13/03/25. A contra corriente, el Caracas del director técnico Fernando Aristeguieta cumplió con creces el máximo objetivo que tenía en agenda en esta primera mitad de la temporada. Clasificar a la fase de grupos de la Copa Suramericana parecía fuera del alcance de los capitalinos, porque su plantilla está repleta de chamos con escaso recorrido en primera división y porque su rival en la primera fase eliminatoria era el Deportivo La Guaira, que arrancó firme, como líder invicto del torneo Apertura de la Liga Futve.
Caracas destrozó las quinielas con actitud, determinación y la impronta de un menudo delantero que se creció en el escenario internacional, donde las cotizaciones se duplican...
Aristeguieta echó mano de su condición de máximo ídolo del Caracas para enfrentar la situación. La temporada pasada logró salvar al equipo del abismo del descenso y obtuvo los puntos necesarios para competir este año en la primera fase de la Copa Suramericana. Ahora pasó el gran reto de vencer al Deportivo La Guaira y clasificó a la fase del grupo del torneo, el gran objetivo que tiene el equipo esta temporada para aumentar sus menguados ingresos, mediante los premios que aporta los Conmebol a los clubes que consiguen triunfos y escalan peldaños.
La lógica señalaba que el cuadro naranja del técnico Juan Domingo Tolisano, vigente campeón de la Copa Venezuela, dominaría el juego e impondría la mayor profundidad, trabajo y experiencia de su nómina. Pero el fútbol aborrece las verdades preestablecidas. Tiene su propia dinámica y allí reside lo extraordinario de este deporte. La incertidumbre convive en la punta de los botines de los jugadores, a la espera de un drible portentoso, un pase que rompa las defensas más corajudas o el error infortunado que desdibuje lo planificado por el técnico en horas de cancha y pizarra.
Fue lo que ocurrió en este lance decisivo en el Olímpico. Caracas destrozó las quinielas con actitud, determinación y la impronta de un menudo delantero que se creció en el escenario internacional, donde las cotizaciones se duplican y cada gol vale un Potosí.
El gran problema del Caracas radicaba en las transiciones ofensivas, donde los elementos para desarrollar el ataque están en pleno proceso de construcción, pues sus mejores talentos son unos chamos que se abren camino.
Pero Ender Echenique fue la llave de entrada del Caracas a la ronda de grupos de la Copa Suramericana, al convertir dos soberbios goles que le garantizan al club la bicoca de 1 millón 125 mil dólares, esto es: 225 mil de los billetes verdes producto de su triunfo sobre La Guaira y otros 900 mil por entrar en la fase de grupos del torneo.
Nada mal para un equipo que desde hace rato apuesta por formar nuevos talentos como Echenique, Frankarlos Benítez, Miguel Vegas o Wilfred Correa; una camada de talentos emergentes que se ha ganado la titularidad y demostró el peso de una camiseta.
Aristeguieta tiene el gran mérito de haber sabido exprimir las virtudes de esta pandillita: la velocidad para cambiar el ritmo del juego de Vegas y Correa; la habilidad e inteligencia de Echenique para procurarse espacios y definir; y la seguridad de Benítez en el arco. Con muy poco el técnico sacó petróleo ultraliviano.
POR GERARDO BLANCO • gerarblanco65@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru