22/06/26. En el marco del mes del Orgullo, la celebración contrasta con una realidad que, para las personas trans y no binarias en Venezuela, convierte un derecho legal en una odisea de papeleos, listas, reuniones y más reuniones y promesas que quedaron archivadas.
El hecho de no disponer de un documento que realmente represente e identifique a las personas trans y no binario es un tipo de violencia.
El artículo 146 de la Ley Orgánica de Registro Civil expresa textualmente: “Toda persona podrá cambiar su nombre propio, por una sola vez, ante el registrador o la registradora civil cuando éste sea infamante, la someta al escarnio público, atente contra su integridad moral, honor y reputación, o no se corresponda con su género, afectando así el libre desenvolvimiento de su personalidad”.
Es decir, permite a todo venezolano y venezolana cambiar su nombre cuando no se sienta conforme con este, incluso, si no corresponde al género autopercibido. No obstante, la implementación masiva de esta herramienta sigue siendo una asignatura pendiente.
Sariyibel Abreu, activista por los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ+ en Caracas, explicó a Épale CCS que el principal obstáculo no es la falta de una norma, sino la discrecionalidad con la que se aplica. “La decisión del cambio de nombre queda al libre criterio del funcionario público de turno en el registro civil”, afirmó. Esta situación convierte la ley en “un privilegio, cimentado en la ignorancia del instrumento creado en el reglamento del 2009 y en la discriminación”, agregó.
La carencia de directrices específicas que obliguen al funcionario o la funcionaria a cumplir con su deber deja el derecho a la identidad en manos de la subjetividad y el prejuicio.
Además de dicha limitación, Sariyibel señaló otra de las muchas batallas que enfrentan las personas sexodiversas. El procedimiento institucional no modifica el marcador de sexo en la cédula, por lo que, aunque se alcance el cambio de nombre para ir “acorde con la identidad de género autopercibida”, si en el sexo registral se continúa reflejando el género impuesto en el nacimiento, se “va a seguir generando el rechazo, la burla y la criminalización hacia las personas trans o no binarias”, precisó.
En este respecto, Sariyibel aseguró que se realizaron mesas de trabajo, pero, la lucha por ese marcador sexual, parece haber quedado estancada. “Quedó solo en el debate, a la espera de la publicación de una gaceta oficial que nunca llegó”, lamentó.
El hecho de no disponer de un documento que realmente represente e identifique a las personas trans y no binario es un tipo de violencia. “Este cambio es significativo dado que somos víctimas de bullying, de impedimentos a la hora de hacer un trámite legal, de extorsión por parte de los policías quienes afirman que nuestro documento de indentidad no es nuestro o es falso”, acotó.
En cuanto a la organización colectiva, el panorama también es de pausa. “Actualmente no hay ningún proceso colectivo en marcha en virtud del cambio de nombre”, indicó, añadiendo que se está a la espera de una doctrina orientada por el Tribunal Supremo de Justicia, pero no se han generado encuentros posteriores para fortalecerla. Sariyibel criticó que a pesar de los años de organización que los movimientos y colectivos han recorrido para impulsar “espacios de diálogos y debate con el gobierno nacional... los mismos no se han materializado”. Añadió que el tema de la diversidad sexual en las esferas institucionales, “sigue observándose como un tabú que niega la existencia de las personas de la comunidad”.

POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
ILUSTRACIÓN ASTRID ARNAUDE • @loloentinta