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Carlos Salazar: Aprendí a sanar libros por curiosidad

En el local 22 del puente de Fuerzas Armadas un librero practica el oficio de la restauración artesanal

Hace poco visité el puente de la avenida Fuerzas Armadas (en una especie de bautizo de mi inicio como librera). En ese espacio conocí a varias personas que se dedican a un oficio tan bello como laborioso. Franklin, librero del local número 22, me hizo el favor de contactar a su compañero de cubículo, el señor Carlos Salazar. Aunque no tiene teléfono, siempre se encuentra en el quiosco rojo de lunes a sábado desde el mediodía hasta las cinco de la tarde. 

Salazar, además de compartir el placer por la palabra escrita es “sanador” libros. Entre el trajinar de esa avenida de Caracas, se preserva uno de los oficios más diligentes relacionados con el mundo del libro: el arte de la restauración. 

En este caso no se cumple el refrán “la curiosidad mató al gato”, porque el señor Carlos , un librero con 15 años de experiencia, aprendió gracias a la curiosidad a darle una “segunda y hasta tercera oportunidad” a los textos. 

¿Cuéntenos cómo nació su interés por ser librero?

Todo empezó por curiosidad. Yo soy lector. Alguien que ya no está en este plano me propuso trabajar en esto, y acepté. Conocía de libros y de lectura, y así fue como entré en el negocio. 

¿Qué se necesita para ser un buen librero?

Se necesita, sobre todo, paciencia, memoria y, por supuesto, amor por los libros y la lectura. Aquí pasa mucha gente; si hay dinero, se compra, y si no, nos damos el número de teléfono y ya veremos. No es solo por el dinero. El motor principal es la cultura, promover la lectura.

¿Cómo surge su faceta de restaurador?

Yo le digo sanador de libros. El saneamiento de los libros. Surgió por observación. Conocí a alguien que tenía una imprenta pequeña y lo vi trabajar. Estaba empastando una tesis, vi cómo colocaba la percalina, el cartón, todo en una prensa. Me dio curiosidad y aprendí solo, de puro ojo.

Alguien en el pasado me dijo: “Las ideas vienen de la curiosidad”. Después uno se traza el objetivo a partir de esa curiosidad. Esa frase no solo me guió en este oficio, sino en la vida. Esa filosofía, junto con la paciencia, es clave.

Actualmente, lo hago para mis libros personales. Hay otros que arreglo y los pongo a la venta. Pero si son para el negocio, busco títulos que valgan la pena, porque a la larga no me voy a quedar con todos. Los libros van y vienen.

Pero si hay alguien que necesita resturar un libro con gusto lo haré. Aquí han venido.

¿Cómo es el proceso? ¿Utiliza alguna maquinaria especial para la restauración?

Es un trabajo totalmente manual y artesanal. No tengo una prensa profesional, así que pongo los libros entre dos libros grandes que tengo. Primero se desarma el libro, se limpia con cloro con ayuda de algodón, se restaura la portada, si no sirve la original, se quita y se construye otra; después, se reconstruye la página de guarda. Se arreglan las hojas dobladas y borra las notas y subrayados si son a lápiz, de lo contrario no se puede. El libro rayado no se salva.

Las portadas las imprimo y las pego sobre la que arreglé porque el proceso de grabado es costoso para mí, por lo tanto, más para el cliente.

 Es un proceso sencillo pero delicado que se hace con paciencia.

¿Qué lo hace un proceso difícil?

Lo más difícil es el costo de los materiales. Se necesita percalina, pegamento, preferiblemente de carpintería, y papel especial. No es papel de fotocopiadora, es más fino. A veces uso papel glacé o el papel cebolla como el de las Biblias, pero es material un costoso.

Uso materiales de reciclaje, porque son una buena alternativa. Me han regalado enciclopedias que ya nadie quiere. Les quito el cartón, que es útil. Aprovecho todo lo que puedo.

¿Qué significa para usted “sanar libros”?

Es una distracción y una forma de encontrar tranquilidad. Me relaja, me olvido del estrés de la calle. Es un momento de paz, con un cigarrillo y un café. A veces me levanto a ver hacia el bulevar. Un trabajo que me gusta hacer mientras estoy solo.

¿Cree que es un oficio que merece ser mejor valorado?

Sí, porque le das una segunda y hasta tercera oportunidad a los libros. Con el tiempo, la gente dobla las hojas, se rompen, se manchan. Si reparas un libro, te va a durar más tiempo. Es darles una segunda, o tercera vida.

¿Hay libros que se pueden dar por desahuciados?

Hay libros que llegan con manchas negras de moho o humedad. Esos son los desahuciados. Pero se pueden sanar las manchas de la edad con un poco de alcohol o cloro, y mucho cariño. Hasta un libro muy dañado puede tener una nueva oportunidad.

¿Cómo se calcula el costo de una restauración?

Es difícil porque no tengo un precio fijo. No puedo poner un precio sin ver al “enfermo” primero. También depende del tamaño y del daño, pero todo se hace con cariñito y paciencia. La gente no sabe el tiempo que me lleva.

 ¿Le gustaría enseñar este oficio a alguien más?

Sí, me gustaría enseñar en un buen espacio. Pero se necesita dedicación y, sobre todo, paciencia. Es un arte que merece ser compartido para que más personas aprendan a sanar libros.

 


POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz

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