02/07/26. Venezuela atraviesa la que es, posiblemente, su tragedia más grave desde el terremoto de 1812. Sin embargo, en medio del horror y los escombros, emerge una lista de personajes suscritos con vehemencia a una extendida cultura de la banalidad. Desde creadores de contenido digital hasta figuras políticas, la coyuntura ha desnudado la alarmante falta de empatía de quienes ven en el sufrimiento humano una plataforma de exhibición para captar atención, acumular “likes” y monetizar en sus cuentas de redes sociales.
Más allá de la destrucción material causada por los sismos, un efecto colateral e irreversible parece ser la ruina moral de quienes observan la tragedia a través del filtro de su propia vanidad.
El primer síntoma de esta desconexión moral lo protagonizó Paola Farías, creadora de contenido de origen venezolano radicada en Ecuador. Al día siguiente del drama generado por el doble terremoto, Farías decidió que la catástrofe era el fondo ideal para una sesión fotográfica.
Un video capturado a la distancia por un tercero reveló el detrás de escena: la influencer posaba sonriente, formando un corazón con sus dedos sobre una pila de botellones de agua y refrescos destinados a la ayuda humanitaria. El rechazo en las plataformas digitales fue inmediato y unánime. Colegas y usuarios catalogaron la acción de deshonesta. Este episodio abre un debate necesario: ¿qué significa realmente tener influencia cuando el título se utiliza para justificar la frivolidad frente al dolor ajeno?
Otro capítulo de esta avalancha de egocentrismo lo estelarizó Gianpiero Fusco, conocido en redes como "El Tigre". Fusco, cuestionado frecuentemente por sus posturas sobre la nutrición, cruzó una línea peligrosa al presentarse en una edificación derruida semidesnudo y descalzo –su habitual puesta en escena mediática- para supuestamente "ayudar" en las excavaciones. Con esta acción, no solo arriesgó su propia integridad, sino que entorpeció la labor de los equipos de salvamento profesionales. Previo a esto, Fusco ya había encendido las alarmas al publicar un video donde opinaba con ligereza sobre las condiciones físicas de los afectados, lanzando comentarios despectivos sobre el peso y la salud de las víctimas.
En cierto sentido, estos personajes encarnan a la perfección la "legión de imbéciles" a la que se refería el filólogo italiano Umberto Eco, quien advertía que las redes sociales le otorgaron el mismo derecho a hablar a un ignorante de bar que a un Premio Nobel, aunque como veremos más adelante, esa sinergia se logró.
Son apenas dos de los episodios donde una avalancha de “comunicadores” de redes se asumen ingenieros, arquitectos, rescatistas, geólogos, geógrafos, estadistas y héroes que adoptan la pose correspondiente y encuentran en cada detalle un error: desde los protocolos de rescate equivocados de los experimentados organismos nacionales y multilaterales abocados a la contingencia, hasta la cuantificación de fallecidos y edificaciones destruidas presentadas por las autoridades.
María Corina Machado y la politización del desastre
María Corina Machado, una especie de “creadora de contenidos” falsos de la política, ha ventilado algunas de las afirmaciones más desmontables de todas las que se han soltado a mansalva para aniquilar la verdad. Lo de ella se entiende, está en campaña para instalar un gobierno de facto en Venezuela, pero lo que resulta aborrecible es que lo hace sobre los escombros de un país gravemente herido y buscando oxígeno, necesitado de toda la empatía y compasión de sus habitantes.
Entre sus matrices, asegura que el “régimen” cerró el acceso aéreo del país para impedir su acceso, dificultando con ello el retorno de venezolanos que desean colaborar con las labores humanitarias y el ingreso de los equipos de rescatistas del mundo y de los periodistas que buscan información. Basta hacer el ejercicio mínimo de recorrer los canales de televisión y cualquier plataforma digital, para comprobar la presencia de miles de periodistas de medios de todo el planeta (debidamente registrados en el país y con espacios habilitados para hacer acopio de tecnología y provisiones) entrevistando a los rescatistas de medio mundo mientras ejercen heroicamente su labor.
La paradoja del siglo XXI se hace evidente en esta crisis. En un mundo cada vez más interconectado gracias a la tecnología, la sociedad parece alejarse ostensiblemente de la idea de una humanidad más humana, parafraseando a Alí. Más allá de la destrucción material causada por los sismos, un efecto colateral e irreversible parece ser la ruina moral de quienes observan la tragedia a través del filtro de su propia vanidad.

POR MARLON ZAMBRANO • @zar_lon