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DTMF

12/02/26. ¿Qué pasó entre 2023 y 2025, período que media entre su Nadie sabe lo que va a pasar mañana y esa extraña joya conceptual, Debí tirar más fotos (DTMF), que vino a marcar un cambio radical de la manera en que gran parte del planeta percibe a Bad Bunny?

 

 

¿Qué hay detrás? Es una pregunta incesante. ¿Marketing social, sensibilidad política o es que el tipo en realidad siempre fue un genio creador, pero andaba entretenido haciendo plata con algunas de las fórmulas más básicas del mainstream?

 

 

¿Cómo fue que saltó de amenazas machistas del tipo “Si te cojo coqueteándole a otro/ Ya verás que trompa' te voy a pegar”, o delirios sexuales al estilo de “si tu novio no te mama el culo/ pa eso que no mame”, a esa arena pacifista y reivindicativa que lanzó el domingo en que se convirtió en el primer artista en la historia de los premios Grammy en triunfar en el renglón Mejor álbum del año con un disco con canciones en español, y pocos días después, en el primer latino en participar en el medio tiempo del Super Bowl con un show casi absolutamente cantado en el idioma de Andrés Bello?

 

 

Son tantas las hipótesis que es posible aventurar algunas más: una abducción planetaria como en "Pluribus", la ruptura del viejo orden mundial que vaticinó el primer ministro de Canadá, Mark Carney, o el caos universal generado por los algoritmos.

 

 

Para bien y para mal, Benito Antonio Martínez Ocasio pasó de ser “el conejo malo”, un tipo odiado por quienes jamás se atrevieron a catalogarlo de artista, a una especie de héroe transnacional con medallas de revolucionario, al reivindicar luchas progresistas como la independencia de Puerto Rico (PR) y el combate a la gentrificación que viven la isla y muchos otros pueblos del orbe, donde ha encontrado un eco enorme que ha llevado a, como Medellín o México DF, a levantarse en contra de la segregación del espacio arrebatado por los poderes de los grandes capitales.

 

 

Incluso, se ha vuelto escudo ante una de las más agrias afrentas a la población latina en Estados Unidos, alzar su voz de manera frontal contra el ICE y el mandatario Donald Trump.

 

 

¿Qué hay detrás? Es una pregunta incesante. ¿Marketing social, sensibilidad política o es que el tipo en realidad siempre fue un genio creador, pero andaba entretenido haciendo plata con algunas de las fórmulas más básicas del mainstream?

 

 

Si bien aún utiliza un lenguaje inteligible, lleno de modismos y singularidades del idiolecto, sustituyó el metálico autotune por instrumentos como panderetas, cuatros, güiros y maracas que identifican ritmos tan puertorriqueños como la plena y la bomba, salsa y música jíbara, imprimiendo riqueza armónica y rítmica a DTMF. Temas como Nuevayol, Baile inolvidable, Lo que le pasó a Hawaii o Pitorro de coco, terminan exhibiendo desconcertantes matices del Caribe más típico, con letras que narran historias de desarraigo y amor al terruño, a la identidad y la cultura autóctona, acompañados de algunos invitados suficientemente comprometidos con la causa política de la liberación de PR como los postadolescentes Chuwi o el grupo folclórico Los Pleneros de la Cresta.

 

 

“De Borinquen, PR, archipiélago perfecto / En el mundo entero ya conocen mi dialecto, mi jerga / A mí me importa un bicho lo que a ti te vale verga /Aquí mataron gente por sacar la bandera / Por eso es que ahora yo la llevo donde quiera, cabrón” exclama en La mudanza.

 

 

Para entender el fenómeno Bad Bunny hay que despojarse de prejuicios. Su increíble ascenso desde que hace diez años era empaquetador en un supermercado y estudiaba en la Universidad de Puerto Rico, representa un hito en la historia de la cultura popular latinoamericana.

 

 

Un poco más allá de los estigmas, su impacto ha tenido un alcance global de gran importancia: ha generado un boom reivindicativo en la música joven, popular y urbana, que lo mismo se expresa en spanglish que habla con afecto de la patria.

 

 

Milo J desde Argentina, Rosalía en España o Aczino en México, son algunos ejemplos de cientos de artistas que están haciendo el mismo ejercicio: usar las leyes de la música urbana para imponer conceptos críticos, que cuestionan políticamente e incorporan la identidad de su folclore. Es decir, están asomando la cabeza en medio de la vorágine tecnológica y la uniformidad, para imprimir un acento propio, capaz de exhibir banderas de lucha social sin dejar de conectarse con la generación Z, entretenida con los juegos en línea y los reels de TikTok.

 

 

Para algunos, esto no es sino la derrota del buen hablar, el buen decir, y la música que eleva los sentidos y la conciencia. Para otros, es la única forma de llegar a las grandes mayorías “secuestradas” por la burbuja del consumo masivo.

 

 

Todo está cambiando vertiginosamente, quizás en saltos inimaginables por su alcance y velocidad. Probablemente aún no estamos en capacidad de comprender este momento histórico, siendo aún sus protagonistas.   

 

 

 


POR MARLON ZAMBRANO • @zar_lon

 

ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta

 

#Latinoamérica #BadBunny #Música #Resistencia

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