17/07/26. A más de dos semanas del devastador doblete sísmico que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio de 2026, los habitantes de Macuto se alzan como un símbolo de resistencia. Lejos de sucumbir ante la tragedia, esta comunidad guaireña ha transformado el dolor en acción, tejiendo una red de autogestión para recuperar su hábitat y reactivar su economía local.
…“El levantamiento del trauma masivo no ocurre en el aislamiento de un refugio, sino recuperando la soberanía del propio trabajo”…
El trágico miércoles 24 de junio quedará grabado en la memoria del país como uno de los eventos tectónicos más violentos en más de un siglo. Dos sismos, de magnitudes 7.2 y 7.5 y separados por apenas 39 segundos, convirtieron al litoral central en la zona cero del desastre. En Macuto, el mar de fondo y el violento sacudón golpearon sin piedad sus coloridas calles, sus posadas tradicionales y el famoso Paseo, icono del turismo y sustento económico de cientos de familias durante décadas.
Sin embargo, en medio del polvo, las estructuras colapsadas, y una bandera tricolor que llena de esperanza a quien la ve moverse con el colorido mar de fondo, emergió de inmediato la voluntad colectiva. Al ver la magnitud de los estragos y las necesidades por cubrir en los días próximos a la catástrofe, los vecinos entendieron que la pasividad no era una opción. Más que víctimas de una catástrofe que dejó miles de fallecidos en toda la región, los macuteños asumieron un rol protagónico como voces de resistencia.
De los escombros a la organización comunitaria
La primera línea de acción fue la solidaridad visceral. Entre el caos y las réplicas, los mismos habitantes organizaron cuadrillas improvisadas para remover escombros y habilitar vías de acceso. Quienes conservaron sus casas en pie abrieron sus puertas para albergar a los damnificados, mientras que los comerciantes locales comenzaron a evaluar los daños materiales con la determinación de levantarse.
En el paseo Macuto y sus adyacencias, las pérdidas fueron devastadoras. La caminería y la infraestructura turística sufrieron graves daños por el desplazamiento de la corteza terrestre. Pero los prestadores de servicios, artesanos y hosteleros, con una economía que ha subsistido heroicamente a los embates económicos de los últimos años, se negaron a darle la espalda a su fuente de ingresos.
Así nació la iniciativa de la Asociación Cooperativa de Familias, Mujeres y Desarrollo Sostenible (Asofamdes), bajo el proyecto de Organización para la Resiliencia, la Dignidad Humana, el Bienestar Integral y el Hábitat Sostenible dirigido por la doctora Rosana Sánchez Ose y el sociólogo Fidel Hernández.
“El levantamiento del trauma masivo no ocurre en el aislamiento de un refugio, sino recuperando la soberanía del propio trabajo”, afirmó el sociólogo Hernández con una convicción que parecía blindada contra cualquier sismo. Sus palabras, precisas y cargadas de urgencia, resonaron con fuerza mientras nos presentaba al resto de los integrantes de esta activa comunidad.
Al verlos limpiar escombros, organizar las asambleas y levantar los cimientos de sus negocios a fuerza de puro empeño colectivo, se hace evidente que cada habitante del paseo Macuto es la prueba más firme de que la resiliencia no es un término de moda, sino el código indomable que define la identidad de los venezolanos ante la adversidad.
Es evidente que la red vecinal no se ha limitado a esperar por las gestiones de desastres, sino que diseñaron y echaron a andar su propio proyecto de recuperación de espacios. Más que subsidios de emergencia, solicitan la activación inmediata de las zonas turísticas y el cese del cobro de impuestos por un período mientras retoman sus actividades sustentables y se recuperen financieramente, “¿de dónde pagamos impuestos y servicios sino estamos produciendo?”, expresaban categóricamente los dueños de los negocios.
La economía sustentable como estandarte
La clave de este resurgimiento macuteño radica en su modelo de economía sustentable. Durante generaciones, Macuto ha dependido de un turismo consciente, de la pesca artesanal y del comercio local. Las posadas boutiques, los restaurantes playeros y las ventas de artesanías operaban bajo una lógica de comunidad que hoy ha demostrado ser su mayor fortaleza.
"Nosotros no podemos dejarnos vencer y seguiremos yendo a los organismos competentes una y otra vez hasta tener respuestas. Este paseo es nuestra vida y la herencia de nuestros hijos". "Si el Estado nos congela la zona turística nos mata más rápido que el propio sismo”, expresó la señora Celsa una de las comerciantes y dirigente vecinal. Sin embargo, otros emprendedores han vuelto a encender sus cocinas y abrir sus puertas, conscientes de que reactivar el flujo de visitantes es el único motor para sostener a sus familias. La reapertura de la zona turística es lo que más solicitan.
...Más que subsidios de emergencia, solicitan la activación inmediata de las zonas turísticas y el cese del cobro de impuestos...
Esta resistencia económica va de la mano con la búsqueda de un hábitat seguro. Los comités vecinales realizan jornadas de concienciación sobre construcción resiliente y evalúan junto a ingenieros voluntarios la seguridad de las estructuras cercanas a la costa para prevenir riesgos mayores ante los continuos temblores.
La mirada hacia el Ejecutivo Nacional
A pesar de esta inquebrantable fuerza moral, la comunidad es realista. El alcance de la destrucción, los graves daños en la vialidad y la magnitud del desplazamiento de terreno a lo largo de la costa, documentado incluso por expertos y satélites, superan con creces el presupuesto y la capacidad técnica que una comunidad organizada puede solventar por sí sola.
Los habitantes de Macuto alzan hoy su voz para exigir respuestas y recursos al Ejecutivo Nacional. El plan de recuperación y reconstrucción integral requiere apoyo logístico, maquinaria pesada y un financiamiento estatal directo, transparente y sobre todo urgente para los pequeños y medianos empresarios del litoral.
La petición al gobierno central es clara: no se trata de paternalismo ni de caridad, sino de corresponsabilidad. Los vecinos exigen ser escuchados y que los proyectos de recuperación que ellos mismos han diseñado y presentado sean financiados. Saben que su resiliencia ha salvado vidas y ha evitado que el pueblo se paralice, pero ahora necesitan las herramientas del Estado para consolidar la reconstrucción definitiva de su amado paseo Macuto.
Hoy en día, pasear por las calles de Macuto es palpar la esperanza en medio del luto. El sonido de los martillos y el olor a café recién colado se mezclan con el rugido del mar, formando una sinfonía de resistencia. Este rincón del estado La Guaira ha demostrado que, la verdadera riqueza de Venezuela reside en su gente: un pueblo resiliente que, entre escombros y mareas, se niega a ser una víctima y decide, por el contrario, construir su propio renacimiento.
Las cámaras se apagaron y nosotros nos retiramos con las ganas inmensas de volver al bulevar de meses atrás para comer pescado, ensalada, tostones y papelón con limón. En el paseo Macuto quedó la realidad del trabajo comunitario. Al alejarnos del bulevar, los vecinos permanecieron en pie, firmes en su resistencia. La Guaira tiene la dignidad intacta, desde ya está preparado para recibir al mundo mientras el suelo termina de asentarse. Está demostrando que la autogestión no es un concepto abstracto sino la urgencia de tomar las riendas del presente.
POR OSMELY BOSCÁN • @osmelyboscan
FOTOGRAFÍAS JUSTO BLANCO RUIZ • @justoblancoruiz.