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La fe como pretexto

Utilizar dogmas para justificar el maltrato o la desigualdad contradice los principios de justicia y amor al prójimo que pregonan la mayoría de las fes

10/06/26. Históricamente, la intersección entre religión y género ha sido un tema de intenso debate. Mientras que muchas tradiciones espirituales promueven la compasión y la igualdad, las interpretaciones fundamentalistas y patriarcales han sido utilizadas frecuentemente para justificar la vulneración de los derechos de las mujeres. Para avanzar hacia una verdadera equidad, es fundamental desenmascarar y analizar críticamente los mitos más comunes que relacionan la religión con el menoscabo de la dignidad femenina.

 

 

La igualdad de género no significa renunciar a la fe, sino erradicar aquellas prácticas discriminatorias que se escudan en la tradición…

 

 

Este artículo analiza críticamente los mitos que justifican la violación de los derechos de las mujeres bajo argumentos religiosos. Desmonta la falacia de que la fe exige la subordinación femenina y destaca que las normas prohíben invocar tradiciones religiosas para evadir la protección de los derechos humanos.

 

 

Mito 1: “La violencia y sumisión de la mujer son mandatos divinos”.

 

 

La realidad: Las religiones no son monolíticas y las interpretaciones a sus textos sagrados suelen ser diversos. Si bien es cierto que las estructuras de poder religioso han estado históricamente dominadas por hombres, utilizar dogmas para justificar el maltrato o la desigualdad contradice los principios de justicia y amor al prójimo que pregonan la mayoría de los credos. El problema no radica en los mandatos divinos, sino en las interpretaciones sesgadas diseñadas para preservar el control patriarcal.

 

 

Mito 2: "Los derechos humanos y la libertad religiosa son incompatibles".

 

 

La realidad: A menudo se asume erróneamente que la igualdad de género y la libertad de credo chocan frontalmente. Sin embargo, organismos internacionales, como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, han establecido que ambos derechos son fundamentales y deben coexistir. El mito de su incompatibilidad suele ser impulsado por sectores conservadores que intentan priorizar preceptos culturales o religiosos sobre las garantías individuales de las mujeres.

 

 

Mito 3: "Los derechos de las mujeres atentan contra las tradiciones religiosas".

 

 

La realidad: Los argumentos basados en "especificidades religiosas" suelen utilizarse para frenar avances legales vitales, como la penalización de la violación conyugal, el acceso a la salud reproductiva o la igualdad salarial. Ante estas posturas, los marcos jurídicos internacionales son claros. La Plataforma de Acción de Beijing de la ONU estableció categóricamente que los Estados no pueden invocar costumbres, tradiciones o preceptos religiosos para eludir su obligación de eliminar la violencia contra la mujer.

 

 

El problema no radica en los mandatos divinos, sino en las interpretaciones sesgadas diseñadas para preservar el control patriarcal…

 

 

Mito 4: "La mujer es la principal responsable de la moralidad y pureza familiar".

 

 

La realidad: Este mito impone una doble moral que regula el cuerpo, la vestimenta y la sexualidad femenina, trasladando injustamente la culpa de los abusos hacia la víctima. La idea de que la mujer debe sacrificarse, soportar y callar por el bien de la institución familiar es una construcción social de dominación que la margina de los espacios de liderazgo y decisión dentro de las propias comunidades espirituales.

 

 

Hacia un futuro de igualdad

 

 

La incidencia de las religiones en los derechos de las mujeres depende en gran medida del prisma a través del cual se interpreten. La igualdad de género no significa renunciar a la fe, sino erradicar aquellas prácticas discriminatorias que se escudan en la tradición.

 

 

Organizaciones como Amnistía Internacional continúan documentando cómo la discriminación de género impacta negativamente a las mujeres a nivel global. El desafío actual exige promover hermenéuticas inclusivas, fomentar liderazgos femeninos en el ámbito religioso y asegurar que, tanto en la teoría como en la práctica, las creencias espirituales nunca sean un obstáculo para el pleno ejercicio de los derechos humanos.

 

 

Enfoque en la equidad, la justicia y la autonomía

 

 

Desmantelar los mitos que justifican la vulneración de los derechos femeninos bajo el manto religioso es un imperativo de justicia social. La fe y la práctica espiritual pueden ser motores de empoderamiento y solidaridad, siempre y cuando se garantice la autonomía, la integridad y el respeto hacia la mujer en todos los ámbitos de la sociedad. El progreso hacia una sociedad verdaderamente equitativa exige que tanto líderes religiosos como la sociedad civil trabajen juntos para erradicar las prácticas nocivas, demostrando que la tradición y la lucha por la igualdad  pueden y deben caminar de la mano.

 

 


POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan

 

ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta

 

 

#SoberaníasSexuales #Religión #Género #Justicia

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