16/01/26. ¿Cómo se escribe una lágrima? ¿Un rostro? ¿El surco que deja una bomba en los hogares de un pueblo soberano? ¿Cómo sanar las heridas de una gran nación como la nuestra?
...no debemos olvidar que desde hace varias décadas hemos estado afrontando una guerra cognitiva sin precedentes, y nuestro país ha sido un laboratorio de su refinamiento…
Varios días después del bombardeo por parte de las fuerzas militares estadounidenses a nuestro país, todavía los cuerpos llevan las vibraciones, las astillas de aquella terquedad de quien se empeña en intervenir la política, la economía y la dinámica social de todo un país...
Lo primero que observé, a las cinco de la mañana, a varios kilómetros de distancia, fueron las insistentes llamadas de familiares y amigos. Lo segundo, las declaraciones de las autoridades nacionales, de los responsables, de las víctimas, del pueblo.
Ahora, cuando escribo, vuelvo a escuchar –no me he desprendido de la radio, de la televisión, del teléfono-, siete días de duelo, la presidenta encargada, bombardeo de zonas civiles y militares, trabajo en unión nacional, defensa de la soberanía y la libertad, escucho viendo las imágenes del bloque 12, estado La Guaira, edificio habitado en su mayoría por abuelas y abuelos, ruinas, escucho mientras camino por Los Jardines de El Valle, escucho observando que todavía arden los cerros de Fuerte Tiuna, escucho.
Yo me monté en la azotea, esos bichos gigantes, las ventanas se partieron, me dice Ricardo, habitante de Coche, junto a él una señora, la que atiende el puesto de recarga de agua potable: “se lo llevaron, a Maduro, iba golpeado y a Cilia, su esposa también, le rompieron unas costillas, ¡qué dolor!
Regresando a casa, otro vecino: no hay teléfono, eso lo explotaron todo, se desintegró, ¿no viste las imágenes?
Sí he visto, no he parado de ver las imágenes, una de ellas, la hija de una amiga, no más de diez años, ha dibujado las montañas con pozos de incendio, arriba el cielo, llorando, el humo cubriendo las casas…
Entro, me empieza a picar la nariz, padre me dice: yo nunca me imaginé que ese tipo estuviera tan loco, nunca pensé que fuera a hacer eso, yo vi cuando pasaron los helicópteros por encima de estas casas, bajito, bajito, directo a Fuerte Tiuna, pensé en esa gente que vive allá, en Fuerte Tiuna, una locura.
La tía se levanta sintiendo lo que muchas veces ha visto en los noticieros del medio oriente y reza porque ahora es ella la que está justo debajo de las máquinas de fuego, recibe una llamada: nos están invadiendo, tranquila, ya esto va a pasar, le dice el cuñado.
El sobrino no muy lejos de ahí, le dice al hermano: ¿Tú no sabes lo que está pasando? Están bombardeando Caracas.
Veo las llamadas, las intento devolver, nada, no hay comunicación.
Unas cuantas horas más: se llevaron a Nicolás, se llevaron al presidente.
Logro comunicarme con varias amistades, han salido a la calle a defender la revolución, el país, a pedir el regreso del presidente Nicolás Maduro y de la primera Dama Cilia Flores.
Cuarenta y ocho horas después de los ataques se restablecieron los vuelos internacionales desde y hacia Venezuela, ocho días después entra la delegación diplomática de los Estados Unidos a su embajada, un hecho que se suma a la declaración del departamento de justicia de ese país: el cartel de los soles no existe.
El llamado se ha hecho mundial: el presidente Nicolás Maduro, con inmunidad diplomática, ha sido secuestrado y el pueblo venezolano clama su presencia y la de su esposa, pero no sólo desde esta tierra, la mecha se ha prendido: el mundo entero exige el respeto a la soberanía de Venezuela y el retorno de su presidente y de la primera dama.
El tablero de la geopolítica mundial ha dado unos cuantos giros, ha sido pateado por un innombrable, un veterano soldado me dice: nos ganaron en lo bélico, pero Maduro le ganó en dignidad y política.
Me quedo con este mensaje, al que le sumo otro, más reciente, de una amiga: la unión cívico-militar está intacta, me lo dice mientras marcha, una vez más, por la soberanía y el retorno del presidente y de la primera dama.
Voy un poco más allá, veo cómo desde aquel nefasto 3 de enero se han activado las redes de apoyo psicológico, se multiplican para atender casos como la de la joven madre que salió caminando de Fuerte Tiuna hasta llegar a La Vega con su pequeño hijo y este no quiere regresar a dicho lugar pues dice que ahí está la guerra, del otro niño que cada vez que escucha una sirena o un fuego artificial se pone a llorar, de la estudiante que me dice que desde aquel día no puede conciliar el sueño, de la colega que insiste que a los niños no se les puede dejar un teléfono especialmente en la noche, que las maestras y maestros, en las próximas clases que ya inician, deben explicarle muy pedagógicamente, con mucho amor, lo que realmente está pasando, porque es evidente que se trata de una guerra.
Y si bien esto es indudable aunque hayan cesado los misiles, no debemos olvidar que desde hace varias décadas hemos estado afrontando una guerra cognitiva sin precedentes, y nuestro país ha sido un laboratorio de su refinamiento… por esa misma razón, así como reconocemos las redes de solidaridad afectiva y material que hemos ido tejiendo entre nosotros, en especial las inmensas demostraciones de sororidad que realza el valor de nuestras abuelas, madres y hermanas, también debemos estar prestos a solicitar ayuda cuando sintamos que no podemos por nuestros propios medios. Es por ello que recordamos algunas instituciones junto a sus respectivos teléfonos de contacto, no sin antes agradecer a quienes han compartido sus testimonios, sus muestras de afecto y solidaridad para que la paz reine en nuestros corazones:
Federación de psicólogos de Venezuela:
0212-4163116
0212-4163118
0424-2907338
Psicólogos sin fronteras:
0412-9270304
0412-7225080
Rehabilitarte:
0424-6115506
CECODAP:
Whatsapp o SMS:
0424-2842359
0414-2696823
Construyendo Futuro:
0412-5257383
0412-9926810
Plafam:
0412-2273712
POR BENJAMÍN EDUARDO MARTÍNEZ HERNÁNDEZ • @pasajero_2
FOTOGRAFÍAS NATHAN RAMÍREZ • @nathanfoto_art / NATHAEL RAMÍREZ • @naragu.foto