28/03/25. Como nunca antes en la historia de la selección nacional de fútbol, los partidos de local en Maturín serán la llave de paso para abrir o cerrar definitivamente el agua clara y fresca para ir al Mundial de 2026.
La derrota 2-1 sufrida por Bolivia ante Perú en Lima se conjugó a favor de los intereses del equipo del Bocha Batista. Porque Venezuela quedó de nuevo al acecho de la Verde, por ese séptimo puesto que da derecho al repechaje, y lo que ocurra en el estadio Monumental sentenciará el destino de la selección.
Ya no hay más tiempo. Es ahora o nunca cuando debe aparecer el mejor fútbol de la Vinotinto.
El técnico argentino sabe que su futuro y el de la Vinotinto están atados al resultado del choque del martes ante Perú. Ganar ese partido, aunque sea por medio gol a cero, es crucial, pues sería poner una cruz en la sepultura del equipo inca para jugarse el todo o nada por Rosalinda en el siguiente duelo del 6 de junio ante los altiplánicos.
No hay excusa válida para fallar en ese par de desafíos. Hombre por hombre y a nivel colectivo, la plantilla de Venezuela tiene más jerarquía internacional que las de Perú y Bolivia. En el choque del martes, además, Batista recupera efectivos en la defensa, como el suspendido Jon Aramburu, una fiera para morder por cualquiera de las dos bandas. Por todo ello, el respaldo de la afición también tiene que marcar diferencias. Habrá que empujar al equipo hasta reventar, porque el boleto al Mundial también se gana desde las tribunas.
Si en el duelo en Quito la circunstancia del partido jugado en los 2800 metros de altitud obligaba a amar una doble línea de cuatro para cerrar espacios e intentar negarle líneas de pases a Ecuador, en casa el planteamiento del Bocha Batista debe ser diametralmente opuesto. Venezuela tiene que recurrir a sus mejores argumentos en ataque: el desborde por los costados de Yeferson Soteldo, Bello y Savarino para generar situaciones de riesgo que aprovechen Salomón Rondón o Jhonder Cádiz en el corazón defensivo incaico.
El choque contra Perú es la última oportunidad del técnico argentino para demostrar sus conocimientos en el banquillo y revivir la esperanza mundialista de Venezuela. Una derrota o el empate mismo pondría fin al proyecto de clasificación a la cita de 2026 que la Federación Venezolana de Fútbol ha edificado con tanto afán y meticulosidad alrededor del Bocha, a quien le han dado todas las facilidades para armar una selección competitiva.
La principal labor del entrenador es elegir a los mejores y colocarlos en la posición en la que pueden ser de utilidad para un mayor rendimiento colectivo. Pero hasta ahora, el Bocha está en deuda en esa materia. No ha podido integrar un once de gala, que tenga el sello de autor del DT argentino, como sí lo encontró muy rápido la selección paraguaya de Gustavo Alfaro, que desde su llegada acumula cuatro victorias consecutivas y se adueñó del sexto lugar de la clasificación directa.
Pero no todo depende del técnico y de sus instrucciones tácticas. Al final de cuentas son los jugadores los que entran en el césped para tomar decisiones y ejecutar las acciones. Ya no hay más tiempo. Es ahora o nunca cuando debe aparecer el mejor fútbol de la Vinotinto.
POR GERARDO BLANCO • gerarblanco65@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru