31/08/26. En esos años cuarenta, lo que ocurrió en La Habana fue una suerte de contagio colectivo de unos muchachos que escribieron unas letras matadoras, que tocaban apasionadamente sus guitarras, y agregaban acordes de jazz norteamericanos y eso generó la epidemia del amor en gran parte de la isla. La cosa venía de la Trova tradicional, en que todos o casi todos eran unos enamorados, pero estos filineros no se quedaron atrás y lograron convertir sus canciones en dardos de amor que se clavaban en el alma de la mujer amada.
Era una manera de trovar a lo moderno, a lo espontáneo, a lo que les salía del alma y del corazón.
Todo comenzó en el Callejón de Hammel, que era la cueva del filin, un movimiento que significó más allá del sentimiento, de la voz inglesa feeling, que ellos tradujeron al español perfecto de la afectividad hermosa que los consumía. Era una manera de trovar a lo moderno, a lo espontáneo, a lo que les salía del alma y del corazón. José Antonio Méndez fue uno de esos bardos que nos enseñaron esas canciones del alma y para el alma. Hay boleros que la sacuden, boleros de entrega total, de amor perenne, tanto que a veces desbordan los tiempos humanos. De esos, el de José Antonio, La gloria eres tú, que a mí particularmente me parte el corazón, es la merma. Es como querer decir que no hay obstáculo alguno, ni la muerte misma para vencer el delirio de amar, el delito de amar a una mujer más que a uno mismo. El entender de una vez por todas, que el amor existe así hayamos pasado la vida de quimera en quimera. Entender que por fin amar a una mujer es una manera de sublimar la vida y hasta la muerte misma, sino José Antonio, dígalo ahí: “Dios dice que la gloria está en el cielo/ Que es de los mortales el consuelo al morir/ Bendito Dios/ No necesito ir al cielo tissue/ Si alma mía/ La gloria eres tú”.
Pero César Portillo de La Luz, andaba buscando guayabas también. En una entrega anterior recordaba sus obras más conocidas Contigo en la distancia y Tú mi delirio, Conversando con Orlando Castellanos decía Portillo: “La historia de Contigo en la distancia es la de una de mis grandes pasiones. De no haber sido así creo que no la habría podido componer. Con esta canción aprendí que la veracidad del tema en una canción pasa de ser algo meramente de interés artístico a ser la expresión exaltada de una vivencia que, como realidad humana, puede sostenerse en el tiempo por generaciones”. Le cuenta también que tenía veinticuatro años cuando la escribió y por supuesto que hubo un gran amor de por medio. Creo haber leído que fue dedicada a su primera esposa, pero no tengo la certeza en este instante.
Pero donde sueltan los caballos otra vez, fue con los versos de Tu, mi delirio: Si pudiera expresarte como es inmenso/ En el fondo de mi corazón mi amor por ti/ Este amor delirante que abraza mi alma/ Es pasión que atormenta mi corazón. Tú, mi delirio, ya lo he dicho muchas veces, y por eso exalto las reliquias de los hermanos Palmieri, Charli con Cesta All Stars en 1963, en voz de Willie Torres en el inglés y luego la voz española del grande Cheo Feliciano. Y por si fuera poco el Delirio de Eddie Palmieri y su orquesta, cantando Ismael Quintana del album Champagne el año 69. Pero hay una versión que hizo en el cabaret Tropicana en La Habana, donde lo cantó con una muchacha llamada Tania, con vozarrón que pa' qué te cuento, estando presente su compositor Portillo de la Luz, a quien dio gracias inmensas por haberla parido. “Siempre tú estás conmigo en mi tristeza/ Estás en mi alegría y en mi sufrir/ Porque en ti se encierra toda mi vida/ Si no estoy contigo mi bien, no soy feliz”.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui
