Crónica de una movida que no muere.
Y es que el mundo se traga el streaming por delivery, una entrega cualquiera a un click, pero en Caracas, hay una tribu (por llamarle de alguna manera) que todavía respira por el surco. Vendedores del puente de las Fuerzas Armadas, psicólogos octogenarios que en una jerga exclusiva se hacen llamar "caimanes", panas que nunca vieron una tornamesa y un artesano que convierte discos invendibles en relojes. Pero... ¿Esto es lo que queda (y lo que rebota) del vinilo en la capital?
En el puente la música no divaga en formatos
Debajo del puente de las Fuerzas Armadas, Frank, en un kiosko con varias mesas plegable y cajas de cartón llenas de discos, no se mueve. "La mayoría de los discos que uno consigue hoy vienen de personas que emigraron o fallecieron", suelta. "La familia viene aquí, vende. Este puente es de las pocas fuentes principales donde tú dices, voy a buscar el LP."
A su lado están Pancho (el que compra libros y con eso se mete a las casas a sacar música), Nene y Paticha. En total, "como seis puestos". Discos desde dos dólares. "La gente busca salsa, rock, lo que caiga". No hay tiempo para regateos finos. La ley aquí es otra.
"Yo les digo caimanes"
Mene tiene 80 años, es psicólogo, viajó por el mundo y hoy dice que su única terapia es la música. "Si no me vuelvo loco", se ríe. No vende: colecciona. Y a sus colegas les dice "caimanes". "Porque el caimán está ahí, esperando que el venadito vaya a beber agua para lanzarse. En esto hay ley de la selva. El que agarra primero, agarra lo mejor".
Mene prefiere el CD por espacio, pero sabe la historia, el LP reinó hasta los 80, el CD lo mató por práctico, y ahora los jóvenes vuelven al disco grande como si fuera la partida de nacimiento de la música. "El mejor sonido lo tiene el LP. Ese sonido característico, con sus scraches, nunca muere".
Y suelta nombres de tiendas fantasmas: Recordland, Discocenter, el local de Carlos Suki en Las Mercedes, donde le daban 35% de descuento. "Llegó la debacle. Carlos Suki traía música como usted no se da idea. Pero no pudo más".
Ferias: el rito dominical
Si el puente es el mercado negro del hallazgo, las ferias son la catedral. Mene enumera: "Museo del Transporte todos los domingos. Centro Líder los últimos sábados, en la terraza. Allí hay siete expositores. También en Club Chacao, Bellas Artes... antes se ponían en fila india".
Richard, otro vendedor del puente, sentencia: "El vinilo nunca ha pasado de moda. La demanda ha subido más del 30%". Y los chamos de 20, 25 años compran discos sin tener ni tornamesa. "Es el objeto de deseo, lo análogo. El sonido sucio, el que realmente atrapa".
¿La salsa? "La compra una persona muy específica, muy adulta. La salsa clásica de Fania", dice Mene. No es un género menor, pero sí más acotado.
Donde el vinilo no se vende, se baila y se vive
Porque la movida no solo está en las cajas. En San Bernardino, dentro de El Marchante, el DJ y locutor Manuel González ("Data") arma Colección Privada, noches de rock, salsa y funk en vinilo, sin pantallas. En Catia, Omar Viñas convirtió su casa en El Dealer, un hub cultural subterráneo donde caen artistas, coleccionistas y hasta embajadores. "Es como un living room con 8,000 discos de fondo".
Las ferias Vinylzuela y Caracas Calling (Museo del Transporte) ya tienen DJs en vivo solo con vinilo. Suenan DJ Matshita, T-Dah DJ, DJ Luvini, DJ Dorkas, DJ Clinex. Y en Chacao hay bares que le entraron a la onda análoga. DJs como INARE, Ender Royers, Carlos SLM y Dylan J mantienen viva la tradición de mezclar con tornamesas. Como dice Frank, "El DJ de vinilo se niega a desaparecer".
No es solo nostalgia, es revolución: la mirada de Skyler
Skyler Blanco es selectora. De digital y de vinilo. Hace 12 años que pincha, pero hace apenas uno y medio que se montó en una cabina con puro disco análogo. Y lo que ella ve es más grande que un simple "regreso". "Es un tema generacional", suelta sin miedo. Sus papás y familiares siempre tuvieron discos, y esa herencia obviamente la marcó. Pero ahora ella es la que influencea a sus sobrinos. El vinilo está volviendo, sí, pero también el CD, también los cassettes. Y lo brutal es que las nuevas tornamesas traen USB y conexión a internet. "Podemos escuchar estos tres formatos en cualquier generación", dice.
Skyler no vive en el pasado. Le interesa lo que suena hoy. Nombra a Rawayana y a Arca como artistas venezolanos de la nueva ola que han apostado por el vinilo. Ella es amante del ska, el reggae, el rhythm & blues, los sonidos afrocaribeños y afrovenezolanos. Su curaduría es sobre música negra, con corriente negra. Y su mensaje final es claro: el vinilo no es una vitrina para viejos, es una puerta para que los carajos descubran y reconozcan "los sonidos de antes y los sonidos de ahora". Por eso recomienda tres lugares infalibles en Caracas: Altoque Records en el Concresa, el puente de las Fuerzas Armadas (el de Frank y los caimanes) y El Marchante en San Bernardino. Ahí se consiguen discos, equipos y hasta tornamesas para seguir haciendo ruido.
Gabriel Guerra, artesano del rock
Gabriel es Retrovinylvzla. No solo vende rock anglosajón, progresivo, jazz fusión (nada de Julio Iglesias, aclara). También agarra los discos "invendibles" – los que nadie quiere – y los convierte en relojes artesanales. "Les doy una jubilación digna", explica mientras se le quema una arepa. "Los pico a mano con logotipos de banda. Un reloj cuesta 20 dólares. Aunque no tenga sonido, tu mente ya te transporta a la música".
Gabriel tuvo su programa "Artesano del Rock" en la radio Asram y un canal de Youtube. Y tira la frase perfecta: "El vinilo está de moda porque pasó de moda". Esa paradoja hace que un chamo de 20 busque un disco de Pink Floyd anterior a su nacimiento.
¿Delivery o restaurante fino?
Gabriel compara el streaming con pedir delivery, y el vinilo con ir a un restaurante fino; "Llegas, te sientas, ves la música en vivo, el ambiente... el delivery te llega a tu casa, comes, pero no disfrutas la experiencia completa". El vinilo es ritual; sacar el disco, limpiarlo, poner la aguja, leer la contraportada. El algoritmo no puede con eso.
¿Moda pasajera?
Los números dicen que no. Richard dice, más de 30% de demanda. Gabriel, siete expositores fijos en el Centro Líder. En cuanto al puente, sigue siendo un bazar donde un Led Zeppelin puede valer dos dólares y cambiar de manos entre un viejo caimán y un adolescente con un sueño.
Quedan nombres como Pedro Racco en el CCCT, importando vinilos sellados de Europa hasta en 60 dólares (precio de locos para el sueldo base, pero los fanáticos extremos pagan). Joel Morales, cliente de Gabriel. Omar Viñas moviendo la escena desde Catia.
Y quedan los caimanes. Esa hermandad que se conoce toda, que se avisa cuando llega un lote, que compite y celebra. Como dice Mene, "Todos los que estamos en esto nos conocemos".
Esa es la última rareza del vinilo en Caracas, una ciudad donde se haya gente, que aún se reconoce por la música y la exclusividad de éste formato, que se encuentran debajo de este puente, que esperan como caimanes, que arman fiestas en casas de Catia, y que cuando sale un disco bueno, pelan los ojos y sonríen.
Porque al final, como remata Gabriel mientras desayuna con su arepa: "La mente tiene tantos recuerdos olvidados... y de repente oyes una banda y dices: 'Esta no la había visto desde tal momento'. Y no te acuerdas quién la tocó, pero la llevas adentro".