¿Y qué hay de pertenecer a un club?

Por Clodovaldo Hernández@clodoher /  Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Hemos hablado de autoentrenarse, de contratar a un entrenador y de asumir la experiencia en pareja. También existe la opción de unirse a un grupo de corredores, un club, una pandilla, una patota o como quiera que se le llame.

En todos los lugares donde suelen haber corredores, aparece algún indicio de tales agrupaciones. Algunas de ellas tienen ya muchos años funcionando y por eso hasta han desarrollado expresiones en plataformas digitales y redes. Pero siguen teniendo peso las formas de contacto más tradicionales, como la radio bemba y las carteleras.

Algunas de estas entidades son encabezadas por un entrenador, así que podrían ser vistas también como una escuela de corredores. Aunque ese no sea el caso, siempre suele haber una especie de élite formada por los más fajados o por los más amistosos y colaboradores.

Lo bueno de estos colectivos atléticos es que sus integrantes se ayudan mutuamente, transmitiendo información valiosa sobre temas tan diversos como planes de entrenamiento, prevención de lesiones, lugares para trotar, indumentaria, alimentación y todo lo que se te ocurra.

Otro aspecto positivo es que te pueden animar a superarte, justo allí donde quien corre en solitario puede empezar a declinar y abandonar la actividad.

No te voy a hablar de lo que puede tener de malo. Solo te diría lo que ya te comenté alguna vez acerca de los demonios de la competencia que suelen hablarnos al oído aunque hayamos jurado que no estamos en esto para ganar o perder carreras. Me explico: cuando trotas con diez, veinte o más personas es casi inevitable que empiecen las comparaciones y los recelos. Instintos animales, le dicen.

De todos modos, una vez más te aconsejo algo simple: prueba a estar en un club. Si te gusta, te quedas; si no te gusta, vuelves a tu soledad o a tus andanzas con una o dos compañías… Y luego, comparte tu experiencia, que a otros les servirá.

ÉPALE 414