10/06/26. La madrugada del 3 de enero del presente año, mientras el país dormía en paz, recién pasadas las fiestas navideñas, Caracas sufrió una agresión criminal, que posiblemente contando con el apoyo de algunos traidores muy puntuales en el ejército nacional, nos ocasionaron más de un centenar de asesinados entre militares y civiles, destrozos físicos de no pequeña envergadura y el secuestro tanto del presidente Nicolás Maduro como de la primera combatiente Cilia Flores; todo esto bajo la excusa, sin presentar pruebas y que nadie en su sano juicio cree, de ser ellos miembros de la inexistente organización narco-terrorista del “Cartel de los Soles” y de estar enviando a los Estados Unidos, como migrantes, a delincuentes y enfermos mentales. Acción que hace añicos la legalidad internacional y muestra ante el mundo el cinismo del agresor.
¿Y cuál fue el verdadero móvil que impulsó tal acción? Además del expolio de nuestros recursos naturales, las políticas autonomistas que buscan la creación en Venezuela de una sociedad justa y próspera; las cuales, no representando ningún peligro para los Estados Unidos, si colisionan con su proyecto de dominación, que, desde su perspectiva anti- humanista, pretenden establecer en la mayor parte del mundo que les sea posible.
A partir de la mencionada madrugada, la presión sobre el legítimo gobierno nacional ha sido gigantesca y es manifiesto que la intención es desarticular progresivamente por varias vías a la Revolución Bolivariana, para convertirnos en una nación dócil a sus apetencias.
¿Y qué vamos a hacer nosotros, el pueblo venezolano y nuestras autoridades, ante semejante trance? Comprendemos que la situación para la digna presidenta encargada y su equipo de trabajo es difícil, en última instancia el dilema que se presenta es entre sumisión con paz de momento o dignidad con grandes peligros. Empero, llegará la hora en que habrá que ponerle freno a las pretensiones imperiales, tengan estas el costo que tengan, como ya lo han asumido otros pueblos amigos del mundo. En el alma nacional tenemos los legados de Simón Bolívar, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez padre, entre muchos otros, que no podemos permitirnos traicionar. Antes del 3 de enero éramos una nación valiente, ejemplo para las poblaciones de Latinoamérica y el mundo, hoy contra viento y marea debemos continuar siéndolo.
POR CARMELO RAYDAN •@carmeloraydan / archivoraydan@gmail.com
FOTOGRAFÍAS CARMELO RAYDAN •@carmeloraydan / archivoraydan@gmail.com