Durante siglos la sociedad ha dictado normas, códigos, estatutos y reglamentos que definieron a la "esposa perfecta". Una mujer que obedece a su esposo, que se queda en casa a cumplir con los deberes del hogar y para cuidar a los hijos y las hijas; que los lleva a la escuela, a las consultas médicas o a las actividades extracurriculares; les ayuda en las tareas y deberes; que hace el mercado, les cocina tres o más veces al día; una mujer que carga con todo el peso emocional, estructural y organizativo de la familia y que no se queja al momento de atender en todos los sentidos, a su esposo, pese al agotamiento físico y mental.
Por si fuera poco, la esposa perfecta debe verse bien físicamente y cumplir con estereotipos de belleza para que el hombre "no la cambie por otra más joven y más bonita que le cumpla en la cama". Aunque eso no es todo, parte de esos estatutos sociales normalizaron la violencia machista nombrándola como: "problemas de pareja", exponiendo a las mujeres a ciclos de tortura que muchas veces desencadenan en femicidios.
Lo que estoy contándoles parece sacado de libros del siglo XIX o principios del XX, pero aún en nuestra época, hay quienes defienden la definición de la esposa tradicional (trad wife) o perfecta, como una de las formas de preservar el concepto de la "familia" ideal. Solo que en nuestro contexto a todo lo anterior se suma que las mujeres deben tener empleos para contribuir con los gastos en casa.
En algún momento fui la esposa perfecta y viví momentos de violencia psicológica, económica y patrimonial. Actualmente, después de años de formación, de concientización, de lectura, del acompañamiento de un círculo de mujeres amorosas y sororas, comprendí que debemos convertirnos en la esposa imperfecta: la que se rebela contra las reglas del sistema machista y patriarcal.
Ya chillarán muchos, pero, ¿qué no es ese término lo contrario a esposa perfecta?
Sin embargo, para poder ser la esposa imperfecta hay que estar acompañada por el esposo imperfecto: un hombre que no crea que su masculinidad está en peligro, por renunciar a los privilegios que el patriarcado que domina nuestro mundo le otorgó por el solo hecho de tener pene. Un hombre amoroso, respetuoso, que acompañe, colaborador, solidario, humano, solo debe ser, verdaderamente humano.
Después de esta introducción, les dejo un manual de cómo ser la esposa imperfecta.
No callar las violencias
Es lo primero que debes considerar para ser una esposa no tradicional, porque, aunque vivas con el hombre amado, eso no justifica que deba dolerte amarlo. Los gritos, el menosprecio, la humillación, el control sobre ti, los empujones, pellizcos, cachetadas, golpes, no son normales. Es necesario denunciar ante las autoridades; buscar apoyo en tu familia y si esta no te cree, las amistades, la comunidad, el trabajo, etcétera.
Tampoco calles los micromachismos. Conversar con tu compañero le permitirá comprender lo que te molesta.
¡Grita antes de que sea tarde!
Es cooperación y colaboración, no “ayuda”
Una esposa imperfecta no cree en los roles de género, los combate y exige combatirlos. Tu compañero no te ayuda en los deberes de la casa o en la atención de las infancias, incluso cuando están recién nacidas y toca madrugar o cambiar pañales. No es un apoyo, es su responsabilidad asumir tareas en el hogar.
Así como tú contribuyes en los gastos en servicios, ropa para los hijos o las hijas, provees de alimentos a la familia porque tienes ese deber, tu esposo también debe afrontar los deberes del cuidado, educación e higiene en casa.
Todo es cuestión de organización.
En lo emocional
Otro dato que aprendí sobre ser la esposa imperfecta es que los sentimientos y el afecto no son cuestión únicamente de mujeres. Si tienen niños juntos, debes tener en cuenta que papá no solo es proveedor económico; también debe contener emocionalmente al hijo o la hija.
El afecto no lo hace menos hombre, lo hace humano, lo hace un padre realmente presente.
Compartan el rol del amar.
Cargas mentales
Una mujer que no quiere ser perfecta según los reglamentos machistas, no debe cargar sola con todos los problemas y procesos del hogar. Desde la compra del botellón de agua, el pago del internet, o la cita de los niños con el médico es una responsabilidad que debe ser compartida con el compañero.
Las cargas mentales estresan y tú no te puedes estresar sola.
Resolver
La esposa imperfecta también resuelve los inconvenientes que se presentan en casa o la cenita en la pizzería. ¿Se dañó una tubería? No esperes por un príncipe azul. Si las sabes reparar, ¡échale pichón! si no, resuelve con el plomero de la comunidad. Tienen ganas de comerse una pizza o prefieres sushi pero tu compañero no tiene plata, bríndale si está al alcance de tu bolsillo.
Recuerda que no creemos en los estereotipos de género, pero, no siempre vas a resolver sola.
Si son un equipo, se trabaja juntos.
Son esposos, no almas gemelas
Tu espacio y tu libertad de ser son de las cosas a las que más debes aferrarte y cuidar. Una esposa imperfecta no pide permiso para salir con amigas o para tomarse unas birras; tampoco para ponerse un short, la falda más corta que tienes en el clóset, ni para maquillarse o pintarse y cortarse el cabello.
Si tienen hijos o hijas, pero quieres tomarte un tiempo a solas o con amistades, planificarlo con tu compañero días antes, no debería representar un problema.
Él tiene su tiempo y espacio, aprovecha también tu individualidad.
¿La heroína de la familia?
La sociedad dice que somos de una fuerza inagotable, guerreras, sacrificadas, porque nuestro amor por el esposo e hijos es tan grande como el universo y así se han inventado un montón de poemas y canciones dedicadas que romantizan la explotación de las madres.
Una mujer que es madre y esposa y, además, es imperfecta, no carga con todo el peso que supone una familia, ni porque su amor sea cósmico. No eres egoísta si te priorizas; no amas menos si le das importancia a tu salud mental y física. Cuando tienes la menstruación, estás enferma o muy agotada y decides descansar, puedes, en acuerdo mutuo, delegar todas las tareas a tu esposo.
No eres la mala de la película, eres una persona con derecho a sentirse bien.
Tú también quieres sexo
Sin prejuicios, porque el deseo carnal no es cosa de machos. Tú también quieres tener sexo y puedes calentar la plancha. Eso sí, seas tú o sea él quien inicie el juego, siempre debe haber consentimiento.
Tu esposo no te puede despertar a las tres de la mañana, porque en un sueño se le paró "el que te conté" para obligarte a tener relaciones. Eso es abuso o violencia sexual, así lleven veinte años juntos.
¡No es no!
Este manual está pensado para la liberación de las mujeres que son ese músculo de la familia que nunca para de trabajar aunque haya llegado a su límite, porque se les impuso un rol como parte de la masa esclavizada para que funcione el patriarcado.
Aquí están manifestados derechos que durante siglos hemos exigido en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Solo pedimos vivir una vida libre de violencias y que los hombres nos reconozcan como mujeres que acompañan, que aman, que sienten. Que nos reconozcan como humanas.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz