29/05/26. En su libro Técnica y Civilización, del historiador Lewis Mumford, este nos dice que hasta donde se sabe en la actualidad, el origen del arado con bueyes se remonta a 4.000 años antes de Cristo, en las culturas sumeria y egipcia. Innovación esta que revolucionó la agricultura de su tiempo, permitiendo trabajar extensiones de terreno mucho mayores que las preparadas previamente con azadas de mano.
Describamos a continuación cómo es este instrumento de trabajo agrícola. Consiste, en su diseño mas básico, en dos piezas de madera articuladas entre sí, que se les colocan con preferencia a una yunta de bueyes o toros, pudiéndose hacer uso también de mulas o caballos: una de estas partes se llama “yugo” y va sobre el cuello de ambas bestias; y la otra, que es una gruesa viga denominada “esteva” o “timón”, tiene su colocación entre los dos animales. A su vez, esta última tiene en su lado posterior dos puntas: una en dirección hacia la tierra, que en algunos casos puede tener punta de metal, y es la que abre el surco; y el otro extremo, que se levanta hacia arriba, por el cual el operario de los bueyes conduce a estos. Pudiéndose afirmar que esta herramienta, en su forma sencilla que aquí presentamos, es prácticamente igual que la utilizada hace alrededor de 6.000 año.
Por su parte, la antropóloga Jacqueline Clarac, en su obra La cultura campesina en los Andes venezolanos, nos informa que, aunque a escala mundial el arado ancestral se utiliza cada vez menos por los avances de la tecnificación, en la Venezuela de hoy en día, primer tercio del siglo XXI, este método continúa llevándose a cabo principalmente en los tres estados andinos. Las razones mas importantes que hacen posible la pervivencia de este método de laboreo son las dos siguientes: lo económico de su práctica, que no requiere combustible ni componentes mecánicos, propicio para la agricultores agrícolas tradicionales, que en pequeñas parcelas hacen sus cultivos; así como lo irregular de esos terrenos, no adecuados para las capacidades de un tractor.
Es esta una manifestación más de las innumerables que conforman la venezolanidad, fruto del trabajo cotidiano del habitante de esta patria, quien, siendo poseedor, en millones de personas, de ese sueño de amor que es la Revolución Bolivariana, y habiendo soportado con estoicidad, durante estos últimos años, los sacrificios impuestos por un imperio inmoral, no debe permitir que le impidan transitar su camino humanista de independencia espiritual y justicia social, como se pretende hacer.
POR CARMELO RAYDAN • @carmeloraydan / archivoraydan@gmail.com
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