17/08/26. César Portillo de La Luz es uno de los padres fundadores del filin, un movimiento que sentó pautas en la cancionística cubana a partir de la segunda mitad de la década del cuarenta. Portillo cuenta que el filin es un fenómeno musical netamente habanero. Integrado por compositores famosos como José Antonio Méndez, Ñico Rojas, Rosendito Ruiz, Ángel Díaz, Frank Domínguez, Aída Diestro y Elena Burke, entre otros…
"Contigo en la distancia y Delirio me han enseñado muchas de las cosas que hay que tener en cuenta para que una composición trascienda y logre alcanzar universalidad..."
"El filin soy yo —afirmaba categórico el compositor—. Yo fui quien nucleó a los jóvenes que por entonces integraban el grupo del filin alrededor en el Callejón de Hammel, en el barrio de Cayo Hueso. Por entonces había formado un nuevo trío con los hermanos Díaz, también del grupo". Siempre se ha dicho que quien logra iniciar el movimiento fue El King José Antonio Méndez, pero en justicia corresponde a ambos ese mérito, pero eran tan amigos que para nada molestaría a Méndez la tremendista declaración de Portillo a Recopilación "El Veraz". Del King decía Portillo: “José Antonio fue mi gran compañero de mil batallas; en los fracasos y las esperanzas fuimos como una familia, los caballos de la Troika del feeling. Los dos que más trascendimos profesionalmente con sus composiciones, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en la Nueva Trova”, pero más allá de ambos, estaban los Díaz, Tirso y Angelito, que pusieron su casa en el Callejón.
De Portillo recuerdo una foto con Dilcia en La Habana, en el marco del Coloquio Boleros de Oro de 2012, creo que se lo dedicamos a él, porque él, no solía visitar esas sesiones. A finales de los ochenta cuando comencé a asistir a este hermoso evento, lo fui a ver muchas veces en el Pico Blanco, “El Rincón del Filin” en la terraza que quedaba en el último piso del hotel Saint John, donde compartía con José Antonio Méndez, pero también llegué a verlos en El Gato Tuerto y Dos Gardenias, pero fijo, fijo, era en el Pico Blanco. Allí conversé varias veces con él, e incluso le hice una entrevista que finalmente se extravió. La primera referencia suya me la contó Elena Burke en aquella larga entrevista que me publicó mi difunto amigo Miguel Ángel Rosell, cuando dirigía el diario Crítica de Maracaibo. El Sargento Malacara, como le decía Elena, fue un importante cantautor y guitarrista, que había nacido en La Habana, el 31 de octubre de 1922 en cuya misma ciudad falleció a los noventa años el 4 de mayo de 2013.
Una vez Orlando Castellanos le preguntó a Elena Burke en la heladería Coppelia si Portillo siempre fue así, con ese carácter tan duro. "Siempre fue así —le contestó rotundamente Elena—. A él le llaman el sargento Malacara, porque le canta las cuarenta a los mentirones (mentirosos), palabra inventada por José Antonio Méndez".
Sus obras más conocidas son Contigo en la distancia y Tú, mi delirio. Conversando con Orlando Castellanos decía Portillo: “La historia de Contigo en la distancia es la de una de mis grandes pasiones. De no haber sido así creo que no la habría podido componer. Con esta canción aprendí que la veracidad del tema en una canción pasa de ser algo meramente de interés artístico a ser la expresión exaltada de una vivencia que, como realidad humana, puede sostenerse en el tiempo por generaciones”. Le cuenta también que tenía veinticuatro años cuando la escribió y por supuesto que hubo un gran amor de por medio. Creo haber leído que fue dedicada a su primera esposa, pero no tengo la certeza en este instante.
El otro bolero significativo ha sido Tú, mi delirio, el bolero más jazzeado de la música cubana, la dulzura de su letra permite que las mejores versiones, a mi juicio, sean precisamente las de los hermanos Palmieri, la orquesta de Charlie, o más que orquesta ese memorable “vente tú” de la Cesta All Stars en 1963, por esa inigualable manera de José “Chombo” Silva, (toca la cachimba Chombo, diría Alvarito Montero) de tejer en el saxo ese solo inmenso sobre las blancas y las negras de Charlie y el legendario bajo de Bobby Rodríguez, en antes acompañando la voz del crooner Willie Torres en el inglés y luego la voz española del grande Cheo Feliciano, a sus veintiocho añitos apenas. Y por si fuera poco el Delirio de Eddie Palmieri y su orquesta, cantando Ismael Quintana del álbum Champagne el año 69 surcado por el trombón de Barry Rogers. No en vano, el filin (feeling), venía a ser la manera de interpretación del bolero influenciada por el jazz. Era el bolero preferido de Cheo Feliciano, y en el concierto del Tropicana se lo hizo saber, y lo felicitó por haberlo parido.
De ambos boleros concluye César: "Contigo en la distancia y Delirio me han enseñado muchas de las cosas que hay que tener en cuenta para que una composición trascienda y logre alcanzar universalidad. Esto es lo que significan estas dos obras en particular dentro de mi trabajo autoral. Contigo en la distancia y Delirio han sido incluidas, recientemente, en el disco compacto Boleros sinfónicos de la Warner".

POR: HUMBERTO MARQUEZ
ILUSTRACIÓN: JUSTO BLANCO
