03/04/25.- El 21 de marzo, pero de 1985, Aníbal Nazoa publicaba Palanca, palanquina y palanqueta, en su columna semanal Puerta de Caracas.
“Dijo Arquímedes: dame un punto y moveré la Tierra. Tal fue la frase con la que el famoso geómetra enunció el principio de la palanca. El mismo diccionario de donde la sacamos nos informa que Arquímedes era un griego natural de Siracusa, Sicilia, isla que en la antigüedad pertenecía a Grecia y todavía no formaba parte de los “vitales intereses de Los Estados Unidos” como lo forma hoy junto con Centroamérica, Groenlandia, Tahití, Luxemburgo, La Luna, Marte y San Juan de Perromojao, estado Portuguesa, más la clásica parte de Paraguaná. Pero a decir verdad, como inventor de la palanca bien pudiera haber sido venezolano; porque en ningún país, ni del mundo antiguo ni del moderno, ha sido un instrumento tan importante como en Venezuela. Si por alguna razón fuera preciso cambiarle el nombre, nuestro país no podría llamarse de otro modo sino Palancolandia, Palanquina o, si queremos conservar algo del original, Palancuela, porque indudablemente esta es la auténtica Tierra de la Palanca”.
La memoria
“No cites tanto a otras personas”, me dice ella, a quien cito a veces; en una época en la que hay que dejar de usar tanto las, así llamadas, redes sociales, las redes sociales son el medio para informarse. Paradoja de la pandemia, algunas personas usan todavía el tapabocas y ya todo el mundo se estrecha la mano. Finalizó la era del puñito.
Roberto Malaver, de memorias y tantas otras cosas tomar, menos armas, porque si algo te tiene el señor es la palabra, conoció, en la amistad, a Aníbal Nazoa. Y a Pedro Chacín, Earle Herrera, Roberto Hernández Montoya, Augusto Hernández y, nunca mejor puesto el lugar común, pare usted de contar, por favor.
Entonces, Malaver fue a demostrar que él sí tiene buena memoria. En la esquina El Chorro, otra vez, con el mismo equipo investigador, como la otra vez; con las correcciones del conocimiento, porque la hija no es doctora todavía; con las virtudes del ahora, porque el apellido de Jesús es Regetti, sin la u, pero se pronuncia como si la tuviera ahí, donde suelen ir las úes y entonces resulta que esa u, ahí, no se pronuncia. Cosas del habla y de la risa, porque resulta que Jesús, que estaba con su hija, una niña muy seria, hizo lo que sabe hacer, sin burlarse de nadie, sin religión o deportes o personajes: hizo reír.
Tanto, que desde atrás de él, María Auxiliadora, la neuróloga con nombre de madre nuestra, sonreía con las manos en los bolsillos de su bata blanca. Sonreír con las manos en los bolsillos lo lleva a uno a escuchar a Carota Ñema y Tajá, y los guaros, los enumerados, los Angulo que no callan, los Gómez que mascan chimó y los otros que se pierden en este valle que les arropa, usan la música de ella para encontrarse con la vasija de todas las raíces. Después me preguntan entonces que de qué estoy hablando.
La palabra de ayer
El 21 de marzo de 1985 cayó jueves. Aníbal Nazoa (Caracas, 12/09/1928-Caracas, 18/08/2001), entonces, continuaba: “Venezuela se mueve casi exclusivamente a fuerza de palanca. La palanca y el palanqueo son nuestra razón de ser. No se puede concebir un venezolano que no tenga, o por lo menos no esté buscando una palanca, como no se puede concebir un ave sin alas o un pez que viva cerca del agua. Quien no tenga palanca, sencillamente, no tiene derecho a la vida. Para todo, absolutamente para todo es indispensable tener palanca. Se necesita palanca para conseguir cama en un hospital o cupo en un liceo, para que nos arreglen el teléfono, para obtener copias de documentos, para cobrar salarios atrasados, para comprar cauchos, para que nos inyecten suero antiofídico, para recuperar el carro que nos han robado, para sacar la cédula, para entrar, para salir, para subir, para bajar, en algunos casos, hasta para ir al baño”.
Como el tiempo es relativo, todavía se anuncia la plastificación del comprobante de la cédula; como la memoria es corta, se repiten algunas frases que a nadie le importan. Como la paz se lleva por dentro, “la sanación es en soledad”, aseveró ella, para que alguien asevere algo en este tiempo sin referentes más acá de las, llamadas así, redes sociales.
Yoga emocional
“Jo (alargue la o, por favor; haga lo mismo con la a), jo, ja, ja, ja”. Al mismo tiempo, casi treinta personas aquel sábado, y unas veinte este, aplaudían y reían. Risa inducida que ejercita los oblicuos; risa contagiosa que, sin darse cuenta, dura unos 15 pminutos que es lo que se recomienda hacer todos los días. El presente, el aquí y el ahora sin pensar en. “En qué pensaban cuando reían”, pregunta Regetti.
“En nada”; es la respuesta de todas las personas presentes. Respuesta llena de sonrisas. “Agarren un hilo mental; es como el dental, pero imaginario”. Y Regetti nos puso a pasar el hilo mental por todos los recovecos del cerebro y, sin que quede nada por dentro, da risa. El mejor modo es que entre por un oído y no te salga por el otro, para seguir recordando a María Auxiliadora, la madre.
Una investigación seria, como esta, está llena de risa, como debe ser. Roberto Malaver, un estudioso del fenómeno, estaba con la boca abierta, muy serio, durante la primera etapa del yoga de la risa: le revisaban la dentadura. Cuando llegó, a mitad del ejercicio, Regetti pide que extiendan los brazos con las palmas hacia arriba. En ese momento, Malaver recibe el cachito y el café negro. Todo el mundo aplaudía y reía, excepto Malaver, que seriamente, desayunaba.
Desde Gradillas hasta El Chorro, la caminata pudiera estar llena de tocones; mire por donde camina, si se va por San Jacinto; espacios públicos, al parecer, son sinónimos de baños públicos y expropiaciones temporales: con dos conos usted se apropia de unos metros y comparte la cochina con quien corresponda, que le deja poner esos conos ahí. La avenida Universidad, entonces, se expropia a diario.
A la planta baja del edificio donde funciona Fogade, en la esquina San Jacinto, cerca de la plaza donde está La Torreta cerrada y el reloj de sol de 1803, le colocaron 29 materos muy bonitos, con matas de bambú. Si llueve, ya el público no tiene refugio. En época de refugios para motorizados, modernos, altos, espaciosos, a la gente de a pie le tocará escampar en otra parte. Al salón que está detrás de esta nueva barrera, le pusieron el nombre de Earle Herrera. Confinado en pandemia, al periodista no le gustaba estar encerrado. El salón que no han inaugurado todavía, lo rodea un espacio privatizado; en Caracas, en todas partes, casas viejas son derrumbadas en un santiamén y surgen negocios de todo tipo, sin que nadie sepa qué son. Los viejos avisos que anunciaban qué se construía, quién lo hacía y quiénes son los responsables ya no existen. De la noche a la mañana, desaparecen árboles centenarios y, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital.
Nazoa, en 1985, y la reiteración tiene que ver con la memoria, y la coma antes de la y, y después de, tiene que ver con otra cosa, que no importa tanto; Nazoa, en 1985, también decía: “El delincuente culpable de un crimen mayor puede salir en libertad en menos de un mes si tiene una buena palanca, mientras el ciudadano honesto que ha cometido una pequeña falta, si no tiene palanca, puede podrirse en una cárcel, así como el reo que ha cumplido su sentencia pero no tiene palanca puede chuparse varios años más”.