«Yo sí estaba en onda, pero luego cambiaron la onda.
Ahora la onda que tengo no es onda.
Y la onda de onda me parece muy mala onda.
¡Y te va a pasar a ti!»
Abraham Simpson (Personaje ficticio de animación)
04/09/26. Confieso que la primera vez que vi un video de una batalla de aura me reí y me dio “cringe”, como dicen ahora los chamos y las chamas para referirse a la expresión “pena ajena”. Sin embargo, en un análisis introspectivo recordé mis propias “boberías” juveniles y las comparé con esas poses que vi en las redes sociales.
Farmear aura es una tendencia... La acción se entiende como la acumulación de puntos de carisma, presencia y estilo. Viene del lenguaje de los videojuegos, donde farmear es repetir un emote (pose o gesto) para sumar puntuación.
Pasaron por mi mente las batallas de freestyle, la generación roquera y punketa con sus peinados y vestimenta bien llamativas, la generación de los afros. O más cercana a los millennials, aquellos que vestían grandes zapatos; en el caso de las chicas pantalones a la cadera y blusas sobre el ombligo caminando como Britney Spears o aparentando ser la “niña mala” como Avril Lavigne; mientras que los varones con los pantalones tan abajo, mostraban la ropa interior y en su caso, imitando a Fred Durst de Limp Bizkit o a Snoop Dog (situaciones que generan risa). ¿Quién se acuerda de los emos? Aquellas batallas entre emos, punketos y metaleros, dando cringe.
Ahora, el mewing y el famoso “6-7” (six-seven) que las juventudes repiten en las redes sociales, son la onda. Lo que llaman farmeo de aura es la nueva onda o tendencia para los y las jóvenes que pertenecen a las generaciones Z (nacidos entre 1997 y 2012) y Alfa (nacidos entre 2010 y 2025).
El farmeo de aura
Primero, repasemos conceptos. Farmear aura es una tendencia que se originó en Estados Unidos en el año 2024. La acción se entiende como la acumulación de puntos de carisma, presencia y estilo. Viene del lenguaje de los videojuegos, donde farmear es repetir un emote (pose o gesto) para sumar puntuación.
En las calles de América Latina se popularizó en el segundo semestre de 2026. Ahora, se les ve en plazas y otros espacios públicos a las juventudes enfrentándose en duelos sin contacto físico. Sólo bastan una pose, una mirada, un gesto. El público aplaude. Gana quien más “aura” proyecta.
La trampa de comparar
La tentación de los adultos es ridiculizar, humillar, incluso, amenazar violentamente a chicos y chicas que tienen entre once y veinte años de edad, lo cual me parece absurdo. En este caso, el periodista Franco Vielma, en un texto que publicó en sus redes sociales, pone el dedo en la llaga: “Reírnos es una cosa, pretender ridiculizarlos y desestimarlos es otra”.
Estudios recientes de la agencia Wavemaker en Reino Unido, confirman que las generaciones Z y Alfa son menos violentas, cometen menos delitos, beben menos alcohol y consumen menos drogas que los millennials o los boomers.
Según datos de firmas encuestadoras como Insight, en Venezuela, la Generación Z en el país registra el mayor porcentaje de personas que afirman “nunca” consumir alcohol en comparación con generaciones mayores, priorizando un estilo de vida más moderado u ocasional.
Una generación que creció encerrada
¿Por qué estos chamos y chamas son diferentes? Porque crecieron encerrados. La pandemia del covid 19 llegó justo cuando estaban en plena niñez o en su adolescencia. Una etapa de alta vulnerabilidad psicológica donde el contacto con los pares es clave para desarrollar personalidad, carácter, etcétera. La pandemia los aisló físicamente y les robó la posibilidad de aprender a socializar, de compartir, de manifestarse de forma espontánea y pasar pena sin pararle al sistema.
Mendoza Méndez, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, explica que los algoritmos no son neutrales: “Observan lo que buscamos, cuánto tiempo vemos un video o qué contenido comentamos, y con base en eso nos muestran más de lo mismo”. Una chica que busca contenido sobre su cuerpo puede terminar atrapada en un bucle de videos sobre trastornos alimentarios. El algoritmo identifica vulnerabilidades y las explota para mantenernos enganchados.
En el caso de las juventudes es la distancia de sus pares.
La plaza como territorio
Lo paradójico y hermoso del asunto es que los chicos y las chicas que farmean aura están usando la lógica del algoritmo para salir de las pantallas y encontrarse en el mundo real. Estos encuentros en plazas y parques son una apropiación del espacio público, una forma de crear comunidades de artistas, de otakus, de tareas, de ir al cine, clubes de lectura, y más.
Especialistas documentaron que la espontaneidad es un factor clave en el bienestar emocional de los y las adolescentes, así como en el desarrollo de su identidad. La espontaneidad media significativamente la relación entre la autoeficacia y el malestar psicológico en jóvenes.
Dicho de otro modo, salir, improvisar, exponerse frente a sus iguales, incluso haciendo poses ridículas, es una herramienta de salud mental que los farmeadores están reclamando sin saberlo.
¿Renuncia de lo digital?
La antropóloga española Candela Antón en su cuenta de Instagram, señaló que no podría catalogar a las batallas de aura como una “renuncia real de lo digital”. Aunque si bien la tendencia salió de las pantallas de TikTok al mundo real en la búsqueda de contacto, sigue alimentando el algoritmo. La especialista alega que puede tratarse como “una fuga de lo digital”, pero no una salida total de las pantallas.
Mizuki Ito, antropóloga cultural, señala que para aquellos que nacieron en la era del Internet lo digital y la calle no son mundos diferentes. En ese sentido, en una batalla de aura alguien graba, sube el video a las redes sociales y alimenta y fortalece el algortimo.
¿Validación?
Como en todas las modas y tendencias que han influido en las generaciones anteriores, el farmeo de aura, al estar vinculado con el estilo y la puntuación de este, se puede convertir en un arma de doble filo. Desde la psicología del desarrollo, la búsqueda de aceptación y pertenencia es clave en la juventud y la opinión de los pares se vuelve central.
La American Psychological Association advirtió que las redes sociales potencian la comparación social y la retroalimentación constante, lo que puede influir en el bienestar emocional.
En consecuencia, es deber de padres, madres y representantes conversar con los hijos y las hijas sobre su autenticidad y estilo, fortaleciendo su autoestima. Y vigilar que, en la práctica de cualquier moda, no se vea afectada.
¿Y nosotros?
Como explicó Vielma farmear aura puede ser visto como “un acto de resistencia... contra el encierro que la pandemia les impuso, contra el algoritmo que los encierra en burbujas de contenido, contra el mundo adulto que les ha heredado un planeta hecho verga y un capitalismo que no les ofrece futuro”.
Esa espontaneidad de chamos y chamas, ese no “hacerle caso” a la gente que le da cringe, hace a estas personas antisistema. Aquello que debe ser lo normal lo echan a un lado, pierden la verguenza y forjan su identidad.
Julia Borbolla, psicóloga especializada en niños, niñas y adolescentes reconocida en México, aborda la importancia de la espontaneidad y de mantener “viva esa chispa” de la etapa adolescente en la vida adulta. Sugiere que nos atrevamos a experimentar y sin tantas ataduras y ver a otros y otras disfrutar y ser felices mientras no hagan daño a nadie, no debería generarnos molestia.
Aunque nos cueste aceptarlo, quienes crecieron en una Caracas donde mataban por un par de zapatos, con miedo a la recluta, que los señalaran de ser delincuentes por su vestimenta, le llamaran “sinverguenza” por mostrar el ombligo o acusados de ser “comegatos” por su gusto por el rock, deberían estar satisfechos de que las nuevas generaciones vivan la espontaneidad, el encuentro, la amistad y habiten la ciudad en señal de que está sana.
Post data: No te restes aura criticando a unos chamitos y a unas chamitas. Pelea con gente grande: tenemos cosas más importantes que criticar. Por ejemplo, el sionismo israelí sigue asesinando niños y niñas en Palestina.
Y con este texto, tengo +1000 de aura.
POR SARAH ESPINOZA MÁRQUEZ • @sarah.spnz
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