12/06/26. Suelta el celular, deja de hacer scroll y apártate un rato de los titulares. Deja que la poesía sea la única voz en la ciudad que, por menos de cinco minutos, te hable al oído. Esta sección viene a mostrarte la letra de los nuestros y las nuestras.
¡Épale, poeta! es un espacio para encontrarte con los versos que celebran la palabra: la que duele, la que raspa, la que huele a arepa y a café, la que ama, la que denuncia, la que festeja la montaña, a la ancestro y al ancestro. La que nace en el Metro, en un balcón de Sabana Grande cuando el sol se mete y Caracas se pone melancólica. También, la que nace bajo la sombra de un mango, un apamate, un araguaney en Valencia, en los llanos, en Los Andes, en occidente, o en una playa de oriente.
Ven a descubrir selecciones poéticas de nuestros autores y autoras. Bienvenidos y bienvenidas a un nuevo capítulo épalero.
Quiero inaugurar este espacio con unos poemas de mi autoría dedicados a las ciudades que me abrigan.
A Cabimas
A la ciudad la arropan 12 campanadas
el sol baña enteros a los penitentes
Esperan en fila
para entrar al supermercado
La catedral está cada vez más lejos de ser refugio
Me alejo de los penitentes
del sol
de la catedral
de las campanadas
Canción nostálgica
Me descocí pensando en la ciudad
en su manera de amanecer sobre los árboles
Los hilos se desataron
al recordar su latido de tambor
¿Cuántas mañanas faltan para destejerme?
Punto por punto
volveré a ser un día con ella
en su fragor de calles
de vallenatos
gaitas
gente que palpita
Me cocerá la herida
por donde gotea nostalgia
Potros mecánicos
A Cabimas
Sobre ella cabalgan
potros mecánicos
Relinchos
y danzas de pistón
describen el ritmo del hambre
Los “pipotes” de la abuela
A mi abuela Ana
En el patio de la abuela
el sol era una estrella dulce
Lo bajábamos a pedradas
o alguno de los primos
escalaba hasta el cielo
de matas verdes
Los cobres sabían a menta
El banco era un arbusto espinoso
¡Qué coincidencia!
Las islas de cacao
eran el barro
después del chaparrón
Éramos duendes
trepando luces
jinetes de ramales
Éramos tropel de letras
y cuentos de penumbra
nos catapultaban
hacia el abrazo
Cuando el cielo se encapotaba
sacábamos los pipotes de la abuela
y al romperse en pedazos
nos convertíamos
en cazadores de nubes
...
Tus pasos entonan un compás de piedras y hojas secas
los árboles dibujan el camino
Te recibe la “gran ola”
con el goce de una madre
Allá en la distancia
los techos rojos te saludan
Te sientes como un chamo de brazos
Un hijo acunado en la cima
...
Agarrados de las manos caminamos
Sombra de espumas
rocío
sonrisas que se baten
en vuelo de aves
Aletean los árboles
Su danza es un delirio nuestro
La brisa es un abrazo
Cada paso nuestro
es pulso
Agarrados de las manos caminamos
Sarah Espinoza Márquez (Cabimas, Venezuela, febrero de 1988). Ingeniera en petróleo, promotora cultural y periodista. Inició su formación en el taller literario Rafael Machado de Cabimas. En la actualidad forma parte de la Comunidad de Autoras Tejer con la palabra. Ha publicado la plaquette Puentes que tejen mi sangre (Fundarte, 2022) y el poemario Balada los puentes pulsados (editorial Novilunio, 2018). Obtuvo el premio honorífico del Concurso J. Bernavil (2020) por el poema Voluntad del silencio. Reside en Caracas donde trabaja como periodista de la revista Épale CCS y del diario Últimas Noticias.

POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta