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Lo que dejó la tempestad

21/11/25. ¡Ya en este pueblo nadie pelea! iNo quedan sino beatas y maricones! Gritaba Brusca, la loca, el personaje que me tocó interpretar en una obra teatral… estaba en el liceo, recuerdo. Luego de que Brusca presenciara la muerte de su esposo e hijos perdió la cabeza (metafóricamente). 

 

 

Ningún fin será tan grande para justificar los medios y desde este espacio nuestra única pelea será la que defiende la vida, la soberanía, la democracia y la dignidad...

 

 

Con autoría de César Rengifo, la obra de teatro Lo que dejó la tempestad, relata los años posteriores a la Guerra Federal que duró cinco años en Venezuela, ¡cinco años!

 



Miseria y desolación. Cuántos cuerpos sin vida tuvieron que ver, cuántos enemigos tuvieron que adivinar, a cuántos señalar, a quién culpar, a quién defender y entregar, quién se responsabiliza, quién repara los daños, quién es verdugo y quién héroe.

 




Escuchamos en los últimos tiempos de diferentes sectores de la población posiciones terribles que nos colocan en situación de zozobra y terror como: ¡Ojalá y nos invadan de una vez!, ¡este pueblo está listo para defenderse! Por nombrar los extremos. 

 

 

Nosotras mujeres de la clase trabajadora que parimos, amamos, cuidamos, acompañamos y sostenemos la economía de la población, nos negamos a sumarnos y apostarle a la guerra y sus desgracias que nos considera botín y nuestros cuerpos son vendidos, vulnerados y descuartizados, nos negamos a permitir o fomentar que nuestras hijas e hijos violenten, transgredan y maten a las hijas e hijos de otras, o que tengan que señalarlos como enemigos. Las mujeres trabajadoras y cuidadoras de la vida levantamos la voz contra los bombardeos de nuestro pueblo y las recientes amenazas en el mar Caribe y la violación de nuestra soberanía para justificar escenarios de invasión y guerra a nuestro territorio y de los pueblos hermanos que insistimos en la paz y la solidaridad para la vida.

 

 

 

Todo es contradictorio, el escenario económico, social y político es caldo de cultivo para los guerreristas, lea de nuevo: los guerreristas. Esos que de un lado u otro tendrán siempre una razón de peso para justificar levantar armas o cualquier acción que provoque miedo, sea punitivo o coercitivo. Pero esa “razón de peso” ha sido tan repetida hasta el cansancio que parece ser demasiado grande para anhelar hoy una intervención, salir del “problema” a cualquier costo, “eso será rapidito” escucho. Pero no se nos olvide algo; aunque existe una amenaza real de un conflicto armado ya hemos vivido casi todas las etapas o expresiones de la guerra en sus distintas formas, especialmente la guerra de cuarta generación que viene socavando la estabilidad y el derecho a vivir en paz desde hace ya al menos once años. Aunque no hemos vivido en carne propia una devastación como la que vive el pueblo palestino algunas secuelas como la migración, el desabastecimiento, la inflación, apagones, la desestabilización constante externa e interna, no se nos olvide que hemos vivido y aún vivimos algunas tempestades para querer otras. 

 

 


La vuelta al camino democrático y sobre todo la vuelta a la razón humana como centro deben unirnos. Ningún fin será tan grande para justificar los medios y desde este espacio nuestra única pelea será la que defiende la vida, la soberanía, la democracia y la dignidad humana.

 

 

 

 


POR MARÍA RODRÍGUEZ / KARINA GARCÍA • @tetasporelcuidadodelavida

 

ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta

 

 

 

#TetasCuidadoVida #Mujeres

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