15/05/26. Siendo honestos, a muchos nos educaron para creer que la maternidad es el destino natural de las mujeres, que el reloj biológico es una cuenta regresiva, y que después de cierta edad la pregunta obligatoria es “¿y para cuándo los hijos?”. Pero con los años, mirando de cerca lo que viven nuestras compañeras, amigas o hermanas, uno empieza a darse cuenta de que nos vendieron una postal.
...lo que podemos hacer es escuchar, acompañar, no minimizar y dejar de replicar esa presión absurda. Porque la felicidad femenina no se mide en hijos, sino en poder decidir.
Hablemos claro, la maternidad no es solo la foto del recién nacido envuelto en una mantita, el olorcito a bebé y el milagro de una nueva vida. También son noches sin dormir que se vuelven semanas, un ser humano que queda agotado y a veces resentido para siempre. Es fatiga que no se quita ni con café, esa ansiedad constante de si la criatura está bien, si come, si llorará otra vez. Y eso sin entrar en lo que nadie nombra con naturalidad, la depresión postparto que afecta a una de cada siete madres, pero seguimos tratándola como un tabú. “No chica, eso es hormonal”, dicen algunos. Pero no, es una realidad médica y emocional que se minimiza porque la imagen de “madre abnegada y feliz” no se puede romper.
Y luego está el otro desgaste, el silencioso, el truncamiento de objetivos. Cuántas mujeres hemos visto dejar estudios a mitad, posponer un ascenso, no tomar algún trabajo. Todo porque los cuidados del bebé, aún hoy, siguen cayendo principalmente sobre ellas. Mientras muchos hombres seguimos con nuestra vida casi intacta respecto a nuestras carreras y empleos, incluso, en lo social, ellas cargan con la doble jornada, trabajar afuera y trabajar en casa... Y ojo, no es culpa del bebé, es culpa de una organización social que aún espera que la mujer lo sacrifique todo por el ejercicio de un rol que va más allá de lo biológico.
Porque hablemos de las libertades. Una madre soltera o con pareja rara vez puede salir sin planificar con días de anticipación. Una mujer sin hijos puede tomar un morral y perderse un fin de semana; una madre tiene que buscar quién cuide, justificar cada hora fuera, sentirse culpable de “disfrutar sin ellos”. Se pierde quizá, autonomía, la espontaneidad, el tiempo para sí misma, la capacidad de estar a solas con sus pensamientos. Y eso, aunque muchas lo hacen con amor, no deja de ser una pérdida real.
Por eso y muchas otras razones, es importante abrir la mente y tener claridad de lo implica para ellas la maternidad. No para asustar a nadie, ni para decir que ser madre sea malo, hay mujeres increíblemente felices con su decisión, y qué bien. Es para dejar de imponerlo como el único camino, para que cuando una mujer diga “no quiero tener hijos”, no tenga que dar explicaciones; para que cuando otra diga “oye estoy cansada y esto es más difícil de lo que creia” no le respondan “pero mira ese bebé, vale la pena el sacrificio”.
Como personas con un mínimo de empatía, lo que podemos hacer es escuchar, acompañar, no minimizar y dejar de replicar esa presión absurda. Porque la felicidad femenina no se mide en hijos, sino en poder decidir.

POR JOSÉ MANUEL PÉREZ • @manudanph
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta