26/02/26. Cuando el estruendo de la fiesta comienza a ceder y las calles recuperan su paso habitual, queda en el aire una verdad que sólo el Carnaval se atreve a gritar. En nuestra región, este rito no es una pasarela para la juventud efímera; es el escenario donde la jerarquía se invierte y donde, por unos días, las mujeres que la sociedad insiste en invisibilizar bajo el rótulo de "abuelas", recuperan el trono que nunca abandonaron.
Envejecer y seguir siendo, una vez pasado el clímax del festejo, no es haber usado un disfraz. Es, precisamente, el acto de despojarse de la máscara de la vejez pasiva para mostrar el músculo de la memoria, la soberanía y el goce.
...el legado de Isidora, la fuerza de Totó y el giro de las Bahianas, es la vitalidad desafiante del placer... demuestran que envejecer es, en realidad, una destilación de la propia esencia: sólo queda lo fundamental, lo más puro y lo más potente.
Venezuela: El legado de "La Negra" Isidora
En El Callao, al sur de Venezuela, el Carnaval tiene nombre de mujer: Isidora Agnes. Ella no solo fue la líder de las comparsas, sino la guardiana de una dignidad cultural que hoy sigue presente en cada Madama que habita el espacio público. Ver a una mujer de ochenta años sostener con elegancia su turbante de colores, sus pesados collares de oro y sus faldas de infinitos metros de tela, es asistir a una transfiguración que desafía el paso del tiempo.
Isidora enseñó que la madurez es una posición de prestigio, no de retiro. La Madama de hoy, inspirada en su legado, porta sus joyas y su atuendo como una insignia de honor. Ella es la matrona que custodia la identidad de un pueblo, con una presencia de mando y un ritmo ancestral que fluye con naturalidad. Aquí, el paso de los años no se esconde; se celebra como el testimonio de una vida entera dedicada a mantener vivo el latido de su comunidad.
Colombia: Totó y el eco del Tumbao
Cruzando la frontera, en las riberas del Magdalena y en la mítica Barranquilla, la soberanía tiene la voz profunda de Totó la Momposina. Ella nos enseñó que la cantadora no envejece, sino que se convierte en ancestro vivo. Mientras el mercado global nos dice que el cuerpo femenino pierde vigencia con los años, las cumbiamberas de siete décadas ejecutan el "paso de la hormiga"con una maestría que la inexperiencia no puede imitar.
Lo revelador en el Caribe colombiano es esta estética de la sabiduría. Inspiradas en la fuerza de Totó, estas mujeres se niegan a "vestirse según la edad". Usan lentejuelas y tocados que desafían la gravedad con una elegancia que detiene el tiempo. Para ellas, la fiesta es un acto de libertad radical: el espacio donde dejan de ser "la madre de" o "la abuela de" para volver a ser las dueñas de su propio fuego.
Brasil: El giro sagrado de las Bahianas
Este mapa de mando se extiende hasta el Sambódromo de Río de Janeiro. Allí, la jerarquía no la dictan los cuerpos exuberantes, sino el Ala de las Bahianas. Estas mujeres mayores herederas del linaje de Tía Ciata, no desfilan para ser vistas, sino para bendecir el camino. Ellas representan a las figuras ancestrales de la cultura bahiana en Río de Janeiro. Su vestimenta es característica, con faldas grandes y redondas, y tienen una posición de gran honor, a veces actuando como un grupo de apoyo espiritual o tradicional en el desfile.
También está Velha Guarda “La Vieja Guardia” de fundamental importancia para las escuelas de samba. Sus miembros tanto hombres como mujeres, son guardianes de la identidad y tienen la misión de transmitir la historia a las nuevas generaciones, manteniendo vivas las tradiciones del Carnaval brasileño.
Al igual que en El Callao o en Barranquilla, en Brasil la figura de la persona mayor tiene el poder y jerarquía.
La insurgencia del goce: un acto de identidad
Lo que une el legado de Isidora, la fuerza de Totó y el giro de las Bahianas, es la vitalidad desafiante del placer. Todas ellas demuestran que envejecer es, en realidad, una destilación de la propia esencia: sólo queda lo fundamental, lo más puro y lo más potente.
Simbólicamente, el Carnaval es el único momento donde la sociedad permite que el caos y la verdad se den la mano. Pero la verdadera máscara no es la que se quitaron al terminar el desfile, sino la que el mundo pretende imponerles de nuevo: la de la fragilidad y el desuso.

POR KEYLA RAMÍREZ • @envejecer_siendo
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentint