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María la O

19/02/26. Si pudiéramos hablar de una fórmula de zarzuelas en el Caribe, obviamente estamos ante la adaptación de ese género español en tierras cálidas y fogosas, con su toque de idiosincrasia colonial, costumbres de la época, más una rumba de cajón en medio de tensiones sociales, religiosas y raciales. Fue Cuba su epicentro, y a despecho de algunos autores, que pensaron o celebraron la negativa de los familiares del novelista Cirilo Villaverde a Ernesto Lecuona, de versionar su novela Cecilia Valdés para no empañar la zarzuela homónima de Gonzalo Roig, pues resulta que María la O, se irguió como la más popular de Cuba y el Caribe.

 

 

...una mulata asediada por varios pretendientes que buscan su amor pero a ella el amor ni le va ni le viene...

 

 

Cuentan los cronistas, que es la historia de una mulata asediada por varios pretendientes que buscan su amor pero a ella el amor ni le va ni le viene porque María la O es una bella mulata de la que se enamora el aristócrata Fernando de Alcázar, el cual le corresponde, pero se interpone su matrimonio fijado con la hija del Marqués del Palmar (la Niña Tula). El conflicto, fórmula infalible de un guión, cuyo autor fue el escritor español Guillermo Fernández-Shaw Iturralde, quien logra remendar el capote, porque ya Lecuona había avanzado en su versión de la novela de Villaverde.

 

 

Como diría aquel narrador deportivo: “No se vayan que esto se pone bueno”. ¡Date con todo Lecuona! Todo transcurre en Cuba, a comienzos del siglo XIX. La negra Caridad Almendares celebra una fiesta por su santo, donde asisten no sólo los amigos de su misma condición social sino también parte de la aristocracia de la localidad, que va allí a divertirse. En ella, coquetea con Santiago Mariño, un rico zapatero español, pero este le confiesa que está enamorado de María la O y Caridad le advierte que ella está enamorada a su vez del Niño Fernando. Los comentarios son que Fernando tiene a María la O como entretenimiento ¡Triángulo o cuadrado perfecto! Todos están en el propio baile, al que llega intempestivamente el plebeyo de la partida José Inocente, (ese nombre está fríamente calculado), el curro que ama a María la O sin ser correspondido por esta, le advierte a Fernando que no permitirá que se burle de ella y después de una violenta discusión, se marcha de la fiesta.

 

 

¡Tantatatan!

 

 

Fernando acompaña a María la O a su casa y cuando se marcha aparece de nuevo José Inocente, quien le dice a María que Fernando va a casarse con la nieta de los Marqueses del Palmar y que, si duda de su palabra, acuda a dicha casa. María acude al lugar y descubre a Fernando, luego de una violenta discusión, se marcha no sin antes amenazarlo, si no deja a la muchacha.

 

 

María la O, temerosa de perder a Fernando, acude a su padrino de santo para que le ayude. Pero este le predice que ella matará a alguien por sus propias manos. Aparece el muelle de Paula con su paisaje característico de vendedores, transeúntes, mulatas de rumbo, etcétera. Entra la comitiva de amigos y familiares que vienen a despedir a Fernando y Tula en su viaje de bodas.

 

 

Entran María la O y José Inocente, quien le dice que va a matar a Fernando, pero esta se opone y le responde que lo hará con sus propias manos. Avanza hacia el grupo y cuando llega, clava su navaja en el pecho de Fernando, quien cae muerto.

 

 

Entran los íremes y al son de los tambores se llevan el cadáver, mientras María la O cae al suelo, destrozada.

 

A manera de resumen, cerramos con “La intensa mirada de Ernesto Lecuona” de José Ramón Ripoll, en la revista Rinconete que se publica desde 1998 en las páginas del Centro Virtual Cervantes: “La obra de Ernesto Lecuona es un claro ejemplo del proceso de transformación que la herencia musical española ha llevado a cabo en territorios americanos. Hijo de un periodista canario con pretensiones literarias, nació en Guanabacoa en 1895, y recibió las primeras lecciones de piano de su hermana Ernestina. Más tarde estudió con Antonio Saavedra y Joaquín Nin, maestros que le enseñaron a bucear en la más pura tradición española, sin perder de vista los sones y los giros que dicha tradición había generado ya en la música cubana. Se graduó en el Conservatorio de La Habana en 1913 y consiguió la medalla de oro de interpretación. Muy pronto comenzó a ofrecer recitales de piano por importantes escenarios de América y Europa, a los que impuso un sello personal, cambiando el protocolo oficial propio de las salas de conciertos al uso por unas maneras particulares de ofrecer la música, en las que combinaba las danzas y los temas populares, propios y ajenos con obras de Chopin, Scriabin o Rachmaninov, mientras hablaba con el público e incluso cantaba. Sin embargo, esta forma de concebir la comunicación musical no le restó un ápice a su exigencia como intérprete ni como autor de una interesante obra que abarca distintos y variados géneros. Vivió una temporada en Nueva York, donde escribió varias obras para comedias musicales y radio, práctica que le otorgó una soberbia maestría para componer música de salón y un buen número de canciones que serían interpretadas por todo el mundo y en diferentes versiones estilísticas. Entre estas melodías podemos destacar títulos tan famosos como Andalucía, Siboney, Aquella tarde, El crisantemo o Malagueña. Fue también autor de interesantes zarzuelas como El cafetal, Lola Cruzk o la célebre María de la O, donde profundiza, tanto en argumento como en atmósfera sonora, en la construcción de un género cubano con características marcadas”.

 

 

 

 


POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez

 

ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui

 

#Boleros #Música #Zarzuela #Cuba

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