23/01/26. Luego del receso de fin de año, y mi visita a una sala de emergencias el 31 de diciembre por unos tropiezos respiratorios afortunadamente ya superados, me dispongo a retomar mi investigación sobre la Trova Cubana, mal llamada Vieja Trova Cubana, en contraposición a la Nueva Trova Cubana, en cualquier caso, de la trova original. Y antes de continuar con Rodrigo Prats y Llorens, un músico precoz que continuará la lista de estos grandes músicos, vamos a hacer una revisión de lo ya trabajado, a manera de actualizar a nuevos lectores.
Definitivamente Rodrigo Prats y Llorens fue un músico precoz... A los trece años tocaba el violín en la Cuban Jazz Band, la primera banda de su tipo en Cuba...
Ya se venía fraguando en Santiago, un movimiento lírico y romántico de gran envergadura que fue cristalizando hasta llegar a José (Pepe) Sánchez, aquel sastre oriundo de la ciudad de Santiago de Cuba, que compuso, en 1885, Tristezas, el primer bolero auténtico que marcó la pauta a los que le seguirían. Aunque al principio Don Pepe, no fue santo de mi devoción, por sentir que seguramente había otras piezas musicales, tal vez anónimas, que pudieran haber marcado aquellos orígenes, poco a poco me fui pacificando al entender que ciertamente, aquel sastre enamorado había sido un baluarte de todo aquel movimiento; sobre todo que fue maestro de guitarra, incitador diría yo, de la dedicación de Sindo Garay, al noble instrumento, que era mi candidato a suplir a Don Pepe Sánchez.
A partir de ahí la canción popular cubana –llámese criolla, guajira, clave, bambuco, habanera, bolero o canción propiamente dicha, según sus características rítmicas o métricas- experimentaría un auge extraordinario. En la propia Santiago hacen lo suyo Alberto Villalón y Miguel Matamoros; en Cienfuegos, Eusebio Delfín, mientras que Rafael Gómez (Teofilito) y Miguelito Companioni se destacan en Sancti Spíritus. En La Habana, proveniente también del centro de la isla, está con su guitarra a cuesta, Manuel Corona. Son los años de Boda negra, Mariposita de primavera, La guinda, Pensamiento, Mujer perjura, Longina… Una música que en buena medida se compone y se canta en la calle, en el cafetín de mala muerte, o en serenatas bajo los balcones.
Creo que tengo que aplicar un cambio de seña, mi pretendida intención de resumir lo ya escrito, para actualizar nuevos lectores, me temo que no será posible, primero por respeto a quienes han venido siguiendo estas historias, y segundo porque soy muy mal resumidor, cuando revisé, después de resumir a Sindo Garay y María Teresa Vera, no sólo que ya cerraba el primer artículo, sino que me pasaba con creces del espacio pautado. Así que ya iremos viendo, para no aburrir a los asiduos lectores con un repaso, en aras de unos presuntos nuevos lectores, entretanto, entremos de una con Rodrigo.
Definitivamente Rodrigo Prats y Llorens fue un músico precoz, y no podía ser de otra manera, era hijo del músico Jaime Prats, Rodrigo comenzó a estudiar música a los nueve años. Primero estudió con su padre, luego con Emilio Reynosa y finalizó más tarde en el Conservatorio Orbón. A los trece años tocaba el violín en la Cuban Jazz Band, la primera banda de su tipo en Cuba, que dirigía su padre. Por la misma época ingresó a la Orquesta Sinfónica de la Habana, fundada por Gonzalo Roig. El primer trabajo de Prats como director de orquesta fue para la compañía teatral de Arquímedes Pous; con el cual iniciaría su carrera de músico lírico, y posteriormente lideró otras agrupaciones.
Asimismo, fundó la banda de radio Orquesta Sinfónica del Aire, la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes. Fue subdirector de la Orquesta Filarmónica de la Habana, director musical de RHC-Cadena Azul, y del Canal 4 de TV. Prats también fue fundador y director del teatro Jorge Anckermann, y director musical del Teatro Lírico de La Habana. Ingresó en el profesorado del Estudio Sylvia M. Goudie de La Habana en 1956, después de su paso por el Conservatorio de Iranzo.
Por Ecured supimos que, a inicios de la década de 1930, junto con su colega Gonzalo Roig y el director y escritor teatral Agustín Rodríguez, libretista de muchas zarzuelas y autor de letras de canciones, Prats se incorporó, en calidad de maestro concertador, a las temporadas de arte lírico cubano del teatro Martí, durante más de un lustro. En ese marco estrenó las zarzuelas Soledad, María Belén Chacón y Amalia Batista, considerada esta la más completa de las que escribiera. Obtuvo por oposición el cargo de director de la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Educación, y al inaugurarse la televisión, en 1950, fue nombrado director musical del Canal 4.
En 1954 organizó una orquesta con calificados músicos, para interpretar danzones con arreglos suyos en el disco que se tituló Danzones para bailar, que distribuyó la firma Puchito. Esa orquesta danzonera de lujo estaba integrada, entre otros, por José Antonio Fajardo (flauta); Jesús López (piano); Israel "Cachao" López (bajo); y Ulpiano Díaz (timbal). En Enero de 1960, el maestro Rodrigo Prats dirigió la Orquesta Típica Nacional, conformada para el Festival del Danzón por los mejores intérpretes del género.
Volviendo a su canción bandera, Una rosa de Francia, que es en realidad una criolla bolero, ya decíamos que sus autores fueron Rodrigo y Gabriel, encuentro en una de mis notas del año 2023, que los jóvenes amigos se encontraron el verano de 1924, en casa de los tíos de Rodrigo, Enriqueta y Antonio Reyneri, en Santiago de Las Vegas, donde pasaba temporadas siendo estudiante de música, tocando el violín, en la orquesta que musicalizaba las películas mudas del teatro Minerva. Según la investigadora Concepción Díaz Marrero, fue en una tertulia que surgió el proyecto de creación compartida, que popularizó Fernando Collazo, antes de darle la vuelta al mundo.
Pero el cuento bueno de toda esta historia tenía que ser de mi querido amigo ya fallecido Helio Orovio, uno de los más grandes musicólogos cubanos, un ser humano de una simpatía inmensa y de lo más ocurrente del planeta. En el texto de Josefina nos cuenta que Orovio “aseguraba que el carácter metafórico del texto y el ocultamiento del motivo inspirador obedecía, ni más ni menos, a que la musa de Una Rosa de Francia, era la esposa de un importante personaje de aquella localidad”. ¿Vainas de Orovio? ¿O los carajitos se enamoraron de la mujer del jefe? Sea lo que sea, lo que sí puedo decir es que el pana Orovio siempre estuvo muy bien informado de los altos y bajos fondos, y ¡cuando decía que el burro es blanco, era porque tenía los pelos en la mano!... ¡Sobre todo si de faldas se trataba! Jajaja.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui