12/02/26.
"¡Ay de los moradores de la tierra
y del mar!
porque el diablo ha descendido a vosotros,
teniendo gran ira,
pues sabe que tiene poco tiempo".
Apocalipsis 12:12
—¿Que viste qué? Verga, chico, tú si hablas güevonadas. Muchacho bolsa. Vete a ver si la gallina puso o la marrana parió, busca oficio. Le dijo Goyo a su hijo Cheo después de escucharlo hablar sobre un extraño objeto que observó flotar en la oscuridad de la noche.
Pasaron los años y Cheo se mudó a la ciudad con su hermano Napo, compartían un apartamento modesto, pero bien ubicado en el centro de la ciudad. Era pequeño pero cómodo, ideal para un par de hermanos que llegaban de la provincia a la ciudad para abrirse paso a un futuro próspero. Atrás quedaban las jornadas de ordeño y pastoreo que, acompañadas del arreo de leña y agua, los configuró como unos prospectos saludables.
Era diciembre cuando Cheo lo volvió a ver mientras disfrutaba de una fiesta en su casa, era enorme, silencioso y se desplazaba despacio. Parecía flotar en el aire. Llamó a su hermano al balcón: “¡Eeey Napo, acércate! Mira pa’rriba”. Ahí estaba una enorme masa triangular negra flotando encima de ellos, tenía luces en cada esquina con una luz roja que parpadeaba justo en el centro.
Napo apenas dijo a su hermano en tono de burla: “No estamos solos”. Un breve instante nada más, para cuando volvieron a alzar la vista el enorme triángulo negro había desaparecido, así como había aparecido sobre el valle abriéndose paso por encima de la majestuosa montaña.
Lejos de caer en especulaciones amarillistas, el instinto de Cheo le decía que eso, aunque no pudiera identificarlo con una aeronave conocida, no era para nada de origen extraterrestre. “Los aviones con licencia normalmente tienen luces rojas, verdes y blancas”, reflexionó en silencio mientras su hermano daba media vuelta, como si nada hubiese pasado, y regresaba con sus amigas a la fiesta.
Desde esa noche, Cheo no dejaba de pensar en aquello que vio, y aunque no lo mencionaba porque sabía que iba a ser mal interpretado, estaba convencido de que era real y representaba una amenaza. El 20 de diciembre de 2009 el presidente Chávez había advertido: “Hace pocos días, a medianoche, un avión de estos, sin tripulantes, penetró hasta el Fuerte Mara. El Fuerte Mara queda bien adentro, no queda tan cerca de la frontera. Ellos no pueden penetrar ni un metro, pero lo hicieron... Los soldados lo vieron, llamaron al oficial, se desapareció el avión, pero todos lo vieron, es un avión pequeño que lo manejan a control remoto, pero van filmando todo, algunos incluso tiran bombas”, denunció el experimentado arañero en aquella oportunidad. En respuesta, el ministro colombiano de Defensa de aquel entonces, Gabriel Silva, ironizó en declaraciones a la televisión: “De pronto fue que los soldados venezolanos confundieron el trineo de Papá Noel con un avión espía”.
Habían pasado 16 años desde entonces, y las tensiones políticas se habían incrementado. Sería posible que lo que había visto se tratara de un avión de reconocimiento táctico y designación de objetivos, como los que se utilizaron contra Irak en la Guerra del Golfo, un avión espía furtivo de la Fuerza Aérea yanqui. Muchos han descrito objetos con las mismas características, en distintas partes del mundo, especialmente en zonas donde hay algún conflicto en desarrollo.
Cuando el jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Aérea estadounidense describió las 150 aeronaves utilizadas en el bombardeo esa madrugada del 3 de enero, mencionó muchas por su nombre; sin embargo, omitió nombrar una aeronave secreta avistada y fotografiada regresando a la antigua estación naval Roosevelt Roads, en Puerto Rico, después de la operación. Días después, el rubicundo rey desnudo de aquel país sin nombre, se jactaba de haber utilizado tecnología ultrasecreta y clasificada para llevar a cabo con éxito los crímenes que fueron escalando hasta el secuestro de un jefe de Estado en ejercicio pleno de sus funciones.
El New York Times, tampoco guardó reparo en asegurar que el equipo de la CIA, infiltrado desde agosto, contaba con el apoyo aéreo de drones furtivos con tecnología de punta para la inteligencia, vigilancia y reconocimiento sigiloso, que les permitió trazar las rutinas diarias del líder revolucionario y su destacamento de seguridad.
La prensa internacional no tardó entonces en resaltar las virtudes de un vehículo aéreo no tripulado, con configuración de ala volante, como pieza fundamental para el éxito de una operación criminal que se abalanzó sobre un pueblo que dormía.
La tarea del Lockheed Martin RQ-170 Sentinel fue determinante, penetró el espacio aéreo evadiendo los sistemas de defensa antiaérea integrados rusos S 300 y se quedó allí por un largo periodo, observando y pasando información, sin ser detectado. Los datos recopilados permitieron la supresión de las defensas aéreas al inicio del bombardeo e influyó en el ciberataque que dejó sin luz a buena parte del oeste y suroeste de la ciudad.
Realmente, este aparato no es invisible al ojo humano, pero sí al radar. El diseño de ala única sin cola y los materiales con los que está construido dispersan las ondas del radar. Mientras sobrevolaba silencioso e invisible a gran altitud, sus sensores y cámaras electro-ópticas e infrarrojas, alojadas a ambos extremos de su fuselaje parecido al cuerpo de una mantarraya, permitían, además de la evaluación de daños en combate, detectar las amenazas inesperadas y transmitir, en tiempo real y alta resolución, conectando la acción en el terreno con el Despacho Oval, como lo aseguró el rey desnudo de cabello encendido: “Lo vi como en una película”.
Pero Cheo sabía que esto era solo la punta del iceberg, no es lógico que una superpotencia divulgue tan abiertamente sus secretos militares. Nadie da puntadas sin dedal. Si el imperio ha roto su estricto secreto para revelar dónde opera, cuándo opera y cuáles son las capacidades de una de sus armas más secretas es porque guarda algo aún más grande. Además, él mismo lo vio, en dos oportunidades; y eso que vio no se parece al RQ-170, es más grande y no vuela, no se impulsa ni se suspende como un helicóptero: flota en el aire.
—¿Sabes, Napo, cuál es la verdadera historia de los ovnis? –le inquirió a su hermano después de aquel madrugonazo.
Juan Carlos Torres Campos (Caracas, 1978)
Intelectual, músico y editor con más de veinte años de experiencia. Como periodista de oficio, ha trabajado en las mesas de redacción de Telesur y Ciudad CCS, donde labora actualmente. El avistamiento es el tercero de una sucesión de ejercicios narrativos inéditos que surgen como respuesta al bombardeo perpetrado por las fuerzas especiales de Estados Unidos sobre Caracas el 3 de enero de 2026.
ILUSTRACIÓN: MAIGUALIDA ESPINOZA COTTY