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‎Entrevista a Nicolás Agüero: "La cultura se transmite con el ejemplo"

Nicolás Agüero, Patrimonio Cultural de Caracas, recibió el Premio Nacional de Cultura con humildad. Para él, la cultura está en la calle y el barrio, no en los museos.

Nicolás Agüero, Premio Nacional de Cultura de Venezuela (2024), es mucho más que ese reconocimiento. Maestro, músico, cantor, restaurador, investigador del juguete tradicional y patrimonio cultural de Caracas, Agüero ha dedicado su vida a sembrar conocimiento y ternura en cada comunidad que pisa. En esta conversación, nos habla de sus inicios, de los encuentros de "Los Sueños", de su vínculo con creadores como Alí Primera y Zobeida, y de la importancia de no dejar morir las tradiciones.

1: Nicolás, esa pasión por enseñar, por compartir, parece venir de muy niño. ¿Cómo nacen esas ganas de ser maestro?

Nicolás Agüero: Sí, hermano, eso viene desde chamito. Yo me acuerdo que en el colegio aprendía algo, y al llegar a mi barrio, al 23 de Enero, ya estaba buscando a mis amiguitos para enseñarles. Mi papá me compró un pizarrón y ahí yo les daba clase a todos los vecinos. Mi mamá nos hacía dulces y todo era una fiesta. Siempre fui el maestro del barrio. Esa chispa la traigo de fábrica. Después, ya más grande, estudié música, soy profesor de pentagrama, y he trabajado con niños toda la vida. Pero esa conexión con el chamo, con el barrio, con lo sencillo, es mi escuela principal.

2: Cuéntanos de ese primer encuentro con Alí Primera, y cómo nace la idea de "Los Sueños", esos encuentros culturales que han recorrido el mundo.

Nicolás Agüero: Mira, cuando Alí muere, nosotros, un grupo de la Universidad, fundamos el Comité Alí Primera. Y de ahí, con un montón de poetas y cantores como Carlos Angulo, Guilmer Peraza y Pompeyo Santaliz, dijimos: "Vamos a leer poesía y a compartir en el campo, lejos de la ciudad". Así nació el primer "Sueño" en Cubiro, estado Lara. Y de repente, eso creció, hermano. Hicimos "Sueños" en toda Venezuela, y luego en Colombia, en La Habana, en Argentina... Era una experiencia bonita porque era en el campo, con la gente del pueblo. Allí conocimos y promovimos a muchos artistas que hoy son reconocidos. Fue un trabajo sostenido de más de 30 años, hecho con el corazón.

3: A pesar de ese mundo de poetas, tú dices que no te consideras poeta, que lo tuyo son las canciones. ¿Dónde está la diferencia para ti?

Nicolás Agüero: (Risas) No, si mi mamá es poeta. A mí la poesía declamada no me llama. Yo lo que hago son canciones. Las escribo, les pongo música y la gente las canta conmigo. Pero ha pasado algo curioso: muchos intelectuales me han escuchado y me dicen: "¡Nicolás, pero eso es una poesía!". Como una canción que le hice a Zobeida, que te voy a contar. Para mí es una canción, pero si la lees sin música, pues será un poema. Al final, será que las canciones son poemas que se cantan, ¿no? Pero yo me siento más cómodo con mi guitarra y mi maraca, compartiendo con la gente.

4: Háblanos de Zobeida. Sabemos que fue una figura fundamental para ti, casi una madre. Y le compusiste esa canción que es un poema de ternura pura.

Nicolás Agüero: Ay, Zobeida... Cuando murió mi mamá, yo necesitaba ese cariño de madre, y Zobeida lo llenó todo. Ella es esa mujer que ves rodeada de flores, con sus manos maravillosas haciendo muñecas de trapo. Un día, en un encuentro, me pidieron que hablara de los intelectuales y yo, en vez de eso, dije: "¿Quién no ha visto una muñeca de esas de Zobeida? No puede hablar de ternura quien no conozca a esa negra". Y empecé a cantarle: "Zobeida y Eusebia viven siempre rodeadas de flores. Sus manos maravillosas moldearon mis amores. Los pedacitos de trapo de todos los colores andan volando por ahí..." Eusebia es la muñeca más vieja que tiene. Eso no es poesía, es el cariño hecho canción.

5: Hablemos de tu faceta como restaurador y de ese hallazgo increíble del libro en la basura, que luego se convirtió en exposición.

Nicolás Agüero: (Risas) ¡Ah, sí! En la pandemia, yo salía a buscar cartón y madera para reciclar, porque también soy restaurador de muebles. Un día, por la avenida Tamanaco, veo una bolsa de libros viejos tirados. Me llamó la atención uno: "Comportamiento Sexual Relativo a Perú". Lo llevé a casa, me puse a leerlo y me pareció increíble. Le pedí ayuda a mi amigo Víctor Ramos, que es rector de la Universidad, y me dijo que esos antropólogos eran importantísimos. Entonces, decidí hacer una exposición con el libro y con mis juguetes de madera. Y fíjate, lo más bonito fue que, cuando la expuse, yo llevaba a los niños del barrio a cantar, a tocar maraca, para romper con la cosa seria de la inteligencia. La cultura es eso, compartirla con el chamo.

6: Esa conexión con el juguete tradicional es otra de tus grandes pasiones. ¿De dónde nace?

Nicolás Agüero: Eso viene de un abuelito carpintero que vivía al frente de mi casa, en el 23 de Enero. Yo era un carajito y mi mamá me mandaba a llevarle café. Me quedaba horas con él, limpiando la viruta. Un día me montó en el torno y me enseñó a hacer mis propios juguetes: carritos, zarandas, todo de madera. Por eso, para mí el juguete es sagrado, es la historia de nuestros abuelos. Hoy en día, lamentablemente, los niños no saben lo que es una zaranda o un burrumango (la pepa de mango). Los maestros jóvenes tampoco lo conocen. La misma dinámica social, el apuro, el celular, ha roto esa transmisión de padres a hijos. Y eso es grave, porque es nuestra identidad.

7: Este año te llegó el Premio Nacional de Cultura. ¿Qué significó para ti, que dices no andar pendiente de esas cosas?

Nicolás Agüero: Mira, yo nunca me he inscrito para un premio. Este año la misma gente me insistió, pero no lo hice. Resulta que me postularon: el antropólogo Julio Parra, Mariaca, ocho diputados de la Asamblea Nacional, siete alcaldes, la Universidad Simón Rodríguez... ¡más de 200 personas! Yo no sabía que tenía tanta familia. Fue una muestra de respeto y cariño impresionante. Cuando me avisaron, lo primero que vi fue que también premiaron a otros grandes amigos que se lo merecen. Por eso dije que este año el premio fue muy equitativo. Yo no me lo esperaba, pero lo recibo con humildad, como un reconocimiento a 40 años de trabajo, no al nombre de uno.

8: Para terminar, con toda esa trayectoria, siendo Patrimonio Cultural de Caracas, Premio Municipal y ahora Nacional, ¿qué mensaje le darías a las nuevas generaciones de cultores y a la juventud?

Nicolás Agüero: Lo principal es que mantengan la cultura y que tengan constancia en el trabajo. Esto no es de un día. Pero también, que entiendan de dónde venimos. A veces parece que la gente ya no tiene abuelos. Yo les digo a los jóvenes: pregunten, investiguen, jueguen como jugaban sus abuelos. No dejen que se pierda la memoria. Porque si no sabemos qué es una zaranda o por qué Zobeida hacía muñecas, estamos perdiendo un pedazo de nuestra alma. La cultura no está en un museo, está en la calle, en el barrio, en el juguete que hacemos con desechos y en la canción que le cantamos a un amigo. Hay que vivirla y compartirla todos los días.

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