Nunca desperdiciaré mis sueños por
quedarme dormido. Nunca más
Eugenio Ionesco
23/04/26. La serie Stranger Things se convirtió en un clásico según el gusto y criterio de mucha gente. En este texto nos vamos a conformar con el título, y para peor cosa en español. En estos días se ha hecho frecuente en oficinas y centros de atención que alguien pregunta algo parecido a: “pero ¿por qué si siempre se ha hecho así, ahora se hace asao?” y recibe una respuesta acompañada con un gesto “significativo” señalando hacia arriba, bien con los ojos, la quijada o los labios: “tú sabes… están pasando cosas extrañas”. Quien hace la pregunta asiente con un gesto de comprensión y dice: “Ah, entiendo”. Los interlocutores comparten una mirada elocuente con un leve, levísimo gesto de asentimiento.
Quién tiene interés en que dure esta incertidumbre? No lo sé. No tratemos de saberlo. Dejemos las cosas como están.
No sé si tanta teatralidad ante un cambio de procedimiento en una gestión rutinaria es una manera de no olvidar que nos bombardearon, secuestraron a nuestro presidente y nos están robando un realero; o es para decir que los invasores, directamente desde el Pentágono, cambiaron la forma de hacer el trámite. No se sabe qué tan arriba indica el gesto.
Esta conversación es una de esas cosas extrañas producto de una situación donde percibimos que “algo huele mal en Dinamarca” aunque no sabemos dónde está esa Dinamarca o a qué huele específicamente.
Ocurrió un algo extraño en estos días: una gente se fue hasta la embajada de los señores de las bombas a pedir aumento de sueldo. Entonces, se hace más difícil determinar dónde está ese mal olor. Tampoco se logra saber si reír o llorar, o si esas personas fueron “inocentemente” a declarar como sus legítimos jefes a los ocupantes de la embajada o creyeron que iban a provocar una crecida salarial… “¡y en dólares, papá!“.
Pregúntenle a Einstein qué es más seguro de ser infinito que el universo mismo.
Cuando el señor y la señora Smith por fin caen en cuenta de que, si viven en la misma casa, duermen en la misma habitación, que ambos tienen una hija con un ojo de color rojo y el otro blanco quiere decir que son esposos, lo hacen con alborozo y harto asombro.
Un instante después otro personaje entra a escena y dice sotto voce que el color de los ojos se invierte en cada hija. Ellos, añade, no lo han notado. Agrega para terminar su revelación: ¿Quién tiene interés en que dure esta incertidumbre? No lo sé. No tratemos de saberlo. Dejemos las cosas como están. (Da algunos pasos hacia la puerta y luego vuelve y se dirige al público.) Mi verdadero nombre es Sherlock Holmes. Sale.
¡Cosas extrañas!

POR RODOLFO PORRAS • porras.rodolfo@gmail.com
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancoru