01/02/26. Cuando pienso en el sueño, pienso en las historias que nos relataban nuestras madres y abuelas. Me detengo en el andén esperando el metro y pienso en eso.
Matria, de ti somos y a ti vamos aunque te nieguen, te leemos a cada instante en los salmos ignorados de tu resurrección.
Tal vez una tarde vuelva de nuevo sobre la hoja y retorne la mirada de esa mujer con años dibujados en su rostro y vea empozadas heridas bajo esos ojos, tal vez sus manos me estarán sosteniendo como en los primeros días en que empezaba a balbucear, tal vez al fondo, un leve eco de tambores inaugure la mañana como en los tiempos de la escuela cuando el himno llegaba junto a los pequeños gatos que se acercaban a nosotros para darles de comer y lo hacíamos.
Nos quedábamos fijos con la mano extendida y aquellas lenguas breves como lijas empezaban a sacudirnos los cuerpos como ahora, cuando te pienso en las nuevas generaciones que salen con el afortunado alboroto recitando tu nombre en cada paso mientras arriba la nitidez de un cielo me invita a pronunciarte, pero yo estoy tranquilo escuchando el tren en dirección contraria, acelerado, es lo propio de esta época, me dice el viejo mientras abre la prensa y yo regreso a las heroicas historias que te vieron nacer mientras sigue el himno y un turpial, un azulejo, la paraulata cantarina y las tortolitas realizan su danza más allá de las batallas.
Todo empieza a nombrarte entre tus costas misteriosas, constante, única, ofrenda directa, ¿hasta cuándo podrán negarte? La redención de los mares te acerca, pero el mercado te aleja a cada instante. ¿Cuándo decidieron que tenía precio tu bondad? ¿En qué cáliz se vieron obligados a incinerarte por la mera intensión de hacerte nuestra?
Matria, de ti somos y a ti vamos aunque te nieguen, te leemos a cada instante en los salmos ignorados de tu resurrección.

POR BENJAMÍN EDUARDO MARTÍNEZ HERNÁNDEZ • @pasajero_2
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta