19/04/26. El documental La memoria es un caracol, un canto a Luis Mariano Rivera es una mirada a los campos del oriente venezolano, tierra en la que el autor de Canchunchú florido desarrolló el amor por la poesía dedicada a Carúpano y a su identidad como campesino.
...un mundo al que entrarán de la mano de Luis Mariano y de su música... un espacio de resistencia cultural, alejada del panfleto, vinculada a lo identitario, a la memoria.
Oscar Raúl Murat, director del trabajo cinematográfico conversó con Épale CCS sobre la experiencia que significó para un amplio equipo de especialistas, trabajar en un documental que refleja el arraigo del compositor y poeta por su campo, su obra, pero que también es una indagación sobre su vida personal y sus raíces.
¿Cuándo y cómo surge la necesidad de contar la historia de Luis Mariano Rivera a través del cine?
Resulta que yo nací aquí en Caracas, pero a los cuatro años me mudé para Carúpano con mis padres. Mi madre y mis abuelos maternos son sicilianos y viví todo ese tiempo en Carúpano, pero de alguna manera a espaldas de la cultura del pueblo. Llegó un momento donde me vine a Caracas, luego tuve la posibilidad de ir a Italia con mi mamá y la mamá de mis hijas. En todo ese proceso empecé a preguntarme de dónde soy y cuál es mi lugar de pertenencia.
En el 98 conocí al guitarrista y cuatrista Eladio Mujica. Él me invita a la casa de Luis Mariano que ya tendría como noventa y tantos años.
Hubo un contacto directo...
Sí claro, él empezó a contar cuentos de su adolescencia, de lo que él hacía. Luis Mariano fue peón en la hacienda de su padre: arreaba burros, ganado, cortaba leña, hacía todos los trabajos. Quedé muy encantado, pero también con una especie de frustración, como una rabia. Yo decía: ¿cómo es posible que vine y no lo pude entrevistar, no lo pude grabar, no pude hacer ningún tipo de registro de eso?
Esa imposibilidad, esa frustración, fue de alguna manera una palanca para que después, más adelante, yo tomara la decisión de hacer un registro de la memoria de Luis Mariano sin Luis Mariano.
¿Por qué considera necesario este documental en el contexto actual?
Hay una cosa que creo que nos ha hecho mucho mal a nivel audiovisual: muchas de nuestras historias están contadas alrededor de Caracas, que se convirtió en una identidad audiovisual de Venezuela. Gracias a algunos documentalistas y también a algunos pocos cineastas que hacen ficción, Venezuela tiene otra mirada. Se empezó a contar también qué eran los Andes, los llanos, el sur, Guayana, a partir de que hubo cineastas interesados en contar esas otras diversidades de lo que es Venezuela.
Dentro de lo bonito de poder contar esta historia está también mostrar un poco el oriente, demostrarle a mi pueblo que la gente tenga la posibilidad de conocer Carúpano en una sala de cine y que eso les motive en algún momento a ir.
¿Qué representa para usted preservar la memoria de Luis Mariano?
En mi caso personal, yo necesitaba tener una raíz, necesitaba sentirme perteneciente a un lugar. Es un poco lo que le pasa a los hijos o a los nietos de los inmigrantes. Pero el hecho de descubrir no solamente la música de Luis Mariano y su poesía, sino su vivencia… Fue una persona que tuvo muchas limitaciones a nivel académico. Luego se fue haciendo hombre y formando como individuo. Después fue comerciante y ya a eso de los cuarenta y tantos años descubrió que tenía un talento para escribir poesía. Comenzó con aguinaldos, y la gente fue mostrándole a él que aquello que estaba haciendo era hermoso.
Hay un espacio real, material, que se llama El Conuco donde Luis Mariano vivía. En un momento fue también como una especie de discoteca, donde la gente iba a bailar, tomaba guarapitas, echaba broma y cantaba. Pero se fue convirtiendo en un espacio mítico de la cultura popular y de la música oriental en Venezuela. Ese espacio se convirtió en el corazón de un movimiento popular cultural muy importante.
Contar su historia es contar también la historia de otros abuelitos y abuelitas músicos que quizás quedaron en un escenario que no se conoció. ¿Contarlo a él es reivindicar nuestra identidad, nuestra historia, nuestra memoria?
Es una Venezuela que poco a poco ha ido desapareciendo. Una Venezuela rural. Luis Mariano hace dentro de su obra un retrato y una crónica de lo que es vivir en el campo y de sus personajes. Habla de la miseria, pero nunca desde la falencia, sino que la muestra como una poesía, dándole una belleza para que quien la escuche entienda que hay algo problemático, pero que además le agrada a través de las palabras, los sonidos o la música.
Tuvo esa particularidad: trabajaba con metáforas o con palabras muy sencillas, para que todo el mundo pudiera comprender.
