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Las entrañas del temblor y el pulso de la matria

…Venezuela, tu memoria; cera viva que no coagula, esculpe un doloroso epitafio sobre el asfalto de la ausencia…

Aquel 24 de junio del 2026, la tierra venezolana esa geografía que ostenta nombre de mujer altiva, indómita y fuerte vio quebrarse sus cimientos en un parpadeo geológico que pareció eterno. Hoy, cuando se compaginan exactamente treinta lunas desde que el doblete sísmico de magnitudes implacables sacudió el eje central y costero, el eco de aquel crujimiento tectónico aún resuena con la nitidez de una herida abierta en el alma de nuestro gentilicio.

Venezuela, la matria de curvas de cordillera y turgencias de araguaney, contuvo el aliento mientras sus edificios se convertían en polvo y memoria. No fue un simple accidente de la corteza; fue el choque visceral entre la soberbia humana y el latido profundo de unas placas que decidieron recordarnos la fragilidad de lo construido y del hombre frente a la natraleza.

El paisaje de La Guaira y Caracas aún guarda los estigmas del desastre, pero también atestigua el milagro cotidiano de la persistencia. Las aceras y los albergues provisionales cobijan hoy a los desposeídos de techos, a los hermanos que transformaron la lona y el asfalto en trinchera de esperanza, esperando el milagro de la reconstrucción material y espiritual.

Bajo los escombros aún yace la sombra de los ausentes, de aquellos que se fundieron con el humus primordial en una festividad patria convertida repentinamente en un réquiem. Sin embargo, la mujer país no yace vencida. De las grietas brota un sudor de hormiga obrera, manos vecinales que remueven bloques con la fuerza del afecto inmarcesible, levantando ladrillos invisibles hechos de solidaridad pura. La patria duele, exuda sal y lodo, pero se reincorpora con la dignidad de una matrona que se niega a abdicar de su luz.

Hoy, a un mes exacto del sismo dual que quebrantó a la matria, esta pluma zuliana, bregada en el periodismo y la filosofía, alza su humilde e incipiente simiente lírica para ofrendar un desgarrador verso a ti mi amada  Venezuela herida.

 Liturgia para la matria inconquistable

Se desgarra el fulgor en la piel de la piedra,
tiembla la madre monte con voz de ceniza y brega;
el sismo vertical sepultó la molienda
y el tiempo se detuvo en hondo fiel de vega.

Ay, mujer de nombre amplio, de sal y de madera,
que llevas en el flanco la grieta y el azoro;
hoy gimes en los albergues la trémula quimera
y llora el huerfanito su soledad de oro.

Mas no se abate el junco que azota el torbellino,
la matria se repara con pulso de orfebre;
del polvo levantamos el noble hinojo fino
y florece la aurora sobre la inmensa fiebre.

Vuelven los desterrados del frío pavimento
a tejer el adobe con sangre y con rocío;
¡oh, tierra que destellas en alto firmamento,
que vences a la muerte pariendo un nuevo brío!

Estas son las palabras que nacen en mi letargo para ti, Venezuela que hoy transitas por un luto órfico donde el jadeo telúrico aún resuena en las placas tectónicas de la memoria colectiva y donde la geografía herida busca su recomposición abrazada al polvo, al martirio y esculpiendo su esperanza en la roca viva del tiempo.

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  • 0212-3268703
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