08/08/26.
Era la tercera vez que, al despertarse y salir del dormitorio, encontraba en el piso un pequeño y viejo hueso de pollo. De sus animales de compañía, la que traía objetos de afuera a dentro de la casa era la gata. En su costumbre felina de dar caza, ella extendía la parte de ese proceso de juego previo en el acto predador a objetos inanimados. Así, la humana se había encontrado hojas secas, bolsas de plástico y pequeños objetos que la gata usaba por un rato para jugar.
Sin embargo, los huesos le causaban particular curiosidad ¿por qué no comérselos? Además, no los escondía o dejaba en un lugar poco transitado, los traía muy cerca del dormitorio, parecía el típico gesto de dar regalos que tienen las gatas y los gatos, quienes, en realidad, no son animales domésticos, sino convivientes, convives pues. Ahora la pregunta era, para quién era el regalo, para la humana, para el perro o para ambos.
Con algo de esfuerzo había logrado que el perro respetara la caza de la gata. Eso recordó cuando vio que el perro no se comía el hueso. Pero en algún momento de aquella mañana, el perro ladró dentro de la casa, algo muy poco frecuente. Por la insistencia en el ladrido, la humana pensó que se trataba de un gato escondido entre los travesaños del techo, pero no, él estaba ladrándole a la gata, estaban jugando con una emoción muy pocas veces vista por la humana y de repente sonó el hueso en las mandíbulas del perro.
El ritual de juego y excitación entre estos dos seres sintientes, muy diferentes en tamaño y no solo por especie, le hizo pensar a la humana que más que un regalo para algune de les dos, el hueso era el objeto escogido por la gata para hacerles una profunda demostración de amor, invitándoles a jugar y, en última instancia, a disfrutar del bocadillo.
Pero hay más alrededor de los huesos. Los huesos son los juguetes más preciados del perro, la humana le busca cada tanto los grandes tipo el fémur del ganado. El perro se sienta por horas a morder, lamer y chupar el hueso. Estando la gata aún pequeña, alguna vez intentó acercarse a uno de estos huesos y por supuesto, el perro la regaño, nunca más volvió a acercarse al hueso/juguete del perro. Sin embargo, fue una sorpresa encontrar a la gata a media noche, cuando la humana se levantó para ir al baño, durmiendo, pero no acurrucada, sino en postura vigilante, al lado del juguete/hueso del perro, casi como si lo estuviera cuidando.
A pesar de que cada tanto la humana bota los huesos más desgastados, siempre se acumulan, así que le dispuso algo así como la caja de metal que ella tenía para guardar sus juguetes, una silla de los huesos/juguetes a la cual el perro va y busca uno cuando tiene ganas de jugar o se siente muy emocionado porque le satisfizo mucho la comida. La humana decidió ese lugar también para evitar caerse pisando un hueso, cosa que en varias oportunidades estuvo a punto de pasarle a mitad de la noche. Una tarde allá fue a dar la gata, acostada en circular, como cuando parecen una bolita de pelo, sobre todos los huesos/juguetes del perro que están en la silla/cesta de juguetes. Nuevamente casi como cuidándolos.
Cuando la humana llega de la calle, acaban de comer o la sienten feliz, la gata comienza a dar carreras con las paticas de atrás como brincando, y el perro arrastra el cuerpo a lo largo de la pared como si este fuera un gran cepillo que le estuviera rascando el lomo. Cuando el perro sale corriendo desde el dormitorio a la terraza a ladrar, la gata corre detrás de él, como si ella también ladrara. Cuando él regresa, ella regresa igual y le pasa su cola por el hocico, y si él acerca su gran nariz, que es como la mitad de la cabecita de la gata, ella entrecierra los ojos con el mismo deleite que logra la mano de la humana. Por todo esto y mucho más, la humana sabe que está en medio de actos de amor interespecies.
Anomal (1975)
No, no es un therian, pero sí se está interpelando acerca de qué se entiende por humano y no humano. Escritora, no solo de cuentos; habladora, no solo de paja; investigadora social y facilitadora de procesos formativos con más de una década de experiencia. Pregrado en Sociología por la Universidad Central de Venezuela (UCV), maestría en Estudios de la Mujer, también por la UCV, y especialización en Políticas Públicas y Justicia de Género, por Flacso-Clacso. Obrera de las Ciencias Sociales, ha coordinado, editado y corregido publicaciones académicas, publicado diferentes artículos en revistas indexadas y medios varios, militado dentro de los feminismos venezolanos y nuestroamericanos, organizaciones de la disidencia sexual y, actualmente, se pregunta por la opresión capacitista.
ILUSTRACIÓN: MAIGUALIDA ESPINOZA