19/06/26. Me sorprende la hora del gran Bobby Collazo, compositor, pianista, orquestador, director y actor, –del 22 de noviembre de 1916, que fallece el 09 de noviembre del 89 en Nueva York-, y así fue, como abordamos al gran Bobby Collazo, en medio de una degustación de “poquitos”, que viene por una historia que le causó mucha gracia a mi yerno Carlos Reyes, que no puede ver un poquito mal puesto, porque lo bota. Logré explicarle que la sensación de bar por las botellas empezadas, es fantástica, y que, a la hora de las crisis, esos poquitos se ponen a valer, en tanto que mis rones favoritos, rodaron en sendas parrillas en el rancho de Gregory y Mariana en Texas, y que sus respectivos poquitos, fueron donados con el inmenso afecto que les tengo.
Bobby llevó su música contagiosa y su estilo sabrosón a los teatros y clubes más famosos del mundo jazzístico; no solo como cantante solista sino como instrumentista.
Así entre sobraditos de Glenfiddich de 15 y 21 años, Macallan 12 y Aberfeldy 12, todos single malt, donados por Carlos Leonardo, procedí a dilucidar cuál de los Bobbys se inició tocando en el grupo del otro, porque a mí confusión hervía, Bobby Carcassés nació en Kingston, Jamaica, el 29 de agosto de 1938. Su abuelo fue cónsul de Cuba en Jamaica. Bobby se mudó a Cuba a los cuatro años.
El Collazo se inicia musicalmente en el cuarenta en un concurso organizado por la emisora RHC Cadena azul de Amado Trinidad, donde participa con la canción Rumba Matumba, que fuera grabada luego, entre otros por Myrta Silva y Miguelito Valdés, ocupando el segundo lugar; después obtiene el aval del maestro Ernesto Lecuona que lo lleva al teatro Encanto donde presenta dos de sus piezas: Luna de Varadero y Tenía que ser así. Luego llega a la estación CMQ, donde desarrolla un programa bajo su conducción actuando en el piano y presentando obras suyas que eran interpretadas por artistas que ya descollaban por aquel entonces; se acuerdan de Lejanía y Tenía que ser así, en la interpretación de Rolando Laserie; Para qué vivir interpretada entre otras por Olga Rivero.
Debe ser en CMQ, donde cuenta el otro Bobby en entrevista con Félix Contreras su ingreso en el cuarteto de Collazo: “Llegué a La Habana en 1956 y, mientras vendía helados y hamburguesas en la cafetería Tropicream de 12 y 21 de El Vedado, que era de mi cuñado, me presenté en la Corte Suprema del Arte de José Antonio Alonso, en televisión, y gané el primer premio con la Flor roja, aria del tenor de la zarzuela española Los Gavilanes. Me vio en ese programa mi viejo amigo Armando Guerra (de Santa Clara), miembro del cuarteto de Bobby Collazo y, como salía uno de sus integrantes, él me aviso y entré yo, ya como profesional. Sólo que cambié totalmente mi repertorio por el de la música popular cubana y universal. Era un cuarteto muy dinámico, con tremendo swing y sabor. Bobby Collazo era un gran compositor, autor del muy famoso bolero La última noche, una persona increíble, con la que aprendí mucho del movimiento de voces, del movimiento danzario, escénico, pues teníamos coreografías y todo eso. Una época magnífica. Me acuerdo que debutamos en el Cabaret Nacional, de Prado y San Rafael, con Gustavo Roig de coreógrafo y director y al mismo tiempo, en La Reguladora, especie de restaurante, detrás del Capitolio”.
Su talento innato ya lo había llevado por el sendero del éxito; desde sus inicios en Cuba a través de los hoteles y festivales de la música popular cubana y caribeña. Allá, en el Caimán Verde se destacó el joven cantante y tumbador, primeramente, como integrante del propio trío de Bobby Collazo y después en el teatro vernáculo como director musical de varias orquestas tipo jazzband (big band); no comenzó en la trompeta hasta los treinta y cinco años.
En su diálogo con el público, Bobby divulgó que había venido a Nueva York por primera vez en el 1958, tocando música cubana con el famoso show del cabaret Tropicana, espectáculo que se había presentado en el hotel Waldorf Astoria en vivo y para el show de Steve Allen; posiblemente fue aquí que nació su amor por el jazz. Luego de haber presenciado el éxito colosal de Fellove en México con el estilo scat, Bobby regresó a Cuba para cultivar y pulir aquel estilo improvisador de los negros americanos; de ahí surgieron varias actividades en el extranjero y con mucho fervor Bobby llevó su música contagiosa y su estilo sabrosón a los teatros y clubes más famosos del mundo jazzístico; no solo como cantante solista sino como instrumentista. Pero los años iban pasando y la guerra fría lo había colocado entre la espada y la pared. Pasarían varias décadas antes que Bobby Carcassés volviera a la babel de hierro.
... no comenzó en la trompeta hasta los treinta y cinco años.
