02/10/26. Omara Portuondo compañera de carrera de Elena Burke en las D'Aida, dijo de Elena una vez: "Fue la mejor cantante de mi generación. Todo lo bueno que me ha pasado en la vida se lo debo a ella". Eran grandes amigas. Hay por cierto un tema que cantaba en el cuarteto con Elena y Moraima Secada. No es fácil escribir de Omara sin repetirme por tanto que he escrito de esta extraordinaria cantante. De lo que ya he dicho es que me contaba Elena que un día Aida le pidió que le buscara unas cantantes para conformar el cuarteto, creo recordar que Moraima Secada estaba ya en el grupo y buscó a las hermanas Portuondo, Omara y Haydée, para constituirse en 1952. De la que nunca he hablado es de Adelaida Diestro, aunque si he dicho que lo de Aida sin tilde, es por terminación de su nombre. Adelaida Diestro Rega nació en La Habana el 21 de diciembre de 1924. Estudió música con su padre, el pastor presbiteriano Vicente Diestro Camejo, y continuó sus estudios en un conservatorio privado. Se convirtió en directora del coro de la iglesia de su padre, lo que le enseñó mucho sobre armonía, conocimientos que le serían útiles más adelante. Aida aprendió más del músico y compositor Enrique González Mántici, y su guía desempeñó un papel decisivo en su futura carrera. Años después, declaró: «Mántici me dio la confianza para afrontar los prejuicios que las artistas femeninas sufrían en aquella época».
Omara Portuondo Peláez se convirtió en la mayor trasmisora del amor del planeta a través de sus boleros.
Los primeros compromisos profesionales de Diestro fueron como pianista en la radio, acompañando a artistas como César Portillo de la Luz y Tania Castellanos. Su gran momento llegó cuando, en 1952, formó el Cuarteto d'Aida, que se convirtió en uno de los grupos más famosos de su época.
Pero dejemos a Julio Cid, quien le pone literatura a su trayectoria, como si fuera novela: “Todo comenzó un día en el que Aidita tocaba el piano en un templo presbiteriano. La pequeña intérprete, hija del pastor, ni siquiera imaginaba que en la acera de la iglesia un hombre se detendría a escucharla con detenimiento; y que, pasados unos minutos, entraría al bello recinto para decirle algo que la marcaría para siempre: Tú eres una pianista, eres músico de la cabeza a los pies y debes dedicarte a esto profesionalmente. Te auguro muchos éxitos.
Aidita, sin embargo, quería ser científica, razón por la cual matriculó la carrera de Físico-Química en la Universidad de La Habana, la que abandonó en sus primeros meses, cuando decidió casarse. El matrimonio, por otra parte, no duró mucho y ella, finalmente, apostó por la música. Nunca olvidó a aquel extraño y su vaticinio.
Con los conocimientos musicales que su padre le aportó y los adquiridos en un pequeño conservatorio del barrio, la joven Aida se fue a la pujante emisora Mil Diez para intentar hacerse una profesional de la música. Allí la contrataron como repertorista y pianista acompañante; y entró en contacto con grandes figuras de la música cubana: Isolina Carrillo, Adolfo Guzmán, Enrique González Mántici, con quien confrontó muchos conceptos sobre armonía, materia en la cual sería luego una autoridad, entre otros.
Allí, además de conocer a algunos de los fundadores del filin como José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Ángel Díaz, Tania Castellanos, Orlando de la Rosa —quienes seguirían muy de cerca a la jovencísima música―, despejaría una importante incógnita: la identidad de aquel desconocido que a edad temprana la había incitado hacía el arte. Se trataba, nada más y nada menos, de Ñico Rojas, guitarrista y compositor de altísimo reconocimiento y uno de los líderes más respetados del filin”.
Omara Portuondo Peláez se convirtió en la mayor trasmisora del amor del planeta a través de sus boleros. Ella misma es una historia de amor en el mejor estilo de las telenovelas del continente. Su madre Esperanza Peláez, pertenecía a una familia cubana de abolengo español y su familia aspiraba casarla con un buen partido de las familias de la sociedad, pero les salió rebelde la muchacha y se escapó con Bartolo Portuondo, el pelotero negro que amaba, un buen jugador de béisbol del equipo nacional. Procrearon tres hijas y en su casa podría no haber dinero, pero si había una cocina alegre, donde sus padres se la pasaban cantando. En ese tiempo Bartolo le enseñó el bolero Veinte años, a su hija Omara.
Él, pelotero de color negro y ella, una blanca chica de la sociedad, y más pudo el amor y el sentimiento, como decía el otro, que la blanca sociedad. En el documental Omara, –nos enteramos por su director Fernando Pérez-, que su papá era el hijo de la criada en casa de los Peláez, donde habitaba su madre Esperanza, que por entonces era una niña cuando se conocieron. Ya jovencita, la mandan de viaje para tratar de quitarle la ilusión, en la trama le escribe una esquela: “Amor mío, me han amenazado con quitarme la herencia, pero no importa, he decidido volver”. De los recuerdos de su hermosa infancia destacan los de sus padres cantando mientras recogían la mesa y lavaban los platos después de almuerzo, y la vez que la mandaron a comprar pan y se entretuvo, al igual que Elena con aquella comparsa de Carnaval, hasta el anochecer en una rumba de cajón. La respuesta comprensiva de su madre, Esperanza Peláez fue: la próxima vez vienes, y me avisas, que me voy contigo.
En Loquibambia Swing, el grupo de José Antonio Méndez, participó una carajita de quince años tal vez, Omara Brown, era el germen de Omara Portuondo, cantando como Sarah Vaughan, Maxine Sullivan o Ella Fitzgerald. Después vino lo D’Aida, y toda una larga trayectoria. Ya ella venía de las grandes ligas del Tropicana y de sus giras internacionales. "Conocí a Édith Piaf, estuvimos en el mismo espectáculo; a Nat King Cole, Libertad Lamarque, María Félix, Pedro Vargas, Agustín Lara, Niní Marshall, Josephine Baker, Chico Buarque, Maria Bethânia y Caetano Veloso". A ellos se sumaron "magníficos" exponentes nacionales como Ernesto Lecuona, Bola de Nieve, Rita Montaner o Benny Moré.
Los más relevante fueron sus giras por una buena parte del mundo, hasta el fenómeno musical de Buena Vista Social Club. La manera como ella se integró al grupo, ya lo he publicado, pero dejemos que la propia cantante eche su cuento. Omara cuenta que: "Nick Gold, dueño de una compañía de discos World Circuit invita a Ibrahim Ferrer, a Compay Segundo, Eliades Ochoa, y cuando empiezan a grabar con su jazz band en el estudio de Egrem, se plantean buscar una intérprete cubana, —yo me entero de eso después-, no acababan de encontrar la persona, y yo estaba poniéndole voz a un disco en el mismo edificio, y me pidieron que subiera a grabar con ellos. Era un 'ven tu' y me sumé. Bueno voy a cantar Veinte años, y dice Compay Segundo yo te hago la segunda”, y ahí empezó la magia con Buena Vista Social Club, con la misma habanera que le enseñó su padre cuando era niña.
En 2024 cantando en un teatro se llevó un sustico de salud y decidió hacerle caso a su hijo Ariel Jiménez, que venía insistiendo en que se retirara, pero nada que le hacía caso, ella quería seguir cantando, hasta que por fin se convenció que había llegado la hora.
El 29 de octubre cumplirá 96 años.

POR HUMBERTO MÁRQUEZ • @rumbertomarquez
ILUSTRACIÓN JUSTO BLANCO • @justoblancorui
