25/08/26. Hay un tema sobre el cual quiero atraer la atención, y es cierta simultaneidad entre lo que pasaba en Nueva York y La Habana en los años cuarenta. El latin jazz en Estados Unidos y el filin en Cuba por influencia del jazz norteamericano. En el año 1945 visitan a Cuba Sara Vaughn y Billy Holliday, ellas traen un jazz meloso que impregna a Elena Burke y Omara Portuondo, y enamora a la nueva generación de compositores cubanos los cuales lo fusionan con el bolero cubano, y así surge el filin, que venía del feeling inglés, pero siempre el mismo sentimiento.
Al expresar en nuestras canciones vivencias reales, factibles de ser comunes a mucha gente, nuestra canción se hizo de otros, porque, de hecho, recogía de una manera artística, con un lenguaje exaltado, vivencias muy comunes, muy universales.
Mientras en Ciudad Gótica, Mario Bauzá fue el gran precursor de todo este movimiento desde la Chick Webb & His Orchestra, con la que estrena sus temas Lona en 1934 y Tanga de 1941, estrenada el 28 de mayo de 1943 en el club La Conga. Como cosa curiosa ambas significaban marihuana. Posteriormente apoya sustancialmente a Dizzie Gillespie dándole posada y trabajo, fingiendo estar enfermo para incorporar a Dizzie a la orquesta de Bob Calloway. Y ya en el 48, le lleva a Chano Pozo, año en que componen Manteca, otro de los íconos del latin jazz, o digamos mejor jazz latino para no entrar en polémicas.
También he dicho que Mario Bauzá, es el denominador común, porque luego de su primer viaje en 1927 a Nueva York con la orquesta de Antonio María Romeu, y su encuentro con las big bands de Paul Whiteman, Fletcher Henderson, Tommy Dorsey, y revistas musicales de Harlem, decide regresar en 1930 para quedarse y consagrarse la noche del 11 de Mayo de 1937, cuando en el Savoy Ballroom, aquel memorable local de la avenida Lenox entre las calles 140 y 141 en Harlem Nueva York, se enfrentaron los Reyes del Swing, Chick Webb versus Benny Goodman, ganando la de Webb dirigida precisamente por Bauzá.
Pero volvamos a Portillo para que nos cuente qué estaba pasando en Villa Chica, como se lo refirió a Orlando Castellanos en aquella memorable entrevista. ¡Mejor imposible! Dice De La Luz: “Fue una cosa espontánea. Como gente más o menos contemporánea que éramos todos, y con una formación similar, o sea, signados por toda la música que nos llegaba a través de los medios de difusión de aquellos años, toda aquella música fue conformando nuestro gusto, nuestro conocimiento, y esto hizo que coincidiéramos en una tendencia muy unificada y que nos resultara fácil a partir de estas impresiones, que nos motivaran, que coincidiéramos en la proyección y desarrollo de nuestro trabajo. Creo que fue una corriente producto de la cultura musical que nos rodeaba, nos impresionaba y nos permitió trabajar en grupo. Propició que el conjunto de nuestro trabajo creara o consolidara esta corriente de cierta modernidad y que estas canciones que hacíamos se distinguieran de la forma de la canción que habíamos encontrado antes de hacer la nuestra.
Había por entonces una tendencia a acompañar acompasadamente, y nosotros, precisamente por la inquietud armónica, por la ambición de manejar todo el mundo armónico que nos llegaba a través del impresionismo y del jazz, instintivamente liberamos el acompañamiento de esa forma rítmica para manejar mejor toda la armonía que se nos ocurría y hacer una serie de acordes que enriquecieran la dramaturgia de la canción con más elementos de expresión. En fin, trabajar con un procedimiento armónico distinto al que se venía empleando en ese momento y enriquecer la parte acompañante, que es la armonía con respecto a la melodía. Desde el punto de vista temático, o sea, el aspecto del texto, somos una generación que no tiende a hacer un texto imitando a la poesía que podemos encontrar en un libro, la poesía escrita para libro, sino más bien, quizá imbuidos por el argumento de películas o de la novelística, nos planteamos una situación concreta en el texto de la canción. No hacíamos un texto lleno de palabras floridas para musicalizarlo después, que era una tendencia en ese momento. Esto lo considero un aporte, desde el punto de vista de la modernidad, que se le reconoce a la canción conocida como filin, pues logró un texto más coloquial y dejó de hacer letras banales, fantasiosas”.
Pero dejemos a Emir García Meralla que pregunte y se responda: ¿Qué es el filin?, podrían preguntarse quienes se inicien en las interioridades y lides de la música cubana. Es hijo de la trova tradicional; es un movimiento de ruptura estilística y estética con formas de hacer la canción —en especial el bolero— desde lo formal y lo literario. Es hijo y fruto de la naciente transculturación, o simplemente un modismo propio de la época en que el jazz generó una de sus formas más dinámicas de expresarse conocida como bebop. Para ser más osados, es la expresión cubana que resume movimientos musicales como el expresionismo o el dodecafonismo. Me atrevería a afirmar que es todo eso y mucho más.
Pero volvamos a dejar al Emir que se siga dando en su texto de La Jibirilla, El Filin, el jazz y todos nosotros. “Musicalmente, el filin es 'el hijo rebelde' de la trova tradicional, y en su formación tiene la impronta de la ruptura cultural y musical que experimentó el jazz en ese entonces, cuando se acercó a formas más íntimas en el campo de la improvisación y comenzó su viaje de regreso a las raíces africanas la tarde en que Mario Bauzá le recomendó a su 'compadre' Dizzie Gillespie a un negro tamborero recién llegado de La Habana. Gillespie, que recién había abandonado la banda de Chic Webb, se enfrascaba en romper los moldes tonales que predominaron en la era del swing”. Ese negro tamborero fue Chano Pozo y en eso crearon Manteca, que también por cierto era sinónimo de marihuana, y que a Chano lo mataron por eso, una deuda de manteca, no saldada.
Entonces que le toque a Portillo el cierre, redondeando lo de Orlando Castellanos: “Al expresar en nuestras canciones vivencias reales, factibles de ser comunes a mucha gente, nuestra canción se hizo de otros, porque, de hecho, recogía de una manera artística, con un lenguaje exaltado, vivencias muy comunes, muy universales. Creo que esa ha sido una de las cosas que ha contribuido, poderosamente, a darle vigencia a nuestras canciones en el tiempo. Las nuevas generaciones encuentran en el contenido de esas canciones, desde el punto de vista representativo, los mismos valores que las generaciones jóvenes de aquellos años”.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui
