carga cultural que poseemos, pero esto no debería significar que la diferencia nos divida

Llevar una mochila y no estacionarse mucho tiempo, le permitió disfrutar del viaje, esta experiencia empezó a cambiar cuando inició los trámites y papeleos para instalarse a vivir en Perú. La discriminación étnico-racial empezó a hacerse sentir. Como a otras personas le tocó aceptar, entre otras cosas, trabajos de baja remuneración.

Detenciones arbitrarias, abusos de autoridad, tortura, violaciones, homicidios (en las que se incluye el femicidio), extorsiones, negativa a la regularización de la calidad migratoria, son algunas de las manifestaciones xenófobas que pueden vivir las personas migrantes. Las mismas incluso pueden estar legitimadas por políticas nacionalistas de los Estados receptores.

Hacía el 28 de septiembre de 2019 el Gobierno venezolano denuncia políticas de Estado xenofó

Miedo a la diferencia

Existen dos tipos de miedo, el real cuando la sensación se corresponde con la dimensión de la amenaza; el miedo neurótico que se expresa para la psicología freudiana, cuando la intensidad del miedo no tiene ninguna relación con el peligro.

Mar dice: “Para mí no existen emociones buenas o malas, el miedo no debe necesariamente ser asociado a algo negativo; en algunos casos sentir miedo, hacerle caso a la intuición, a eso que te advierte no pases por un lugar, puede significar la vida. Sin embargo el miedo ha sido asociado a la debilidad, por eso tendemos a negarlo, lo que nos puede llevar a reaccionar agresivamente”.

El miedo al que viene de afuera, como ha sido definida la xenofobia, podría catalogarse de igual manera, siendo real, cuando se tratara de una invasión, o neurótico cuando se tratara de migrantes que no representan ningún riesgo y lo que buscan es calidad de vida. Pero lo cierto es que quienes han avivado el miedo neurótico en los países que llegan, son los migrantes pobres.

Veneco, escucha, tus horas están contadas; Maduro, recoge tu basura; fueron algunas consignas cantadas en manifestaciones de calle en contra de migrantes de Venezuela en Perú. Xenofobia nacionalista promovida por el Estado, también ha ocurrido, cuando  en un aeropuerto público se le niega dotar de gasolina al avión donde personas de distintas edades, programaron regresar a su país, gracias al Plan Vuelta a la Patria.

La creación de la brigada policial especial para combatir la delincuencia extranjera, creada y dirigida directamente por el ministro de Seguridad de Perú, es para Ricardo Valdez, exministro de Seguridad Pública del mismo país, una medida para nada necesaria, pues según los acuerdos de Lima, el objetivo debía ser apoyar la migración Venezolana, no politizarla.

En relación al miedo, nuestra entrevistada, indicó: “El miedo a la diferencia puede trabajarse, si en lugar de estimular el temor a lo desconocido, se promoviera el intercambio cultural, facilitándose por ejemplo posibilidades de viajar y conocer otros lugares, las personas cambiarían de parecer, porque es hermoso cuando te encuentras en cualquiera de los países de Latinoamérica con la historia colonial que nos une, con lugares que te recuerdan al sitio de donde vienes, y si inclinamos la balanza y buscamos en los que nos junta, más allá de lo que nos separa, creo que todo sería diferente y es posible poder lograrlo.”

Es importante destacar que las personas migrantes han sido criminalizadas, y en torno a ellas se ha construido en imaginario de que representan una amenaza seria, son culpadas del empobrecimiento, del aumento de la inseguridad, de la delincuencia, del robo de maridos y lo cierto es que esta base discursiva, lo que pretende es justificar la xenofobia en todas sus manifestaciones.


ÉPALE 362