25/09/26. A Elena Burke le seguí la pista desde que la conocí en 1988 u 89, tal vez y así hasta su partida el 9 de junio de 2002, e inclusive hasta nuestros días porque siempre ando escribiendo, sea para la radio, como para esta columna Boleros que curan el alma, que lleva rato en la saga del bolero cubano desde los grandes de La Trova, hasta ahora que llevamos algunos meses con el filin, y después de César Portillo y José Antonio Méndez, les toca a Elena y Omara, a quien también me encanta seguir, pero ya tiene un tiempito retirada, pero siempre tendremos algo para hablar de estas grandes mujeres.
La conocí hace muchos años y convivimos por meses... uno descubría que no únicamente cantaba, sino que acercaba al sentimiento del compositor, el filin, como lo llamaban los cubanos.
Yo solo vi una vez a Elena, en realidad más, porque la conocí una vez en un cabaret, creo que Cabaret Parisien del hotel Nacional, y al día siguiente en su casa, conversando un par de horas, o exactamente el tiempo en que nos bebimos una botella de Ron Paticruzao, yo no recuerdo bien pero seguramente que hubo otra porque presumo que pasamos más de tres horas conversando. Pero es que Elena era tan dicharachera, sencilla, reilona, y esencialmente grata. Lo mejor de los cuentos fue cuando la mandaron a la farmacia a comprar un remedio, para un familiar enfermo, y , pasó por su barrio una comparsa de Carnaval con una orquesta de sones y se fue tras ellas hasta que retornaron a su barrio y el día siguiente. Tenía nueve años.
Miento. Lo del día siguiente fue la primera vez que se reunió con la gente del filin, con Portillo, José Antonio y aquel pocotón de hombres, en el Callejón de Hamel, que esa vez si llegó a las seis de la mañana. Lo de la comparsa fue hasta las cuatro de la madrugada, pero igual le salió regaño en ambas ocasiones. Más grandecita, pero muchachita al fin, junto a Ela Calvo y Omara Portuondo se hicieron asiduas al Callejón de Hammel en casa de Angelito Díaz, donde ocurrían las tenidas del filin con José Antonio Méndez y el sargento "Mala Cara", como le decía cariñosamente a César Portillo de La Luz. Por ahí creo haber leído un cuento de Melón, que junto con Elena hacían "sesiones de bohemia, nos tomábamos unos tragos. En las mañanas nos íbamos a desayunar al Sanborns y a comer menudo en la calle de Mosqueta, donde ponían los diferentes tamaños de platos de pancita con el precio y la servían con unas tortillas del tamaño del comal; Elena disfrutaba mucho eso".
En su mismo velorio, el sonero Luis Ángel Silva Melón precisó: "La conocí hace muchos años y convivimos por meses en el Astoria, en la calle de Nuevo León, de la Condesa, en el DF; ella vino con el cuarteto de Facundo Rivero, en el año de 1953 para ser preciso. Desde que comenzó, uno descubría que no únicamente cantaba, sino que acercaba al sentimiento del compositor, el filin, como lo llamaban los cubanos. La recuerdo particularmente por la canción Ay José”.
Mas allá de sus primeros pininos en el programa de concursos La Corte Suprema del arte, por donde pasaron casi todos ellos, de Benny Moré para abajo, vinieron el Cuarteto La Rosa y Facundo Rivero. Cuando le pregunté: ¿Cuéntanos sobre El Quinteto La Rosa?... “Ese es un quinteto para mí muy querido, no solo como músicos, sino por otras cosas. Con ellos incursioné también con Omara Portuondo, con quien la vida me ha mantenido muy ligada, pero siguiendo con el Quinteto, quiero decirte que uno de los compositores más grandes que ha tenido Cuba se llama Orlando La Rosa, y te advierto que yo he tenido cualquier cantidad de acompañantes que lo han hecho muy bien, lo mismo en piano que en guitarra, pero yo creo que quien más ha sabido lo que yo quiero hacer, antes de hacerlo, cuando necesito un acorde, ese fue Orlando de La Rosa… murió muy joven, de treinta y pico de años en la plenitud de su vida. Era un pianista maravilloso".
¿Y Facundo Rivero?
"Facundo se metió en el medio. Cuando yo estaba con Orlando, Facundo estaba en México y me mandó un telegrama diciéndome que por favor si yo podía sustituir a una de las cantantes que se le había casado. Entonces yo le dije a Orlando: “Mira esto es cosa de dos o tres meses, si tú me das permiso yo voy, pero no quiero dejar de pertenecer al Quinteto.
Así fue Elena. El otro episodio mayor fue El Cuarteto de Aida.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui
