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Caracas 2026: Crónica de una conmoción

15/01/26. Quería iniciar este 2026 con un texto inspirador, una suerte de preludio luminoso para los lectores de esta columna. Sin embargo, los hechos del 3 de enero en Caracas alteraron el pulso de lo que mi mente gestaba. Resulta imposible la indiferencia. Escribo bajo una palabra que retumba en mayúsculas: CONMOCIÓN.

 

 

Que no se pierda la costumbre de imaginar un mundo mejor. Aún bajo el asedio y las amenazas, en los silencios respetuosos sigue habiendo espacio para la sonrisa...

 

 

Nunca antes ese término había tenido tanto eco, amplificado brutalmente por el ruido digital. Tras el shock inicial y la alerta constante, el miedo se instala de forma silenciosa. Es un miedo multifacético: a las notificaciones del celular, a la deshumanización de quienes celebran la tragedia desde la distancia, a las noticias de "último minuto" que resultan ser bulos y a aquellas que, lamentablemente, terminan siendo ciertas. Es un miedo que no distingue entre el día y la noche.

 

 

La tragedia detrás del "daño colateral"

 

 

En medio del llanto por la vil irrupción al hogar, emerge también la sensatez y la solidaridad. El dolor se comparte con las familias fracturadas emocionalmente tras esa infausta madrugada; con los padres, abuelos e hijos que hoy entierran a sus muertos bajo el peso de los bombardeos.

 

 

Entre las bajas civiles destaca una mujer de 80 años en el estado La Guaira. En un segundo, dejó de ser una ciudadana con nombre, historia y rostro para convertirse en una cifra fría, etiquetada bajo el eufemismo de "daño colateral". Duele y genera una rabia profunda.

 

 

El guion es el mismo, ¿para qué cambiarlo si les funciona? 

 

 

Desde el norte se fabrican delitos y se sostienen mentiras que, a fuerza de repetición, justifican la persecución de un "villano" construido en su justa medida. Así, logran presentarse siempre como los salvadores, los buenos de una trama que no tiene nada de ficción hollywoodense.

 

 

"Es que lo hacen por nuestro bien", repiten algunos, ignorando que la historia no registra invasiones con finales felices.

 

 

 La respuesta está en la calle

 

 

Pese a todo, los días posteriores al 3 de enero han revelado, una vez más, la asombrosa capacidad del pueblo venezolano para recuperarse de cualquier perturbación. Es una voluntad terca de retornar a la alegría, a la fe y a la vida, incluso frente a la sombra de la muerte.

 

 

 Nuestros adultos mayores están dando las lecciones más valiosas de templanza

 

 

En el bulevar, una abuela comparte una barquilla con su nieto, ajena al caos.

 

Un hombre, fuerte como un roble, se ejercita en las barras de un parque comunitario.

 

Otro regresa del mercado cargando con dignidad el peso de sus bolsas.

 

Desde una ventana adornada con plantas de jade, una señora de cabellera plateada saluda a sus vecinos con una taza de café en la mano.

 

 

 El derecho a imaginar

 

 

Que no se pierda la costumbre de imaginar un mundo mejor. Aún bajo el asedio y las amenazas, en los silencios respetuosos sigue habiendo espacio para la sonrisa, para el "feliz año", el abrazo y el buen deseo genuino.

 

 

De pronto, un papagayo aparece en el azul profundo del cielo. Me quedo observándolo y pienso que eso es lo único que quiero ver sobrevolando los techos de nuestras casas: un símbolo de libertad, y no de destrucción.

 

 

 


POR KEYLA RAMÍREZ  • @envejecer_siendo

 

ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta

#Conmoción #EnvejecerSiendo #Solidaridad #Esperanza

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