04/05/26. Mira, chamo, hablemos claro. La pornografía está a un clic, ¿sí? Y en Caracas, en Pekín o donde sea, el asunto no es satanizarla ni hacerse el santo. El problema no es ver una vaina de vez en cuando. El problema es cuando esa pantalla empieza a dictarte cómo debe ser el sexo, cómo debe verse tu cuerpo o por qué tu pareja no “rinde” como en los videos.
El poder lo tienes tú, no la pantalla. Porque el sexo más sabroso siempre será ese donde decides libre, sin culpa ni compulsión.
Los expertos de verdad llevan años con la misma cantaleta: no existe un número mágico de veces por semana que sea “saludable”. La línea se dibuja cuando el porno te empieza a quitar cosas. Cuando te genera culpa, ansiedad o esa sensación fea de que no estás a la altura. Cuando prefieres una pestaña de incógnito a estar con tu pareja o, peor aún, cuando empiezas a necesitar contenido más fuerte, más raro o más extremo para sentir lo mismo.
¿Y el sentido común? El mismo que te dice que una película de acción no te enseña a manejar. El porno es ficción, pana. Actúan hasta los gemidos. El sexo real tiene pausas, risas, se habla, se pregunta “¿te gusta así?”. Tiene silencios incómodos y cuerpos con celulitis, panza y pelos. Eso no sale en los videos.
Pero no todo es malo. Una educación sexual real en las escuelas, sin tapujos, enseñando esto mismo, sería la mejor vacuna. Y para los adultos que ya consumen, la clave es aprender a mirar con lupa: separar lo actuado de lo real, desechar los mitos del consentimiento automático o el rendimiento perfecto.
Al final, lo saludable es lo que te deja tranquilo, conectado contigo y con los demás. Si sientes que el porno ya te ganó la partida —que necesitas verlo para dormir, que afectó tu deseo real o que fallas en el trabajo por estar pensando en eso—, no te quedes callado.
Busca ayuda profesional. Un psicólogo no te va a juzgar. Habla con alguien de confianza. Apúntate a un grupo de apoyo online si en tu ciudad no hay. Y sobre todo, date chance de probar 30 días sin nada, sólo para escucharte a ti mismo.
El poder lo tienes tú, no la pantalla. Porque el sexo más sabroso siempre será ese donde decides libre, sin culpa ni compulsión. Un abrazo, mi pana.

POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta