26/03/26. Dirigida por Kasi Lemmons, Harriet (2019), no sólo es un biopic histórico; es un homenaje a la fe y a la resiliencia humana. La película sigue a Araminta “Minty” Ross, quien huye de la esclavitud en 1849 tras una amenaza de venta, recorriendo más de cien kilómetros a pie hasta la libertad en Filadefia.
…yo fui una conductora que nunca hizo descarrilar su tren y que nunca perdió ni a un solo pasajero..
Y… ¿qué mejor manera de conmemorar los 172 años de la abolición de la esclavitud que se conmemoran este mes que teniendo bajo la lupa para nuestra programación el vistazo de este film?
En este contexto, es imposible mencionar a Harriet Tubman sin destacar su valiente papel como una de las líderes más influyentes en la lucha contra la esclavitud. Como una verdadera Moisés moderna, Tubman guió a innumerables personas y liberó a centenares de esclavos en Estados Unidos, dejando un legado imborrable en la historia de la igualdad y la justicia.
La figura de Harriet Tubman no es excesivamente conocida. Sin embargo, en Estados Unidos goza de gran popularidad. Tanto que en 2016 Obama anunció que su rostro sucedería al de Andrew Jackson, séptimo presidente de los Estados Unidos, en los billetes de 20 dólares. Aunque la llegada de Donald Trump a la presidencia hizo que este proyecto se paralizase.
Esta historia demuestra cómo la figura de Tubman forma parte del colectivo americano. Y no es para menos, pues su historia es realmente apasionante. Araminta Ross (cambiaría su nombre por el de Harriet Tubman tras casarse con John Tubman, un hombre negro libre) que nació en el seno de una familia numerosa de esclavos, alrededor de 1822 en Maryland.
Su infancia fue difícil destinada por su condición de esclava a servir. Azotada y maltratada a menudo, al empezar la adolescencia, Harriet se vio envuelta en un incidente entre un esclavo huido y su propietario a resultas del cual sufrió una fractura de cráneo. Esta grave herida le provocaría ataques parecidos a la epilepsia y pérdidas de conciencia durante toda su vida.
En 1849, convencida de que iba a ser vendida y separada de su familia, Tubman intentó escapar con dos de sus hermanos. Estos se arrepintieron y decidieron volver para seguir siendo propiedad de los Brodess. Pero Harriet no se resignó e intentó de nuevo la huida poco después. Esta vez, sola.
Tras recorrer más de cien kilómetros por caminos secundarios, bosques y áreas pantanosas, llegó a la frontera con Delaware, un estado abolicionista. Allí, según explicaría a su biógrafa Sarah Bradford, “me miré las manos para ver si era la misma persona. Ahora era libre. Fue un momento glorioso: el sol se filtraba como oro a través de los árboles y me sentí como si estuviera en el cielo” -fueron sus palabras-.
Tubman y el ferrocarril clandestino
Movida por la nostalgia de su familia y su sentido de la libertad, Tubman regresó al año siguiente a Maryland para liberar a su sobrina y a los dos hijos de ella, a punto de ser vendidos a nuevos amos. Harriet repetiría este tipo de incursiones en al menos otras doce ocasiones. Se calcula que en total llegó a liberar a unos setenta esclavos, casi todos ellos familiares o amigos, y a dar indicaciones precisas para que otros tantos alcanzaran la libertad. Todo ello sin saber leer ni escribir lo cual no logró aprender a lo largo de su larga vida de más de noventa años.
Para el tiempo en que Harriet Tubman hizo su última incursión en Maryland en 1860, su figura era ya muy reconocida como una de las principales conductoras del Ferrocarril Clandestino.
Esta red de activistas abolicionistas no tenía ninguna estructura fija, ni una coordinación centralizada, pero se conocía como tal por los términos ferroviarios en clave que usaban sus miembros. Así, los senderos que utilizaban para conducir a los esclavos huidos eran los raíles. Las casas, bosques y otros escondrijos en los que los esclavos se refugiaban eran las estaciones. Las personas que guiaban o escondían a los fugitivos eran los conductores.
Muchos años más tarde, Harriet Tubman explicaría, refiriéndose a estos años: “Yo fui una conductora que nunca hizo descarrilar su tren y que nunca perdió ni a un solo pasajero”.
Una luchadora hasta el final
Tras la guerra civil, Harriet Tubman se estableció en Auburn, estado de Nueva York, junto con su familia aunque nunca dejó de luchar por el progreso de los derechos humanos por lo que en Auburn, Tubman se implicó en el movimiento sufragista en favor del voto femenino y fundó un hogar para acoger personas afroamericanas enfermas y ancianas.
Harriet murió en Auburn el 20 de marzo de 1913 y fue despedida con honores militares en el cementerio de Fort Hill, donde descansan sus restos mortales.
Podríamos dejarlo hasta aquí, pero terminar esta nota sobre el film que llevó a la pantalla la vida de Harriet Tubman sin recordar que la esclavitud contra la que luchó no fue sólo un hecho histórico, sino una terrible realidad, sería traicionar su memoria y la de los laboriosos esclavos que tras años de feroz lucha lograron abolir la escalvitud. Proceso de lucha que en nuestro país, finalmente, un 24 de marzo de 1854 alcanzó el decreto definitivo de la abolición de la esclavitud, logrando el fin de esa odiosa herencia colonial que se mantuvo intacta a pesar de las instituciones republicanas.

POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta