10/06/26. A veces, el paso del tiempo nos regala una certeza maravillosa: la de que ya no necesitamos pedir permiso para ser quienes somos. Es una conquista silenciosa, un pacto de paz con el espejo que nos ha devuelto la mirada durante años.
Fusionar la academia con el estilo y caminar con esa seguridad es, en realidad, honrar la historia personal que se convierte en una herramienta de reafirmación...
Desde hace unas semanas, las redes sociales han abierto una ventana a los pasillos de la Universidad del Zulia. La profesora Zuleida Bohórquez, docente del Taller de Lenguas en la Facultad de Humanidades y Educación cautivó las pantallas de miles de personas. Más allá de la brevedad del video, lo que realmente llama la atención es su presencia: figura esbelta, andar firme, una elegancia serena y el orgullo de una propuesta impecable construida con colores bien pensados, accesorios perfectamente combinados y trajes sofisticados.
Luego de ver su garbo al caminar, muchos usuarios de redes sociales evocaron a Miranda Priestly en El diablo viste a la moda. Sin embargo, mientras el personaje de ficción utiliza el diseño de alta costura como un arma de poder para intimidar y marcar distancias en los pasillos de una corporación neoyorquina, la profesora Zuleida utiliza esa misma devoción por la moda y la traslada al aula con un propósito opuesto. Su pulcritud no distancia, convoca; su estilo no intimida, impacta e inspira.
Mientras recorre el salón con ese porte, es inevitable reflexionar sobre lo que significa envejecer y el valor de la autopercepción. Su impronta demuestra que la docencia universitaria en Venezuela, aun en medio de las dificultades económicas, sostiene una postura de absoluto respeto; ella enseña desde la prestancia. Cuando el bienestar interior y el cuidado propio se reflejan en el cuerpo, el acto pedagógico se transforma. Vestirse con esmero deja de ser un detalle superficial para convertirse en una declaración de principios que impacta a los estudiantes y otorga al recinto universitario un estándar que merece.
Existe la creencia de que cumplir años es un proceso de resta. Nos dicen que debemos usar menos colores, ser menos audaces y volvernos un poco más invisibles para encajar en la sociedad, más cuando se trata de una mujer académica. Se asume que la experiencia acumulada debe borrar el juego, el disfrute de la estética y la singularidad. Parece que el mundo pretendiera homogeneizar la madurez, diluyendo sus matices justo cuando se tiene la mayor cantidad de vivencias que expresar.
La profesora Zuleida quiebra ese molde. Fusionar la academia con el estilo y caminar con esa seguridad es, en realidad, honrar la historia personal que se convierte en una herramienta de reafirmación frente a un contexto que muchas veces invita al desánimo.
La sabiduría jamás estará reñida con la belleza o la alegría de manifestarnos a través de lo que llevamos puesto. Los jóvenes que la admiran en el aula celebran, sobre todo, su libertad. Ver a una mujer que abraza su edad y su profesión con semejante plenitud es el mejor recordatorio de que la mayor distinción siempre será la coherencia de ser una misma.

POR KEYLA RAMÍREZ • @envejecer_siendo
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta