10/04/26. En La Candelaria, una de las parroquias más fluidas de Caracas, el tránsito de la gente encuentra en las esquinas una pausa: la de los yerbateros. Manueal Govea y Berta Torres no solo comercializan plantas, especias y medicina natural, se convierten en confidentes, consejeros, una mano tibia para aliviarte un malestar gripal o estomacal.
...el yerbatero y la yerbatera no solo vende: orienta, filtra posibilidades y ajusta la recomendación al cliente.
Sus mostradores albergan aromas que llenan el aire, el remedio, el ungüento para el pecho, el té para domir que se transmite como práctica cotidiana, conocimiento heredado y testimonios que se vuelven memoria.
Manuel Govea: “He salvado a mucha gente…”
A pocos pasos del trajín diario, cerca de un agitado Sambil, Manuel Govea, un adulto mayor proveniente de Portugal, sostiene su oficio a punta de madrugadas. Adquiere las plantas al mayor en el mercado de Coche, a donde se traslada una vez por semana a las tres de la mañana. Su punto lo atiende desde hace nueve años, en ese mismo rincón donde el tiempo hace parte del inventario.
Entre las ocho de la mañana y las doce del mediodía se activa en la esquina. Hay quienes llegan por un remedio puntual y quienes le preguntan qué pueden llevar para su necesidad.
Dice que ha salvado a mucha gente. Durante la pandemia vendió malojillo, jengibre y toronjil, que eran las hierbas que más recomendaba a las personas que le compraban. La confianza en el remedio les ayudó a superar tanto la enfermedad como las secuelas de la enfermedad respiratoria.
Manuel también vende manzanilla, romero, cúrcuma, orégano, menta, picante, jamaica y otras ramas que sobresalen de la vitrina improvisada, además, empaquetadas en bolsitas. El catálogo, sin embargo, no se completa con lo que se ve sobre la mesita de madera que se sostiene de la pared. Se completa con la conversación.
Berta Torres: Tu salud al natural
Berta tiene aproximadamente once años en el oficio de la yerbatería, y ese tiempo lo ha construido también en una esquina de La Candelaria, específicamente frente al Todo Baratico. Trabaja con plantas medicinales y asegura que no “vende por vender”, sino para acompañar. Para ello, dice que debe entender qué necesita la persona que la busca, su necesidad, su preocupación, incluso, sus síntomas.
Lo que más disfruta esta yerbatera de su oficio es el servicio. Sostiene la idea de que la gente busca más que un producto. Por eso, ella busca ser útil, ofrecerse como ayuda y asistir cuando hace falta.
“Hay personas que no pueden comprar medicamentos”, expresa. En esos casos, las plantas parecen convertirse, como ella lo manifiesta, en una opción, pero “no es la idea reemplazar al medicamento ni sustituir el consejo médico”, indica, sino ofrecer una vía que acompañe.
El oficio de Berta ha avanzado y ya no es solo un puesto de trabajo; es un puente entre el conocimiento y la necesidad. Ella misma ha hecho investigaciones sobre las propiedades químicas y medicinales de las plantas que vende para elaborar mezclas que vende empaquetadas también en bolsitas. Tiene para el estrés, la ansiedad, malestares estomacales, para la próstata, para el deseo sexual y otros remedios en los que ha trabajado durante años, para ofrecer un producto natural y efectivo a su clientela.
No obstante, Berta llama a ser prudentes con el consumo de medicinas naturales que pueden llegar a ser tóxicas si se usan las cantidades incorrectas. Ella afirma que no todos los que venden hierbas están calificados para recomendar una planta o un remedio. Por esa razón, sugiere consultar con especialistas antes de decidir qué medicina natural se va a tomar.
En La Candelaria, el yerbatero y la yerbatera no solo vende: orienta, filtra posibilidades y ajusta la recomendación al cliente. En esas esquinas el ajetreo se transforma en una charla que invita a apreciar la labor de quienes se toman el tiempo para brindarte alivio aprovechando lo que la naturaleza nos da.

POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta