“Yo soy el que va dejando palabras por ahí”

Por Pedro Delgado

Cuando me avisaron que el primer Épale 2022 sería sobre el profesor Earle Herrera, fallecido el 19 de diciembre pasado, me sentí puesto en carrera adelantado como estaba en mis lecturas de nuevo año, acostumbrado a darle chinazos al ocio que siempre asoma por estos días.

Con el libro La Magia de la Crónica, Fondo Editorial Fundarte, suelo apertrecharme de los consejos del profe a la hora de las teclas, algo que lo lleva a uno como escribidor de crónicas a tenerlo presente. De sus ciento ochenta y seis páginas me son familiares las del capítulo ‘Posfacio ajeno’, un compendio de trabajos de connotados como: Jesús Cova, Oscar Guaramato, Aníbal Nazoa, Kotepa Delgado, Mara Comerlati, etcétera, “escogidas entre una cantidad de crónicas que me acompañó sobre la mesa mientras escribía”.

De Sábado que nunca llega, Monte Ávila Editores, me he vuelto a saborear sus doce cuentos a punta de chocolate y canilla con mantequilla y queso, en tardes de la neblina del Guaraira tirando un topo a todo al entrar a mi apartamento. ‘Caregato’, ‘La muerte del tiempo’, ‘Los muñecos extranjeros’, ‘La rebelión de las llaves’, ‘Las historias ajenas que me suceden’ … han dado la vuelta a la batería por enésima vez humor en ristre, envueltos por el humo del cacao salido de la taza.

Leyendo una crónica publicada en Últimas Noticias, 20 de enero de 2013, titulada La primera jugada de Enzo Hernández, fue cuando me enteré que el profesor Earle Herrera, autor de dicho trabajo, había sido atleta ¿En serio? La lectura apenas indica haber sido solo unos pininos en pista y campo cuando estudiaba en el liceo Briceño Méndez de la población de El Tigre, estado Anzoátegui. Formado para los 800 y 1500 m planos, luego sería probado en el relevo 4×400 en una competencia nacional juvenil efectuada en el estadio Brígido Iriarte, Caracas. Lo que no dice el profe, es si su esfuerzo sobrepasaba el paso de la ambulancia, algo dicho en broma por respeto a la majestad de su oriental estirpe. Recomendamos eso sí, buscar esa crónica en las redes del Últimas, una oda a la amistad profesada a su condiscípulo y paisano Enzo Hernández, grande liga venezolano, en un último adiós cifrado más bien en palabras de un hermano tras la muerte de éste acaecida el 13 de enero de 2013.

De los ciento setenta poemas del libro Penúltima tarde y otras tardes, también de Monte Ávila, dejaré uno de mis preferidos titulado Sin Camino, plasmado por la musa de nuestro recordado teacher :

Vengo caminando sin camino pongo esta palabra aquí/ La gente me rodea como el encantador de sierpes como sorna y sarna/ Hasta verme lejos no se acercan inseguros ateos que rezan de reojo/ Yo sé que todos piensan la palabra sé que me darán la espalda pero también sé irán pronunciándola en voz baja. / Yo soy el que va dejando palabras por ahí que la gente recoge.

ÉPALE 443