Hablaba de que Luis Mariano usaba metáforas muy sencillas. El título de su documental es La memoria es un caracol. ¿Podría explicarnos por qué?
En principio, la guácara, que es este animalito al que le canta Luis Mariano, es un caracol muy indefenso. Esta guacarita es muy delicada, así como nuestra memoria. Nuestra memoria colectiva, como país, es bastante delicada y frágil.
Pero en estos días, conversando con Gualberto (Ibarreto), él me dio otra mirada. Él decía que sentía que también la memoria era como un espiral, algo que iba y volvía. La memoria de Luis Mariano nos devuelve a una Venezuela donde el ser humano se conecta con la naturaleza, con su entorno, intentando dejar de lado ya esa avalancha tecnológica que tenemos, que nos arropa, y que está ahí, y con la que hay que tratar de vivir.
En el documental aparece "Canchunchú florido". ¿Ese es un lugar que se muestra en la película?
Cuando Luis Mariano era niño Canchunchú era un campo. Era la hacienda de su papá. Luego, por el tema de la modernidad, ese lugar tuvo un transporte público que pasaba por una calle a la que llamaron Charallave. Ese sector dejó de llamarse Canchunchú.
Sí, se muestra en la película. De hecho, haces un recorrido desde la zona del Rincón. Vienes del campo, desde El Pilar y entras a ese mundo de Luis Mariano en El Conuco.
¿Cómo fue el proceso de investigación y realización del documental?
Empecé intuitivamente esa investigación en el año 2011. Entrevistamos a su esposa, la Negra Marsella, a su hijo Alejandro Marsella. A músicos populares, cantantes y gente de la cotidianidad. En el año 2019 lo retomé gracias al apoyo de Marco Molina. Él me ayudó a contactar a Gualberto, a Tico Páez y a unas cantantes de Caracas, el grupo Atapayma.
Más allá de entrevistas, quería que la gente cantara en vivo las canciones de Luis Mariano. En el año 2023, yo vivía en Medellín y vine a visitar a mi madre, donde coincidí con Laura Romero, productora y guionista de este proyecto, y a Vladimir Díaz, investigador y editor del documental. Armamos la propuesta, la mandamos al Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y nos dio un recurso para hacer la postproducción. En el rodaje nos acompañó Darwin Cañas como fotógrafo y director de fotografía, y Robert González en el sonido.
Una etapa muy importante fue el diseño sonoro y la mezcla, a cargo de Eleazar Moreno, de Oso Studios.
¿Tiene alguna anécdota con Gualberto Ibarreto, uno de los protagonistas del documental?
Con Gualberto me pasó algo muy bonito. Cuando lo entrevisté, yo no lo conocía. Cuando la película estuvo lista, la estrenamos en el Festival de Cine de Maturín. Cuál fue mi sorpresa que, estando yo en Medellín, recibí un audio de Gualberto súper emocionado, sintiendo que había podido contar la historia de Luis Mariano y que lo había incluido. Luego, cuando estrenamos la película en cines, conversamos mucho.
En ese interín, descubrí un ser humano que yo no conocía. Descubrí a una persona muy sensible. Surgió una amistad a partir de Luis Mariano.
Para ese público que no conoce a Luis Mariano Rivera, si tienen la oportunidad de ver el documental, ¿qué van a encontrar? ¿Cómo pueden acercarse espiritualmente a ese poeta y obrero?
Van a entrar en un mundo que no es el de esta cotidianidad citadina, sino un mundo al que entrarán de la mano de Luis Mariano y de su música. Van a ir descubriendo la vida de un hombre que creció con muchas carencias, que se fue formando con dificultades, pero que a la vez fue haciendo a su alrededor un espacio de resistencia cultural, alejada del panfleto, vinculada a lo identitario, a la memoria.
También van a hacer un recorrido por unas voces y unos músicos que son parte importante de la música actual venezolana, como son las Atapaymas, C4 Trío, Héctor Molina y Jorge Glemm, María Gabriela May, que es una cantante carupanera que tiene una voz hermosísima, y dentro del documental, que es una sorpresa, hay presencia internacional que también canta la música de Luis Mariano.
Su documental también se inscribe en una tradición del cine documental venezolano vinculado a la música popular. ¿Cuáles son sus referentes?
Esta película se escribe dentro de una tradición de documentales vinculados a la música popular. Te puedo nombrar dos que me influenciaron de alguna manera: Virtuosos, de Armando Roche, que recoge testimonios y música de gente tan valiosa como Freddy Reyna y otros bandolinistas muy importantes. También, Carrao de John Petrizzelli. Creo que es fundamental que la gente los retome.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
FOTOGRAFÍAS NATHAEL RAMÍREZ • @naragu.foto / CORTESÍA ACHO BRICEÑO