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¿Por qué se les teme a las mujeres mayores?

23/03/26.  A lo largo de los siglos, la humanidad ha mantenido una relación profundamente ambivalente con el paso del tiempo, pero esa relación se vuelve hostil cuando el tiempo se refleja en el rostro de una mujer. El edadismo femenino la discriminación por motivos de edad no es un fenómeno moderno nacido en las oficinas de marketing de cremas antiarrugas; es una narrativa histórica que ha utilizado el arquetipo de la "bruja" para castigar a la mujer e infundir temor y rechazo.

 

 

 

De la sabiduría al inframundo

En las sociedades pre-cristianas, la figura de la mujer mayor a menudo ocupaba un lugar de respeto. Era la "Anciania" o la "Cronos", poseedora de conocimientos sobre herbolaria, partos y ritos de paso. Sin embargo, con la consolidación de estructuras patriarcales más rígidas, ese poder acumulado empezó a percibirse como una amenaza.

La transformación de la mujer sabia en la bruja malvada se aceleró durante la Baja Edad Media y el Renacimiento. No es coincidencia que los manuales de inquisidores, como el Malleus Maleficarum (1486), pusieran especial énfasis en las mujeres cuya edad las situaba fuera del control reproductivo. Al no estar bajo la tutela de un padre o la utilidad de un esposo, la mujer mayor se convertía en un "agente libre" del caos, sospechosa de pactos diabólicos.

El rostro del mal: estética y decadencia

La vinculación de la vejez femenina con la oscuridad se cimentó a través del arte y la literatura. Mientras que el hombre mayor era representado con la "barba del sabio", la mujer mayor era dibujada con la nariz puntiaguda, la piel marchita y el cabello canoso y opaco. La fealdad de la vejez femenina se estableció como un sello.

Esta iconografía cumplía una función social clara: advertir a las mujeres jóvenes que su valor era caduco. Personajes como la Baba Yaga de los cuentos eslavos o las brujas de Macbeth de Shakespeare reforzaron la idea de que el envejecimiento femenino era la puerta de entrada a una naturaleza amarga y destructiva. La “oscuridad” de estos personajes no residía en sus actos, sino en su negativa a desaparecer silenciosamente del espacio público una vez perdida la “belleza”.

El siglo XXI: de la hoguera al retoque digital

Hoy, las hogueras han sido sustituidas por el escrutinio digital. Aunque ya no se queman a las mujeres por envejecer, la cultura contemporánea las "cancela" o las invisibiliza. El edadismo moderno sigue bebiendo de aquel miedo ancestral a la mujer mayor poderosa.

En la industria del entretenimiento, por ejemplo, persiste el fenómeno del "vampirismo": los hombres pueden envejecer y seguir interpretando roles de acción o romance, mientras que las mujeres, al cruzar la barrera de los 40 o 50 años, son relegadas a personajes secundarios, amargados o, irónicamente, a versiones modernas de la "anciana oscura". 

Por eso persiste la desaparición de la narrativa femenina en la madurez, la patologización al tratar el envejecimiento como algo contra natura que debe ser corregido u ocultado. Y, por último, la estigmatización a través del lenguaje despectivo al usar términos como "solterona" o "loca de los gatos" como ecos modernos de la bruja solitaria.

Reclamar la sabiduría

El edadismo femenino es la última frontera de la desigualdad de género. Desvincular la vejez de la oscuridad implica desmantelar siglos de propaganda visual y literaria. Reconocer que la "bruja" no era más que una mujer que sobrevivió a las expectativas de su época es el primer paso para cambiar el relato. 

 


 

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