Pero para mí, la raíz de todos estos entierros siempre fue Mario Bauzá. En 1929, Bobby Collazo lo sitúa en la jazz band del violinista José Antonio Curbelo, que tocaba en sitios como el cabaret Tokyo, el Summer Casino, en los carnavales habaneros en los Bailes de Tacón y en el Montmartre, donde Bauzá, tocando clarinete y saxo alto coincide con quien será otro gran jazzman cubano: el entonces tenorista Armando Romeu Jr.
Para el 46, en su viaje a México, con Julio Gutiérrez, se origina la composición a la que nos referimos en nuestro encabezado: La Ultima Noche, que en muchos casos se ha versado con título La última noche que pase contigo, pero en esta oportunidad como ha pasado con otras canciones cuando de autoría se trata, aparece en escena un nota que da un giro a la autoría de esta pieza en cabeza de Bobby Collazo, por claridad transcribimos la entrevista concedida por quien argumenta ser su autor; es decir de la letra producto de su propia vivencia cuando contaba cerca de dieciocho años, al momento de la entrevista concedida a Luis Hernández Serrano, era un hombre de ochenta y cinco años; a la letra dice:
El compositor y cantante Orlando Leopoldo Rodríguez Fierro, coautor de una de las canciones románticas cubanas que más se ha escuchado en el mundo, La última noche que pasé contigo, ha vuelto a la escena, tras veinte años de ausencia.
Su nombre artístico es mucho más breve: Orlando Fierro, y ahora nos cuenta la verdadera historia de ese número musical.
“Yo escribí la letra. La música, en 1946, se la puso el pianista Bobby Collazo, pero todo el mundo piensa que él es el único autor. En verdad me dijo que iba a inscribirla a nombre de los dos, como era justo, pero no lo hizo así y la registró completa como de su autoría, lo que no me molestó nunca, porque éramos muy amigos y yo lo quería mucho”.
"Para redactar esa letra me inspiré en una joven habanera llamada Manuela. La conocí cuando yo realizaba el primer trabajo de mi vida, como portero del cine Renacimiento, situado en 15 y 14, en el Vedado, hace muchos años demolido. Podría decir, valga la redundancia, que ella fue como un renacer para mí.
“Tenía 18 años y era muy linda. Siempre iba a ese cine y desde que nos vimos nos enamoramos y nos hicimos novios. Sus padres tenían una florería en Zapata y 2.
Yo escribí la letra. La música, en 1946, se la puso el pianista Bobby Collazo, pero todo el mundo piensa que él es el único autor.
“Al cerrar la taquilla yo entraba a ver la película. Manuela era amiga de la novia de Mario, uno de los ‘acomodadores’ del cine, que era un buen amigo mío.
“La chispa de esa letra tuvo un escenario campestre. Fuimos una noche al Bosque de La Habana y figúrese, éramos muy jóvenes y... ¡Pasamos un rato inolvidable! El tema se completó con lo que ocurrió después.
“Noviamos un buen tiempo y en una ocasión quedamos citados para ese mismo lugar, pero, inexplicablemente, no acudió a la cita. Ella sabía que yo viajaría tres días después a México. Recuerdo que partí de la bahía de La Habana en el barco Emancipación, que navegaba desde la capital cubana hasta Veracruz. La busqué con la vista y vi cómo me decía adiós desde el muro del malecón acompañada de Pepe, otro muchacho, amigo común“.
Orlando Fierro vivía en 15 y 20, en el Vedado, cuando dio el primer beso de amor, precisamente a su novia Manuela, en el cine Renacimiento.
“Fue mi primera novia y ante el embarque que me dio y los celos que sentí al verla con Pepe cuando me dijo adiós, escribí ese pequeño poema que a Bobby Collazo gustó tanto y enseguida le puso música. Yo, a estas alturas de mis 85 años, le agradezco que haya inmortalizado ese amor mío, y hasta le perdono que no haya dado crédito a mi letra, pero no puedo callar la verdadera historia, incluso por respeto a la noble Manuela.
“Ella vivía en Zapata y 12, también en el Vedado, exactamente frente al cementerio de Colón. Era delgadita, muy graciosa. Más tarde se enfermó de tuberculosis y murió antes de 1959.
“Al regreso de mi viaje a México me buscó, hablé con ella nuevamente y me explicó que había faltado a la cita no por haberme traicionado, sino porque no se le había podido escapar a sus padres. Le enseñé el poema y también le gustó mucho”.
A Fierro le tranquiliza pensar que ella conoció el poema, pero cree que nunca llegó a oír esa letra como un bolero famoso cantado por el mundo entero. Igualmente Fierro concedió entrevista a la Cadena Caracol de Colombia el 18 de noviembre de 2005, donde refiere la misma historia.
En consecuencia, bajo esta premisa Bobby Collazo seria el autor de la música y no del tema completo; si podemos afirmar que la estrena Pedro Vargas en el 1947.
Este pianista y compositor cubano, se despidió de este mundo el 09 de noviembre de 1989. El presente artículo está apoyado en parte por la nota de escrita por José Carbó Menéndez.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui