TÍTULO COMPLETO: Ismael Querales: El eco eterno de la bandola que nos hizo “Un Solo Pueblo”
SUMARIO COMPLETO: …Al dignificar la música popular, el maestro Querales demostró que nuestros instrumentos tradicionales poseen la misma sofisticación y relevancia que cualquier instrumento de la música académica…
…No se limitó a repetir lo conocido; expandió los límites del instrumento explorando géneros contemporáneos, demostrando que la tradición es un organismo vivo que respira y evoluciona…
Hay hombres que no sólo caminan su tierra, sino que la escuchan, la descifran y la convierten en una melodía eterna. José Ismael Querales fue uno de esos seres excepcionales. Nacido en Caracas un 17 de junio del año 1953, este virtuoso artista creció rodeado de un entorno profundamente artístico, siendo hijo del célebre deportista y músico Teo Capriles y a su vez, alumno predilecto y amigo del maestro Vicente Emilio Sojo. Esa cercanía temprana con las expresiones más puras de la identidad nacional encendió en él una chispa que brillaría por más de cinco décadas.
Querales, no fue un músico común. Se consagró como compositor, arreglista, cantante e incansable investigador del folclor nacional, ganándose con creces el Premio Nacional de Cultura. Su vida fue un viaje de regreso al origen, una travesía para rescatar del olvido los sonidos que definen el alma del venezolano y devolverlos al mundo con un brillo renovado y contagioso.
El guardián de las cuerdas doradas
Si un instrumento define la pasión y el virtuosismo de Ismael Querales, ese es, sin duda, la bandola venezolana. Con paciencia de artesano y el oído de un genio, el maestro perfeccionó la ejecución de sus distintas variantes regionales, dominando de forma magistral la bandola llanera, la central y la oriental.
Para Querales, las cuerdas de la bandola eran una extensión de su propio ser. Su técnica impecable lograba que el instrumento dialogara fluidamente con raíces ancestrales, emulando la mística del laúd, pero manteniendo la fuerza indómita del joropo y del merengue rucanero. No se limitó a repetir lo conocido; expandió los límites del instrumento explorando géneros contemporáneos como el jazz, demostrando que la tradición no es una pieza estática de museo, sino un organismo vivo que respira y evoluciona.
Un Solo Pueblo: la revolución cultural de los setenta
En la década de 1970, el panorama musical de Venezuela cambió para siempre gracias a una genialidad colectiva. Ismael Querales, junto a sus hermanos y un grupo de creadores visionarios, fundó la emblemática agrupación Un Solo Pueblo. Su propuesta era tan simple como revolucionaria: salir de los estudios de grabación modernos y adentrarse en los pueblos, caseríos y rincones más recónditos de la geografía nacional.
La labor de la agrupación consistió en recopilar de manera fidedigna los cantos, sones, parrandas y ritmos afrovenezolanos directamente de sus cultores originales. El resultado de este inmenso esfuerzo de investigación quedó plasmado en 25 producciones discográficas fundamentales. Gracias a este proyecto, el país entero redescubrió su propia música, logrando que manifestaciones que antes se consideraban locales o marginales se transformaran en himnos de unión nacional que unieron las fiestas tradicionales con la modernidad urbana.
Obras que laten en la memoria colectiva
La obra de Ismael Querales es vasta y sumamente diversa. Además de su trayectoria histórica en Un Solo Pueblo, formó parte de instituciones musicales de gran envergadura como la Orquesta Típica Nacional y la Canturía Popular Venezolana. Fundó también iniciativas brillantes como el grupo Pasacalle, Cántaro, Rucaneo del Mabil y La Banda de la Bandola, plataformas pensadas para dar visibilidad al talento y experimentar con nuevos formatos rítmicos.
Entre sus piezas y aportes más significativos destaca el desarrollo de la bandola como instrumento solista de concierto, abriendo camino con composiciones y ejecuciones memorables como la "Suite gallinácea" y "La Mañosera de Guama". Su discografía e investigaciones constituyen hoy en día una enciclopedia viva, un mapa fonográfico imprescindible para entender la rítmica, la poesía popular y los misterios de la herencia musical del país.
El sembrador de la juventud cultural del futuro
El valor más profundo de la labor de Ismael Querales no reside únicamente en la música que dejó grabada, sino en las semillas que sembró para las próximas generaciones. El maestro entendió perfectamente que el folclor muere si se guarda bajo llave, por lo que dedicó una parte fundamental de su vida a la docencia y a la transmisión generacional de sus conocimientos.
Para la juventud cultural del futuro venezolano, Querales representa un puente indestructible entre el pasado ancestral y las nuevas expresiones sonoras. Su ejemplo enseña a los jóvenes creadores que para innovar primero es necesario conocer las propias raíces. Al dignificar la música popular, demostró a los nuevos músicos que la bandola, el cuatro y los tambores tradicionales poseen la misma sofisticación y relevancia que cualquier instrumento de la música académica internacional, inspirando un profundo orgullo y un sentido de pertenencia inquebrantable.
Por qué su labor es un pilar imprescindible
Su reciente partida física deja un vacío inmenso, pero su obra permanece como un patrimonio eterno para la nación entera. La labor de Ismael Querales es sumamente importante porque salvaguardó la memoria histórica y la identidad sonora de Venezuela en tiempos de globalización acelerada. Sin su dedicación minuciosa a la investigación de campo, decenas de expresiones rítmicas criollas y afrodescendientes se habrían perdido irremediablemente en el tiempo.
Querales no sólo preservó música; resguardó el latido, la alegría y la dignidad de un pueblo entero. Su vida fue un testimonio de amor incondicional por lo nuestro, un recordatorio luminoso de que la verdadera riqueza de una sociedad se mide a través de la vitalidad de sus tradiciones. El repique de su bandola no se apaga; resuena con fuerza renovada en cada rincón del país, guiando los pasos de las nuevas generaciones que se atreven a soñar, cantar y crear con sello venezolano.
