26/02/26. Uno de los argumentos más utilizados en el cine, especialmente en el de terror, es la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y las sombras, donde ambas fuerzas ponen a prueba las virtudes de sus protagonistas. Pero, ¿qué hace especial a esta historia?
Sinners es mucho más que una película de terror: es un relato sobre la identidad, la resistencia y el precio de nuestros actos, todo ello envuelto en una atmósfera histórica fascinante.
Dirigida por Ryan Coogler, la película está ambientada en el delta del Misisipi de 1930, una época en que la segregación racial en los estados del sur de Estados Unidos era extremadamente dura, principalmente por las llamadas leyes «Jim Crow». Estas leyes recibieron el nombre de un actor blanco que, en aquel tiempo, ridiculizaba a la comunidad afrodescendiente mediante la práctica del blackface (maquillarse el rostro de negro para caricaturizar a las personas negras). En ese contexto, todo estaba separado: establecimientos, baños, fuentes de agua, y además estaba prohibido el matrimonio interracial. Muchos afroamericanos trabajaban en inmensas plantaciones de algodón y recibían como pago vales o pagarés que sólo podían canjear en los comercios que imponía el patrón.
De este modo, la historia se construye desde una realidad histórica muy concreta: la lucha de las minorías por resistir ante la adversidad. Porque incluso después de la abolición de la esclavitud, la comunidad afrodescendiente en Estados Unidos seguía siendo explotada por el «amo», que ahora recibía el nombre de «patrón». Se solía pensar que los estados del norte eran más flexibles con esta comunidad, pero nada más lejos de la realidad. Si bien no existían leyes segregacionistas como en el sur, el racismo operaba de otras maneras: no había lugares exclusivos, pero las zonas residenciales estaban claramente delimitadas y las oportunidades laborales para los afroamericanos eran escasas, pues solían ser los últimos en ser contratados.
De entre esos dos mundos surgen nuestros protagonistas: los gemelos Stack y Smoke Moore, interpretados por Michael B. Jordan en un doble papel bastante brillante. Ambos regresan al pueblo desde la ciudad de Chicago después de robar a un jefe de la mafia para el que trabajaban. Su intención es comprar un viejo aserradero a un hombre blanco y levantar una cantina, que planean inaugurar esa misma noche.
El título Sinners no es genérico; describe por sí mismo la idea de que no podemos huir de las consecuencias que traen nuestras elecciones. Pero cuidado: no debemos confundirla con una trama de vampiros tradicional. Aunque en la película aparecen elementos asociados a este género —como el ajo, las estacas de madera o la vulnerabilidad a la luz solar—, más allá de eso, Sinners representa el fenómeno de la apropiación cultural y la amenaza que suponían las leyes ya mencionadas.
Luego de comprar el aserradero, los hermanos Moore pasan en su coche a buscar a su primo Sammy, un muchacho apenas mayor de edad, hijo del hermano mayor del padre de los gemelos y pastor de la iglesia local. Sammy, apodado «el pastorcito», toca muy bien el blues con la guitarra que sus primos le regalaron años atrás: una Dobro Cyclops de 1932 que, según Stack, perteneció a Charlie Patton, una leyenda del blues del delta. Durante la inauguración de la cantina, los vampiros son atraídos por la música de Sammy, lo cual podemos interpretar como la manera en que la música —y en general el arte de los afroamericanos— ha sido arrancada de sus raíces para convertirse en un producto de consumo para otros.
Una frase que se repite en el filme dice: «Hay leyendas de personas que nacen con el don de hacer música tan auténtica que puede rasgar el velo entre la vida y la muerte, invocando espíritus del pasado y del futuro». Esta idea nos habla de la conexión espiritual y ancestral del blues para la comunidad afroamericana, así como de la futura apropiación por parte de aquellos que encontrarían beneficios en la expresión artística de un pueblo.
En definitiva, Sinners es mucho más que una película de terror: es un relato sobre la identidad, la resistencia y el precio de nuestros actos, todo ello envuelto en una atmósfera histórica fascinante.

POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta